• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

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Eli Bravo

Tejiendo sin parar

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Inspirulina

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Hay frases que sirven para explicarme ciertas cosas. Una de ellas me la crucé hace más de 20 años en un museo de Malaca. Tallada sobre piedra, cuentan que era una de las favoritas del sultán: “El mundo es una casa hecha por una araña”. Un leve temblor corrió por mi espalda al leerla y desde entonces sus múltiples interpretaciones me han acompañado, ligeras, ajustándose a la ocasión.

Por ejemplo, la semana pasada, cuando me topé en una calle de Madrid con un amigo del colegio. Teníamos más de 25 años sin vernos. Yo bajaba por Princesa tomado de la mano de mis hijas y él venía en sentido contrario. Afortunadamente me reconoció y tras darnos un fuerte abrazo me dijo que daba clases en uno de los edificios cercanos. “Vengo una vez por semana pero suelo caminar por la calle de atrás”, me dijo sorprendido. “Hoy de manera excepcional tomé este camino”.

La araña es así, le encanta tejer coincidencias.

Días después conversaba por teléfono con una querida amiga a la que no veo desde su inolvidable boda en Beirut hace casi una década. Hija de inmigrantes polacos, creció y estudió en Caracas para luego irse a vivir a Londres. Allí conoció a un arquitecto de origen libanés. Un par de años atrás se mudaron a la ciudad de Abu Dabi por un proyecto que fracasó a causa de los caprichos del jeque, asunto que llevó a la quiebra a la empresa de su esposo y los dejó desempleados. Ahora consideran ofertas en Catar y Hong Kong. ¿Cómo podíamos saber, cuando mirábamos el Ávila desde el apartamento de sus padres en Los Palos Grandes, esa maraña de ciudades que le esperaban?

Imposible adivinar los hilos del destino que tiende la araña noche tras noche.

Quizás los mismos hilos que me trajeron hasta la mesa donde escribo esta mañana en Lisboa. A través de la ventana puedo ver los tejados decrépitos de Baixa y el paso del tranvía hace vibrar el edificio entero. Esta es una ciudad hermosa, ajada por los años, que enamora como el fado que se canta al borde de la medianoche. De niño, en mi infantil ignorancia, Portugal era una tierra de la que llegaban panaderos y albañiles. Ahora comprendo que la riqueza de un pueblo supera cualquier estereotipo, y además, como terminé siendo inmigrante al igual que mis ancestros canarios y libaneses, entiendo que lo imprescindible lo llevamos encima.

De un tiempo acá la frase pareciera ser una profecía de la casa digital que nos ha tejido la araña. Si ves un mapa del entramado de las comunicaciones actuales resulta difícil imaginarse un mundo donde las noticias cruzaban el océano a vela. Ahora estamos todos enredados en lo instantáneo, como si esperar por algo fuera un sacrificio o una pérdida de tiempo. La vida en un clic.

Y por último está el significado que saltó a mi mente aquella tarde en Malasia cuando leí la frase por primera vez: el mundo como algo frágil y etéreo que se va tejiendo ante nuestros ojos. Aunque la verdad, esta es una interpretación que por metafórica está equivocada. Resulta ser que un hilo de telaraña es cinco veces más resistente que el acero del mismo diámetro. Además, el diseño que teje la araña es capaz de perder algunos hilos sin dañar la totalidad de la estructura, asunto que pocas obras de ingeniería humana son capaces de resistir.

¿En qué habrá estado pensando el sultán cuando ordenó tallar “el mundo es una casa hecha por una araña”?