• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

Al instante

Palabras de amor

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Pregunta a tu alrededor y probablemente encontrarás una historia de "las palabras de amor que nunca nos dijimos".

Puede ser la hija que jamás le dijo a su madre ya muerta cuánto la amaba, o el enamorado que prefirió ser platónico y ahora la ve en Facebook casada (con otro) y con hijos. O el amigo que por no lucir demasiado sensiblero nunca soltó lo que pasaba por su cabeza y ahora ya es tarde. ¿Te suena familiar? Apuesto incluso que tú, alguna vez, te has quedado con palabras de amor en la boca.

Como flores en la nevera, las palabras de amor que guardamos van perdiendo poco a poco su perfume hasta que no son ni sombra de lo que fueron. Lo sé, la frase es de bolero, y si quieres la acompañamos con un trago a la medianoche, el momento cuando llega la "exaltación de la amistad" en la borrachera o las confesiones con el bartender. Pero no hace falta una dosis de alcohol para abrir el pecho y hablar con desinhibición. Basta con pensar que el amor que sentimos en el momento merece ser compartido sin temor al rechazo o a lucir vulnerables.

Con frecuencia en las relaciones cercanas nos decimos de todo y asumimos el amor como asunto sobreentendido, como si fuera un acuerdo tácito, algo así como "no hace falta que te lo diga porque lo sabes y te lo demuestro". También puede ocurrir que el amor nos parezca secundario porque en ese instante lo relevante es otra cosa; o que haya menguado paulatinamente víctima de las fricciones cotidianas. En cualquier caso, con facilidad desplazamos el amor hacia la periferia y centramos la relación en otros sentimientos. Así pasan los días, perdemos de vista lo que nos une, y sobre todo, dejamos pasar la oportunidad de exteriorizar nuestros sentimientos.

Hasta que llega el momento de enfrentarnos a las palabras de amor nunca dichas. Porque no las dijimos en su momento.

Por ser escritor creo en el poder de la palabra.

Puede que una imagen diga más que mil de ellas y que un gesto resuma millones, pero eso no le resta poder. Decir lo que sentimos nos permite reforzar la experiencia aunque no siempre encontremos la palabra adecuada para hacerlo. Comunicar es una manera de traer al presente aquello que cruza nuestra mente y corazón, y en el caso del amor que sentimos por otros, es una forma de honrar el vínculo que nos une.

Así que no te guardes esas palabras de amor. Es mejor decirlas ahora y no callar para siempre.

El tema me vino a la mente al recordar una conversación de esas que saldan cuentas. Ocurrió hace más de una década. Una noche de fiesta una mujer de la que estuve completamente enamorado en mi primera juventud me confesó que en aquel entonces había sentido un profundo amor por mí.

"¿Cómo es posible?, tú nunca me lo dijiste", fue mi reacción.

"Tú tampoco lo hiciste", fue su respuesta.

Quizás se nos veía en los ojos, pero jamás le pusimos nombre. Hoy en día aquel amor romántico ha transmutado en una amistad a la distancia, así que todavía vive, sólo que con otro nombre.

Porque sucede que el amor tiene muchos rostros y en su círculo podemos abrazar a muchas personas.

Aprovecha la oportunidad para decirle a quien quieres, cuánto lo quieres. Además, verás que la palabra en tu boca viene acompañada de un sentimiento agradable. Similar al que llega cuando esa palabra se posa en la oreja.