• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

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Inspirulina
El encanto de una buena historia

Inspirulina: El encanto de una buena historia

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“¿De dónde sacas las historias que nos cuentas?”, me preguntaba mi hija Andrea hace unos días. Se refería al cuento inventado que le ofrezco como un somnífero tras apagar las luces de la habitación. Su pregunta se emparenta con otra que me hacen los lectores: de dónde saco temas para escribir cada semana. En ambos casos la respuesta me resulta evidente. Están allí, flotando en el aire. Yo simplemente los atajo.

El universo está hecho de historias, no de átomos, escribió el poeta Muriel Rukeyser. Historias que vibran ante nuestras narices y podemos observar con solo abrir los sentidos. Si te fijas bien pasamos los días buscándolas, por lo general, en un outsourcing que extiende nuestro alcance natural: Internet, redes sociales, radio y televisión, chismes de oficina, noticias. De una u otra forma vivimos pescando historias grandes y pequeñas. De ellas nos interesan los contenidos, pero, sobre todo, la narrativa (especialmente si hay drama), mientras que los datos duros resultan meros accesorios, pues como se ha comprobado una buena historia vale más que mil gráficos y estadísticas.

Buenas historias hay en cada esquina, pero como solemos ir demasiado rápido por la vida nos perdemos la mayoría de ellas. Bastaría una pausa y una dosis de curiosidad para encontrarlas y hacer un libro.

Recuerdo que en Choroní había un salvavidas a quien apodaban Conejo. Pasaba el día observando el mar y los bañistas. Cuando le preguntabas en qué andaba, él respondía con una sonrisa: “Aquí, escribiendo”. Jamás leí una línea de Conejo; sin embargo, seguramente almacenó una biblioteca en su cabeza.

Todas las historias encajan en estructuras predeterminadas. El escritor norteamericano Kurt Vonnegut decía que la historia más popular en Occidente era la del héroe que conseguía lo que soñaba pese a los obstáculos. Él las llamaba Boy Gets Girl (el chico se queda con la chica). No importa que esta historia se nos presente una y otra vez con diferentes personajes, igual nos encanta. Hollywood es el epítome de este reciclaje donde varían los actores, los efectos y la ambientación, mas la estructura suele ser la misma.

Una de las maravillas de la tecnología es que nos permite compartir nuestras historias con facilidad. Ya no se trata de escribirlas, ahora también  están las imágenes. Cada minuto se suben 100 horas de video a YouTube y diariamente 40 millones de fotos son cargadas a  Instagram (mientras que solo dos millones de artículos se suben a Internet). Detrás de cada imagen hay una persona con ganas de contar algo.

La humanidad tiene miles de años contando historias y algo que está más que claro: si queremos conectar con el público debemos saber contar un cuento que emocione. En caso contrario podemos matar a la audiencia de aburrimiento. ¿Y dónde se encuentran estas historias? Comienza por tus experiencias y las de la gente que te rodea.

Ahora que mis hijas están más grandes, el cuento inventado de las noches se ha convertido en una creación colectiva. Ya no soy el único narrador, pues cada una le agrega algún giro o un personaje a medida que avanza. El asunto termina siendo muy divertido, no hay duda, pero cuando es tarde y quisiera estar durmiendo (o leyendo), le pongo final a la sesión creativa dándoles un beso en la frente.

Con ese beso les digo que tienen sus propias historias y que no hay nada mejor que vivir para contarlas.