• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

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Inspirulina
Una pregunta realmente inteligente

Inspirulina - Una pregunta realmente inteligente

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En muchas ocasiones una pregunta encierra problemas de fondo. Por ejemplo, ante un suceso desafortunado o una situación incómoda es posible reaccionar con un ¿por qué a mí?, o pensarlo mejor y elegir un ¿para qué me sirve esto? La primera pregunta abre la puerta a las culpabilidades, victimizaciones y lamentos. La segunda conduce a la reflexión, el conocimiento de nosotros mismos y el descubrimiento de oportunidades.

Es así, las preguntas importan y a veces más importante que tener la respuesta perfecta es hacer la pregunta correcta. De eso está convencido Jonathan Mooney. Disléxico y con un diagnóstico de déficit de atención, Mooney fue un alumno “problemático” que, según los test escolares y algunos profesores, jamás sería capaz de leer o escribir con propiedad. Con el paso de los años se encargó de demostrarles cuán equivocados estaban. Hoy es autor de dos best-sellers sobre nuevos paradigmas educativos y una de las figuras más respetadas en los EE. UU. en todo lo relacionado a la educación para alumnos con “discapacidades intelectuales”.

Las comillas son ex profeso porque las discapacidades suelen estar en nuestros prejuicios y no existe tal cosa como la normalidad. A fin de cuentas, cada ser humano llega a este mundo con sus complejidades y su modo peculiar de actuar. Lo que llamamos normal es el común denominador de una mayoría, pero de ninguna forma significa que son “anormales” todos aquellos que caen fuera del estándar establecido.

La experiencia le ha demostrado a Mooney que nada discapacita más que las actitudes que tenemos frente a ellas. Basta una etiqueta cargada de significados negativos para que una persona y su entorno conviertan una condición física o mental en un problema insalvable. Las historias que nos cuentan (y nos contamos a nosotros mismos) marcan nuestra forma de entender el mundo.

Dígale a un niño que es tonto, que lo repitan sus amigos y profesores, y en unas cuantas semanas el chico lo dará como un hecho.

Tuve la oportunidad de escuchar a Mooney recientemente. Fue una conferencia emotiva y reveladora. Uno de los momentos que capturó mi atención fue cuando dijo que al hablar de inteligencia solemos hacernos la pregunta equivocada. “Preguntarnos si somos inteligentes no tiene mayor sentido porque todos lo somos, cada quien a su manera. La pregunta adecuada es ¿para qué soy inteligente?”. Mooney ha comprobado que si una persona conoce sus talentos, recibe el apoyo necesario y cuenta con las herramientas y tecnología que le permitan expresar su potencial, las aparentes limitaciones se convierten en fortalezas.

Él es parte de un movimiento global que está cambiando la educación y nuestra forma de entender las condiciones físicas y mentales. Hasta hace unas décadas los niños con problemas de aprendizaje eran relegados por el sistema educativo y su futuro se veía truncado. Hoy en día el panorama comienza a ser otro: cada vez más se reconoce el potencial que tienen estos niños y se elaboran estrategias para que sus talentos brillen poniendo sus inteligencias en acción, con toda su riqueza, peculiaridades y energía.

Dile a un niño que es capaz de hacer grandes cosas, que sus amigos y profesores le aseguren que puede lograr sus metas, y en poco tiempo tendrás un ser humano enrumbado a una vida más completa y satisfactoria.