• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

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Inspirulina: Escuchar por dentro y por fuera

Llevar tu atención al cuerpo y la mente significa reconocer lo que sucede dentro de ti mientras hablas y escuchas / Ilustración: Alejandro Ovalles | jaoc28@yahoo.com

Llevar tu atención al cuerpo y la mente significa reconocer lo que sucede dentro de ti mientras hablas y escuchas / Ilustración: Alejandro Ovalles | jaoc28@yahoo.com

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Para comenzar, una pregunta: si deseas entablar conexión y empatía con otra persona al conversar, ¿debes poner toda tu atención en ella? La respuesta automática sería "por supuesto", ya que al concentrarnos en nuestro interlocutor, entenderemos mejor sus palabras e ideas. Pero ¿qué pasaría si dedicas solo 50% de tu atención a esa persona?

Aunque parezca a contracorriente, el resultado será que entenderás el doble y ya verás por qué.

Pero ¿qué hacer con la otra mitad? Sencillo: la dedicas a sentir tu cuerpo y las reacciones o pensamientos que surgen mientras escuchas. De esta manera sintonizarás mejor con tu interlocutor y contigo mismo.

La comunicación es una dinámica más compleja que simplemente intercambiar palabras. Pensar que para tener una buena comunicación basta con decir lo que pensamos y escuchar con atención lo que nos dicen es una receta para cortocircuitos. La razón está en que con esto desconocemos mucho de lo que ocurre, porque una cosa es el proceso externo "que se ve y se escucha", es decir, el lenguaje corporal y las palabras que van y vienen, y otra es el proceso interno de interpretaciones que sucede en la mente. Aquí es donde intervienen las voces e ideas que brincan de un lado a otro en la cabeza mientras conversamos.

Seguramente te ha sucedido algo como esto: te encuentras en medio de una conversa complicada y la cabeza te da vueltas con las respuestas que quieres soltar, el pecho se te acelera por la emoción y no puedes contener las reacciones. Pongamos un caso distinto: digamos una conversación romántica en la que sientes mariposas, se desatan las fantasías y las hormonas entran en ebullición. Como verás, en ambas situaciones existen sensaciones, emociones y reacciones que acompañan la conversación pero que no necesariamente llegan a convertirse en palabras. Estar conscientes de ellas y entender su lugar en la conversación es tan importante como las palabras que emitimos. A fin de cuentas, lo que decimos y escuchamos pasa por el filtro de nuestros procesos internos.

Cuando digo que al conversar pongas la mitad de tu atención en tu cuerpo y mente, no lo hago para que te pierdas en un laberinto de palpitaciones o ideas. De ninguna forma. Por ese camino te distraes y a los 30 segundos perderás el hilo. "¿De qué me estabas hablando?", podrían ser tus siguientes palabras.

Llevar tu atención al cuerpo y la mente significa reconocer lo que sucede dentro de ti mientras hablas y escuchas. Es sintonizar con el nivel interno de la conversación. Así, podrás sentir el efecto que tiene en ti y, más importante aún, identificar el momento en que tus juicios, creencias, prejuicios o ataques emocionales descarrilan el proceso.

Para no ponerme muy teórico, un ejemplo: cuando tengo una discusión familiar sé que existe un fusible que me permite mantener la ecuanimidad y la calma. Si logro estar presente y atento a la mente y el cuerpo, puedo sentir cuando el fusible se recarga e intento bajar la intensidad. Son los momentos en que respiro conscientemente, hago una pausa, reenmarco la conversación o me fijo el propósito explícito de no perder la cabeza. A veces funciona, a veces no. Si el fusible vuela en mil pedazos, el trabajo entonces es mantenerme consciente de lo que ocurre. "Ok, Eli, se quemó el fusible, de manera que procura tener cuidado para no decir demasiadas burradas".

A veces lo logro, otras veces no puedo. Esos son los días en que rebuzno a todo pulmón.