• Caracas (Venezuela)

Eli Bravo

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Comienza contigo

Inspirulina

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Paz es una de esas palabras que van con todo. Comer en paz, vivir en paz, déjame en paz o dame paz, Dios mío, porque esto no hay quien lo aguante. Pero ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de paz? Lo que para algunos es tranquilidad para otros es armonía o no violencia. O quietud, o comunión, o quizás un síntoma de la felicidad o una serenidad divina.

De cualquier manera, paz es una de esas palabras que resultan más claras cuando se experimentan. Todo lo demás es aproximación o malabarismo del lenguaje, y visto así, yo digo que paz es lo que sientes cuando tu corazón vibra en el amor.

Lo sé. Suena a frase hecha, tipo tarjeta Hallmark, y acá tienes otra: la verdadera paz comienza contigo y no la hallarás afuera si primero no la encuentras adentro. ¿Cómo?

Una forma de entender la paz es como una gracia divina. Cae del cielo cual bálsamo amoroso y arropa el corazón de los hombres. Otra forma de vivirla, mucho más terrenal, es construirla cada día con tus pensamientos y acciones. De cualquier modo, no se la pidas a nadie porque solo tú puedes brindártela. Si se la pides a Dios, entonces rogando y con el mazo dando: igual tienes que hacer tu parte.

La paz no surge por generación espontánea. Es un ejercicio de vida que transforma la palabra en verbo activo para dejar de ser un anhelo y convertirse en la experiencia misma del ser. Así, más que una segunda piel, se hace tu piel misma y llega más adentro, a tu esencia. No es solo estar en paz sino que la paz esté en ti, y a partir de allí conectarnos con los demás.

Todo esto podría lucir como una canción bobalicona en este mundo de guerras, inseguridades, injusticias y violencia. Un mundo contradictorio y complejo, como somos los humanos, donde pareciera que la paz es un deseo remojado en una tácita resignación de que no llegará, al menos no a la medida de nuestros deseos. Una palabra etérea que no suena igual en boca de políticos, niños o perseguidos.

¿Qué tal si en lugar de enfocarte en la paz mundial fijas tu atención en hacer las paces contigo? No podemos pedir paz cuando no la sentimos por dentro y todo comienza en el corazón, como dice el papa Francisco. Nadie tiene que decirte cómo se siente en un corazón en paz.

Lo que me trae de vuelta a las palabras.

Dedícale un tiempo a escuchar las palabras que usas para juzgarte a ti y a los otros. ¿Cuánta paz hay en ellas? Quizás sin darte cuenta llevas la batalla a cuestas y vas echando más leña al fuego. No se trata de ganarse una aureola de santurrones. Nuestra condición humana encierra semillas de paz y de violencia y nadie puede decir que viaja en una nube blanca todo el tiempo, pero sí tenemos una consciencia que nos otorga el poder de elegir un mejor camino.

Estoy convencido de que hemos avanzado mucho en este sentido y vivimos en un mundo que disfruta de una mayor paz. En serio, no me fumé una lumpia. Si miras hacia atrás verás que nuestra especie ha sido capaz de desarrollar un inmenso poder de creación y destrucción. Así como podemos llevar una sonda espacial a las lunas de Saturno, tenemos la capacidad de arrasar nuestro planeta con solo apretar un botón.

Y lo segundo no ha ocurrido porque cada día hay más seres humanos con una consciencia más clara de lo que significa experimentar la paz en un corazón vibrante de amor.

No es Hallmark. Es algo que está sucediendo y comienza contigo.