• Caracas (Venezuela)

Elena Irarrázaval

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En la estación de Frankfurt

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Hay agitación esa noche del 2 de octubre en la Hauptbahnhof de Frankfurt. Al otro día, la ciudad será escenario de las celebraciones oficiales de los 25 años de la reunificación alemana. Estará Angela Merkel y habrá un gran espectáculo de luces en el río Main.

En un andén lateral, el panorama es distinto. Decenas de refugiados bajan del tren y caminan en silencio a su bus. La policía observa de lejos y los voluntarios revisan listas de nombres. Sus rostros reflejan una tímida esperanza. Solo aquellos que demuestren ser víctimas de persecución podrán quedarse.

Las dudas sobre si Alemania podrá acoger a cerca de 1 millón de refugiados marcaron este aniversario. El gobierno es optimista; otros sectores, no tanto. “Nuestro corazón es grande, pero nuestras posibilidades, finitas”, dijo el presidente Gauck. Y Der Spiegel retrató con cierta sorna a Angela Merkel con el atuendo de Teresa de Calcuta.

Pocos recuerdan que la reunificación también estuvo marcada por la incertidumbre y la desconfianza. La idea de una Alemania unida era popular entre las personas, pero fue resistida por varios líderes europeos. “Me gusta tanto Alemania, que prefiero que haya dos” es una frase de entonces.

En la propia Alemania había dudas sobre cuán rápido debía ser el proceso. 2 millones de personas se desplazaron hacia el Oeste en busca de mejores condiciones, dejando ciudades pobres y deshabitadas. La generación en torno a los 50 años de la ex RDA sufrió especialmente. Las diferencias entre salarios, jubilaciones y cesantía del Este y el Oeste eran dolorosas.

Hoy 80% de los alemanes piensa que la reunificación ha sido exitosa. La economía mantiene su dinamismo y el país es pilar de la unidad europea.

“Más que reconstruir la economía, lo difícil fue derribar el muro mental. Hoy creo que Alemania es un país más unido que España y Bélgica”, expresa el ex alcalde de Berlín, Eberhard Diepgen.