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El capo en la pirámide

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Que hay corrupción en la FIFA es vox pópuli desde hace rato. Hasta en un viejo capítulo de Los Simpsons uno de los vicepresidentes ejecutivos de la entidad futbolera resultaba arrestado.

Nombres como Mohamed bin Hamman, Joao Havelange, Julio Grondona, Jack Warner, Chuck Blazer, Nicolás Leoz, Eugenio Figueredo y Jeffrey Webb, entre otros, han formado parte de una alineación histórica, muy cercana a su presidente, Joseph Blatter, apasionada por los dineros lícitos e ilícitos que produce el balompié mundial.

¿Cómo pueden altos funcionarios de la FIFA funcionar como una mafia, ser corruptos, realizar actos de soborno, asociarse para delinquir y conspirar para lavar dinero, sin que su presidente nunca, en casi 20 años, se entere? ¿O se entere cuando es ya demasiado tarde?

En sus descargos, Blatter culpa a los dirigentes que delinquen, como individuos, no como representantes de federaciones ni entidades. Para él, ellos actúan, aisladamente, movidos por su codicia. “Las comisiones de ética de la FIFA no pueden controlar a todo el mundo”, ha dicho. “Es el matrimonio de la televisión y del fútbol lo que ha producido esta explosión económica en la FIFA”, explica.

Blatter acepta responsabilidades en los escándalos, pero añade que el Comité Ejecutivo de la misma entidad es también responsable. “Yo propuse un órgano independiente que comprobase la moral e integridad de los miembros de las asociaciones y confederaciones aspirantes a cargos en la FIFA, pero la UEFA se opuso. Si hubiesen aceptado, la situación sería diferente”.

El suizo, de 79 años, dijo que él estaba en la cúspide de una pirámide, desde donde no podía enterarse ni mucho menos controlar lo que pasaba en la base: “Allá abajo no hay comités de ética. No soy responsable de la gente que entra”.

Blatter ha recibido de Estados Unidos y Europa las mayores críticas y denuncias. La UEFA, confederación de fútbol europea, no lo quiere en absoluto, aunque eso lo supo él desde antes de llegar al poder.