• Caracas (Venezuela)

Eduardo Vásquez

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La filosofía y sus límites

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Suele tomarse por filósofo el que adopta una actitud frente a los acontecimientos. Esto viene de los estoicos quienes recomendaban    mantenerse firme aunque el mundo se hundiera. Sin embargo, la filosofía no se reduce a lo anterior. La teoría tiene una gran importancia. Tenemos el idealismo, el empirismo, el materialismo, cada una de esas filosofías tiene su crítica. Por ejemplo, Hegel sentencia que el empirismo es una doctrina de servidumbre y esclavitud. El empirista es aquel que cree en la autoridad de los hechos y por eso se somete a ellos. Este es el Estado que existe, tiene que reconocerlo y someterse a sus instituciones. Según esta filosofía el criterio de verdad es el siguiente: la idea verdadera es la que está conforme a la cosa.

El idealismo le da un vuelco a esa concepción. Lo verdadero no consiste en someterse a lo existente, sino por lo contrario, hacer que lo existente se adecue a la idea, si tenemos frente a nosotros un mal Estado, uno que no reconoce los derechos humanos y toma medidas que producen hambre y escasez, este Estado existe, pero no es verdadero. Para nosotros el Estado verdadero  es aquel que realiza la libertad y la satisfacción de las necesidades humanas. Por tanto, nuestra actitud tiene que ser que lo existente se adecua a la idea. Un cosa es existir y otra ser verdadero. Y ello puede ocurrir todos los días. Tengo determinada situación, no gano lo suficiente, ni me agrada mi trabajo. Trataré de cambiar esto procurando lograr una nueva profesión. Valgo más de lo que soy ahora y no reconozco la autoridad de esa situación sobre mi persona. El idealismo es un poder y es el poder del pensamiento sobre los hechos. Kant es un empirista, cuando sostiene que no es lo mismo tener cien dólares en el pensamiento, que tenerlo en el bolsillo, admite que no hay manera de que lo pensado se convierta en realidad. Hegel arguye que ningún hombre es tan necio como el del ejemplo kantiano, pues si quiere los cien dólares trabaje para obtenerlos. El trabajo es lo que convierte lo ideal en realidad. La filosofía de Hegel se basa en lo anterior. La historia comienza con estados defectuosos, tiránicos, sin libertad. Pero lo hombres trabajan para su liberación. En la época de Hegel, estalló la Revolución Francesa y se promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Es la culminación de toda la historia, de la lucha de los hombres para hacerse igual a lo que ellos son, seres libres. Esa por eso que Marx dice de Hegel que la grandeza de este consiste en que el hombre es resultado de su propio trabajo. Digamos de paso que la historia, como progreso hacia la libertad, es producto de sucesivas negaciones, pero estas no arrasan con todo lo anterior, sino que a la vez conservan lo que había en ella de positivo, de realización, aunque fuera parcial, de la libertad humana.

Existen los que quieren empezar de cero, liquidar todo lo anterior, para construir el hombre nuevo, ello es desconocer la historia, como formadora del ser humano. La historia entiende cómo el trabajo de los seres humanos es el verdadero formador de los hombres. Estos no son productos de una sola voluntad sino de generaciones tras generaciones. Nuestra grandeza consiste en asimilar lo valioso del pasado. Nunca nos adaptamos totalmente a lo existente, si no que siempre buscamos lo que le falta para lograr una mejor libertad. Ese poder crítico es lo que entendemos por negatividad, la cual, como hemos dicho, puede ser absoluta o bien relativa. Es también lo que se entiende por perfectibilidad.