• Caracas (Venezuela)

Eduardo Vásquez

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Reflexiones sobre la razón

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La Revolución francesa produjo profundas transformaciones sociales. La antigua sociedad estaba regida por leyes que establecían privilegios. Estaba formada por la desigualdad, cuando se produce la revolución se establece una sociedad regida por la igualdad de los hombres regidos por el derecho. Es la salida del estado de la naturaleza. La lucha por el reconocimiento, mejor conocida por la dialéctica del amo y del esclavo, describe cómo se sale del estado de la naturaleza. Solo en ese estado es posible la relación amo-esclavo.

El desenlace de esa lucha es el fin de la esclavitud, y la entrada de los hombres en una sociedad regida por el derecho. Un derecho universal solo es posible donde hay igualdad. No se sale del estado de naturaleza por el contrato, como piensa Rousseau, pues este solo es posible donde los hombres se reconocen como iguales. El derecho universal, esto es, igual para todos, anula la desigualdades sociales. No reconoce diferencias esenciales entre los hombres. Algunos piensan que el derecho universal acaba con las diferencias. Sobre esto leemos a Hegel: “Pertenece a la cultura, al pensar como conciencia del individuo en la forma de la universalidad, el que yo sea concebido como persona universal en la que todos son idénticos. Así que el hombre vale porque él es hombre, no porque sea judío, católico, protestante, alemán, italiano etc.” (209,0 bs., 1 Fil. del der., traducción E. V.). Para Hegel, lo esencial del hombre es que es un ser pensante, tradicional, racional; un racista no puede admitir eso, pues para él lo esencial es el color de la piel o las características fisionómicas. Para los nazis lo esencial era la raza; los revolucionarios franceses percibieron el carácter revolucionario de la razón, contenido sobre todo en su universalidad. Por eso, instituyeron un culto a la razón. Ella hace iguales a los que Dios o la naturaleza hacen desiguales.

En mis polémicas contra los adversarios de la razón estos defendían el poder de lo irracional contra la razón. No cabe duda de que las pasiones, sobre todo las negativas, como el odio, el racismo, pueden derrotar, y lo han hecho, lo racional. Esto lo manejó muy bien Hitler contra los judíos; sin embargo, la razón es terca, y aunque su poder es débil sobre los hombres es astuta. Lo irracional es su tributo, lleva a los hombres a la catástrofe.

Y otra vez ese fue el caso del racismo, se cita mucho la frase de Goya: El sueño de la razón produce monstruos. Pero es lamentable que Goya no presenciara los monstruos que produce lo irracional.

Como la razón y sus determinaciones (causalidad, relación recíproca) son un poder sobre la naturaleza, su manipulación puede producir aberraciones. Pero la razón misma es un poder crítico que puede ejercerse sobre sí misma. En cuanto a astucia acudirán el amo y el esclavo. El uno tiene sometido al esclavo y sus acciones están dirigidas a afirmar la esclavitud. Pero esas acciones logran un efecto contrario, pues el esclavo aprende a dominarse, aprende a desprenderse de todo, y así adquiere todas las características de un hombre libre. En múltiples dominios puede hallarse esa astucia. Marx da el ejemplo de que si bien no podemos destrozar con los dientes o las manos materiales duros, utilizamos otros materiales para lograr nuestros fines. Alegrarse por el poder de lo irracional sobre la razón, alegrarse por el triunfo de lo no-humano, de lo que es propio de las bestias. Para el caso citamos estos versos de Goethe (Fausto primera parte, escena de Fausto y el discípulo): Desprecia el entendimiento y la ciencia // Que son del hombre los supremos dones // Se ha entregado a los brazos del demonio // y tiene necesariamente que perecer, (citado por Hegel en la Fenomenología, pág. 214).

Repitamos una vez más lo que dice Marx del capitalismo. Es la contradicción en movimiento, pues la base de la riqueza en el sistema capitalista es la fuerza del trabajo, pero el capitalista se esfuerza en reducir o eliminar esa fuerza de trabajo, sustituyéndolo por la maquinaria, la apropiación por la ciencia de los poderes de la naturaleza. El racionalista es un optimista, cree, como dice Descartes, que la razón es la cosa mejor repartida del mundo, pues todos se quejan de su falta de memoria, de muchas incapacidades, pero ninguno de su falta de razón. Y por eso los bienes de la razón pueden ser disfrutados por todos.