• Caracas (Venezuela)

Eduardo Vásquez

Al instante

Libertad y revolución

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Digamos, en primer lugar, que llamamos y consideramos como tal, revolución, un acontecimiento político que engendra una mayor libertad para los hombres. En ese sentido, nos parece que las únicas revoluciones verdaderas fueron la Revolución Francesa y la Revolución Americana. La revolución bolchevique no es tal pues lo que se instaló fue un sistema de opresión y despotismo como nunca antes había existido en la historia. El profesor Alfonso Aulard (1849-1928), profesor en la Sorbona y cuya obra fundamental es “Histoire politique de la Revolution française” resumió a ésta con una frase admirable: “la Revolución francesa es los derechos del hombre”. En los años de dominación del marxismo en la cultura europea predominaba un menosprecio del derecho en general y la condenación vehemente, irónica o científica de la noción burguesa de los derechos del hombre. En ello, eran fieles a la inspiración de su fundador quien criticó los derechos en La cuestión judía. En los Acuerdos de Helsinki se exige el respeto de los derechos del hombre. Ello sembró la mayor perturbación en los espíritus, ya que no se les consideraban formales destinados a encubrir un sistema de dominación sino que en ellos está contenido una lucha real contra la opresión (Articulo de Claude Lefort, publicado en el número 30 de Apuntes filosóficos, UCV 2007), traducido por Eduardo Vásquez. Los perseguidos, bajo cualquier sistema (nazis, stalinista, castristas, maduristas), al colocarse bajo el signo de los derechos del hombre, hacen patente que no se trata sólo de la persecución de los hombres por sus opiniones, condenados a no poder defenderse, sino que se trata de la oposición entre un modelo de sociedad totalitaria, cuyo blanco son los derechos del hombre, y un modelo que implica el reconocimiento de los derechos. La Revolución francesa no se trató sólo de un acontecimiento europeo, sino que pretendía valer universalmente, esto es, para todos los hombres. Esta categoría en la universalidad tuvo una gran repercusión en la filosofía y sobre todo en el idealismo alemán. Toda la Filosofía del derecho de Hegel está penetrada por esos derechos los cuales suponen la igualdad humana, la de los hombres despojados de todo lo inesencial que los hace desiguales (idioma, etnia, costumbres, etc.). Como ejemplo citaremos un texto de Hegel: “Pertenece a la cultura, al pensar como conciencia del individuo en la forma de la universalidad, el que yo sea concebido como persona universal, en la que todos son idénticos. Así, el hombre vale porque es hombre, no porque sea judío, católico, protestante, alemán, italiano. Esta conciencia, por la que el pensamiento vale, es de infinita importancia” (§ 209 Obs.). La mal llamada revolución chavista, como ya hemos dicho, no ha instaurado una mayor libertad. Y por eso no es una revolución, sino el sepulcro de ésta. Su grito de que va a profundizar la revolución, no significa que va a profundizar más aun las libertades, sino la represión y la destrucción de todos los derechos como ha hecho hasta ahora. Negar la universalidad, oponerle diferencias (arios, judíos, blanco, negro, indio, venezolano, colombiano) es preparar normas y leyes para consolidar las diferencias. J. de Maistre sostuvo, contra la universalidad, que él sólo había visto al chino, al inglés, al alemán, pero nunca había visto al hombre. Lo que significa que el poder de los sentidos es superior y vale más que el poder del pensamiento. El Estado nazi promulgó leyes para los judíos, leyes que eran diferentes a las promulgadas para los arios. La universalidad, que establece la igualdad, provoca el terror de los racistas. Esta universalidad propia de los Estados modernos y liberales apareció en la tabla de los derechos humanos de la Revolución francesa y de la norteamericana. En la Revolución francesa hubo varias declaraciones. La de 1793, establece que la soberanía reside en lo sucesivo en la universalidad de los ciudadanos (artículo 17), es decir, en la nación considerada en su unidad colectiva distinguida de sus miembros particulares. Ningún individuo, ninguna reunión parcial de ciudadanos (artículo 18) puede atribuirse el poder supremo y los poderes públicos necesariamente separados. Vemos sin mucho esfuerzo que Hugo Chávez fue violador constante de esa Declaración. El era el soberano, en él se concentraban los poderes públicos. Todo lo que había abolido la constitución de 1793 era restablecido por el Eterno. Fue un destructor del progreso en la historia, aplaudido y venerado por los que ignoran la historia. Allí entra no sólo el pueblo.