• Caracas (Venezuela)

Eduardo Semtei

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Eduardo Semtei

Los peligros de un torneo de radicales

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Todas las encuestas muestran signos favorables hacia el futuro. Y horrores en el presente.  Datanálisis, Keller, IVAD, Consultores 21. Bueno, hay una por allí, Hinterlaces, bajo la conducción del inefable cachorrito de Maduro, Oscar Schemel, que afirma sin vergüenza y con tupé que el gobierno sube y  sube en popularidad; que Diosdado es el dirigente político más simpático; la economía está creciendo; estamos alcanzando el pleno empleo; el petróleo está a punto de aumentar su precio hasta llegar a 200 dólares el barril; la inseguridad es una ilusión y una falsa sensación  y la gira internacional de Maduro fue la más exitosa de la historia, por cierto Schemel aprieta cada día más su veto a mi presencia en Globovisión. La tiene amurallada contra un grupo de venezolanos opositores. Y tiene la osadía de hablar de democracia, inclusión y libertad de expresión. Que descarado e inescrupuloso. 

Me imagino que estará preparando sus maletas para irse del país una vez cambie el gobierno. Ha dejado un largo camino sembrado de amigos traicionados, vetos, maniobras descubiertas, emboscadas, competencia desleal, en fin. Salvo esta excepción, todas las encuestas coinciden en: 1. Más de 85% de la población anda indignada, le atribuye a Maduro y al gobierno sus males y pesares, el desabastecimiento, la inseguridad creciente, las colas, la inflación, la chicungunya, el caos en el tránsito, la corrupción y 21 taras sociales y morbos económicos adicionales. 2. Una caída espectacular en la afiliación del PSUV, ahora tan solo alcanza 13% cuando siempre estuvo por encima de 35%. La oposición por su parte, si sumamos a todos sus miembros, se acerca a 25%, es decir, por primera vez en 15 años, la identidad del elector con los partidos opositores casi duplica a los rojosrojitos. 3. Entre los líderes más respetados, los primeros 6 son opositores. Leopoldo. Henrique. Falcón. María Corina, Ledezma y Borges (es cambiante según diferentes encuestas) 4. La intención del voto en las parlamentarias se encuentra en 75% para opositores e independientes (ajenos al gobierno) y 25% para los ahijados de Cilia Flores. 5. 60% le parece razonable que Maduro renuncie y que no termine su mandato y 6. 80% cree firmemente que el sector privado es fundamental para recuperar la economía y mejorar el abastecimiento.

Todas son cifras demoledoras. Comprueban que los vientos de cambio soplan en todas las direcciones. Que hay una marcha inexorable hacia la restitución de la democracia. ¡Ay señor! Pero entonces aparecen quienes conocen “la vía rápida” para cambiar al gobierno.  Se asoman otros que saben exactamente, con precisión de año, mes, día, hora, minuto y segundo el momento para iniciar una marcha “sin retorno” como aquella de Herman Escarrá que hoy  litiga tranquilamente en el TSJ y que le encuentra cada día más rasgos democráticos al gobierno y un envidiable equilibrio en las decisiones a los tribunales. Hay otros que apuran las guarimbas, las tomas de calles, el desorden público como chispas que van a incendiar la pradera de la injusticia y la corrupción y nos van abrir las puertas de Miraflores. Atrevidos que afirman que debemos infiltrarnos en las colas de los supermercados e incitar al saqueo.  Se han turnado tantos afirmando que “ahora si llegó el momento” que por inventariarlos surge el aburrimiento.  Estallan en luces  sabios políticos, estrategas napoleónicos, calculadores einsteinianos. Todos saben del camino rápido. Son los infalibles. Los hay por montones en las trincheras del Twitter donde ni por asomo dan su nombre, que llaman a la abstención,  juran que no descansarán su brazo hasta tener a los miembros del CNE bajo rejas, despotrican a veces de Henrique, otras de Leopoldo y recientemente de Falcón. Para fortuna del pueblo  y por la gracia de Dios hay otro grupo, el mayoritario, la corriente más fuerte, la tendencia marcadora donde priva la sensatez,  el cálculo adecuado, la estrategia correcta.  Que no se atoran. Otean el futuro.  Estiman las variables. Saben que el camino más seguro, más rápido y más democrático es lograr una victoria contundente en las elecciones parlamentarias. Pasos lentos pero seguros. Sin prisa pero sin pausa.  Regresar al equilibrio de poderes.

Aprobar presupuestos nacionales racionales. Controlar al gobierno y vigilar su marcha. Supervisar a ministros y destituirlos si entran en desacato. Prohibir por ley regalos, dádivas y préstamos blandos a otros países. Designar poderes públicos decentes con funcionarios probos y experimentados. Aprobar leyes de amnistía para todos los presos políticos. Perseguir con saña a la corrupción.   Designar embajadores de Venezuela y no del PSUV. Desmantelar todo en entarimado irracional  y costoso de controles y alcabalas administrativas. Autorizar la salida del país del presidente cuando sea razonable y no para el turisteo político familiar. Saben que la unidad es lo primero. Que los francotiradores de las redes sociales no pasan de ser pájaros de mal agüero y ocultos funcionarios del Sebin y la Dgicim.  Es obvio que la forma más segura de lograr la libertad de los detenidos por razones políticas es la ley y no el asalto armado de los sitios de reclusión. Que  se trata, en los actuales momentos, de exigirle al gobierno explique cuáles son las medidas para enfrentar la crisis. Cuál es su programa de emergencia. Obligar al combo oficial  a escuchar al sector privado y permitirle el ejercicio de sus actividades productivas y comerciales. Se cae de “maduro” que es más laborioso el camino democrático, participativo, inclusivo. Pero es más firme, más inequívoco, más cierto bajo control de la oposición. Hoy más que nunca unidad en la MUD. Hoy más que nunca consenso opositor. Hoy más que nunca comunidad de intereses.  Todos unidos hacia la victoria parlamentaria. Es el signo de los tiempos.