• Caracas (Venezuela)

Eduardo Semtei

Al instante

Tarde piaste Santos

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¡Ay, Santos de todos los santos! Te recuesto esta frase: yo te lo dije. Bueno yo no, tu antiguo protector y promotor Álvaro Uribe Vélez. Y tú te hacías el loco. El mudo. El sordo. El ciego. Llegaste incluso a hacer chistecitos sobre tu nuevo mejor amigo: el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Sonrisitas para acá. Sonrisitas para allá. Hasta que la vaina reventó.

Tú sabes muy bien que el modo de conducta de los gobiernos como los de Cuba, Venezuela y Corea del Norte, entre otros, no se parece mucho a la tradición y a la usanza democrática universalmente conocida. No tienen recato. No tienen vergüenza. No tienen escrúpulos. Utilizan cualquier argumento, situación, incluso tragedia, para salirse con la suya. Además, agarran por el pescuezo al que se descuida y no lo sueltan hasta que el corazón deje de latir. Hasta el estiramiento de la pata. Y usted se descuidó. Se hizo el loco. El mudo. El sordo. El ciego.

Usted muy bien sabía que miles y miles de colombianos y venezolanos traficaban gasolina de aquí para allá. Usted sabía que en las calles de Cúcuta los pimpineros vendían gasolina venezolana. Centenares. A mí me consta. Estuve allí. Usted sabía que miles de colombianos y venezolanos traficaban productos de aquí para allá. Claro que nuestra Guardia Nacional no era exactamente un ejemplo de eficacia, honradez y vigilancia en cuanto a combatir el comercio ilegal de combustibles y productos. Pero menos aún lo era su propia policía. Así que el asunto de la culpa es compartida. De que hay una culpa la hay.

Así que hilando fino podríamos afirmar que la votación de la OEA no es exactamente un disparate si tomamos en cuenta que en primer lugar deberían  haberse agotado los procedimientos bilaterales para tratar este asunto de la expulsión de los colombianos indocumentados. El procedimiento fue efectivamente salvaje, inhumano, violatorio, violento y hasta despreciable.  Las escenas de madres llorando, niños vagando solos, casas marcadas como cuando las persecuciones nazis a los judíos, golpes, porrazos  y destrucción de bienes y familias. De eso no hay duda. El mundo es testigo. Y usted, Santos, se la puso bombita al gobierno venezolano.

Maduro y su pléyade de cortesanos y amanuenses mataron dos pájaros de un tiro. En primer lugar encontraron una explicación para la violencia (los paramilitares son colombianos), una explicación para la escasez (el bachaqueo) y una explicación para la inflación (las casas de cambio en Cúcuta), y por el otro lado encontraron una forma de concentrar la atención en un problema ajeno al ambiente electoral que vivimos. Fabricaron un enfrentamiento político, un ardid de distracción. Es posible, ciertamente, como dicen algunos pensadores, que tal truquito no tenga mayores beneficios comiciales. Pero igualmente es una estratagema que se usa todo el tiempo, en todos los lugares y por todos los gobernantes. Y usted, señor Santos, contribuyó activamente a redondearle el asunto al gobierno venezolano.

Usted nunca mostró en los escenarios internacionales, qué se yo, OEA, ONU, Unasur, una actitud seria, responsable de denuncia contra los atropellos cometidos por el gobierno venezolano. Es más, señor Santos, bajo su aprobación directa el joven opositor Lorent Saleh fue hecho preso en su país, en Colombia, y entregado como un peligroso reo, como un narcotraficante a la policía política de Maduro. ¿Recuerda usted, señor Santos?

Se lo reseño de nuevo: el dirigente fue expulsado por Migración Colombiana, por usted Santos, por su ministra de Relaciones Exteriores, bajo su aprobación directa a petición del gobierno de Venezuela, sigo, fue expulsado con base en el artículo 105 del decreto 4000 de 2004. Esa abominable expulsión y detención ilegal sucedió el 4 de septiembre del año pasado. Lorent Saleh fue detenido por sus esbirros y entregado al Sebin que lo mantiene preso en un calabozo sucio, sin luz, conocido como “La Tumba”. Lorent trató de suicidarse. Ay, señor Santos eso no se nos olvida. Usted tan colaborador. Tan presto. Un verdadero patriota cooperante.

Así que este asunto de verdad tiene varias lecturas, donde usted es tan culpable de la tensa situación como lo es el gobierno venezolano. Así que Uribe Vélez puede repetir a todo pulmón: “Yo te lo dije”. ¡Ay Santos! Su papel fue de indiferencia total ante las violaciones de los derechos humanos cometidos por el gobierno venezolano, su papel fue simplemente de cobrador de facturas de las empresas colombianas que vendían productos alimenticios a su vecino país. Nunca se pronunció ante la detención arbitraria de alcaldes y dirigentes opositores como sí lo hicieran Uribe Vélez, Pastrana y otros ex presidentes colombianos. Usted calló. Usted otorgó. Así que deje el lloriqueo y compórtese a la altura.

Si su posición fuera verdaderamente radical, responsable, de defensa integral de su país y sus habitantes, debería en lo inmediato abandonar Unasur, que no es sino un teatro magnífico para las operetas bufas de la política internacional del gobierno venezolano. Su presencia allí es un espaldarazo visible a quienes  usted dice criticar. O se es chicha o se es limonada.