• Caracas (Venezuela)

Eduardo Semtei

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Eduardo Semtei

Estas Navidades: gaitas tristes

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Son muchos los artistas: músicos, actores y cantantes que durante años nos han alegrado las Navidades con sus gaitas. Recuerdo las famosas composiciones tituladas como “de las locas”. Luego nos asombraron con las llamadas gaitas protestas. Y aquellas en defensa del Zulia y Maracaibo, de la zulianidad, en general, eran vergatarias. Contra la inflación, el desempleo, la inseguridad, todas eran actuales, modernas. El llamado centralismo que molestaba, y molesta hoy aún más a los maracuchos, fue blanco de ataques bienaventurados. Fue una verdadera revolución en el canto. Gaitas de chistes subidos de tono, gaitas abiertamente conspirativas contra Carlos Andrés y contra Caldera. Hubo, si mal no recuerdo, prohibiciones, censuras, juicios y persecuciones. Al final, no creo que ninguno de los acusados haya dormido en chirona más de dos días.

No como ahora, bajo este bojote de calamidades, errores, disparates y locuras que llaman gobierno del poder popular, sabiendo que en periodos anteriores gaiteros cojonudos le cantaban las verdades al gobierno, sin temor a mayores represalias; hoy por hoy, unos simples twitteros tienen semanas presos porque a Diosdado o a Perencejo no le gustaron los juicios de 140 caracteres. Hay que soltar un buen “carajo”. Miedo a mensajes de 140 espacios, eso es simple cobardía.

Las gaitas reflejan de alguna manera la protesta, la crítica, la oposición. Y es al propio tiempo un género musical universal. Joselo hacia chistes a granel, se mofaba del poder. Simón también se sumó a las gaitas que se burlaban del poder.  A nadie se le ocurrió, en todos esos años, hablar de gaitas imperialistas, música de derecha, cantos burgueses, artistas traidores, compositores neoliberales. Toda esa verborrea divisionista, todo ese empeño en partir a Venezuela en dos mitades, en separar con el odio y no con las diferencias políticas a los adversarios, de marcar una barrera infranqueable, sobre la base de la condición social, atribuyéndole a la clase media y emprendedora las culpas y responsabilidades del Estado, son cosas de estos mediocres profesionales.

¿De que podrían hoy por hoy tener como letra, como composición musical, nuestras gaitas? Hay tantas fallas, tantos defectos, tantas taras en nuestro gobierno que una gaita podría convertirse más bien en una letanía de dolor y pena, en un mismísimo autoflagelamiento, en una rima de miseria, un canto moribundo, un clamor tristísimo. Por decir algo, el gobierno le quitó la gracia a la gaita y trata de convertirla, como a todo lo que toca y le rodea, en un mundo dividido entre gaitas y gaiteros rojos rojitos y gaiteros de oposición. Qué buena vaina.

Por allí andan dos o tres artistas “comprometidos con el proceso” que han vendido sus pobres almas a cambio de dinero y poder.  Brincan de tarima en tarima bailando frenéticamente danzas de engaño. Sabían de la enfermedad terminal del presidente y, en lugar de aconsejarlo, lo que hacían era pasar facturas en dólares.  O no era así “Familia”. Lo cobraste todo. El mismo despreciable sistema que la jerarquía soviética trató de imponer con las bayonetas. El aborrecible arte comunista, la supuesta cultura proletaria o en China la Revolución Cultural. Esos conceptos como el realismo socialista. En aquellos tiempos, tanto en la Unión Soviética como sus satélites y en China, el arte en todas sus expresiones: música, literatura, pintura, teatro, cine, escultura descendió a sus niveles más bajos en calidad y cantidad.

El comunismo soviético o chino o el socialismo del siglo XXI no son sino poderosas maquinarias de destrucción de la iniciativa artística e instrumentos inhibidores y depredadores del mágico y eterno mundo del arte. La expresión más perdurable, más eterna y más hermosa de la especie humana. Frente a esa historia trágica, las amenazas contra las gaitas lucen pálidas, pequeñas y muy localizadas.  El sistema de radio y televisión, en su mayoría, o en poder del gobierno o bajo sospecha, bajo amenazas y presiones del chavismo se verá seguramente impedida de difundir gaitas de protesta, tan regulares y habituales, como las hallacas. Los músicos y compositores bajo la espada de la quiebra, del desempleo, de la falta de oportunidades seguramente esquivarán elegantemente sus compromisos con la democracia y la libertad para convertirse, para actuar a semejanza de aquellas radios, periódicos y televisoras que se ufanan de ser neutrales, equilibradas y no políticas.

Ay, Dios, he visto tanta miseria, tanto miedo, tanta falta de coraje. He visto tanto muerto cargando basura. Gente que cobra y calla. Come y calla. Voltea la vista y calla. Guerrilleros izquierdistas que ayer nomás secuestraban y hoy tienen el descaro, la vergüenza, la miseria de afirmar que Leopoldo o Scarano o Ceballos no son presos políticos sino presos comunes. Son, por decirlo de alguna manera, una pila de mierda.

Así que, amigos gaiteros. Tienen tremendo compromiso con el futuro, con su canto, con su envergadura, su tradición. Entiendo que una gaita que refleje 120.000 asesinatos en 15 años, o la escasez cercana a 80%, o una inflación disparatada de casi 100%, o la entrega de nuestra seguridad, Fuerza Armada, puertos y notarías al régimen del dictador cubano, o el uso indeseable, pecaminoso, corrupto y hasta salvaje de los aviones de Pdvsa para que la nana de Jaua lleve los niños de visita a Brasil, un acto absolutamente perverso y golillero ¿por qué no paga el señor Jaua  su pasaje como todo  el mundo, con su dinero, y tiene el tupé y la arrogancia de criticar a Capriles porque se paga sus pasajes al exterior con su patrimonio?

Todas esas cosas no son fáciles de cantar en una gaita sin que vengan los cancerberos del gobierno con tijeras y decisiones judiciales de suspensión, investigación, expropiación, incautación y chantaje. Pero arrieros somos y por los caminos andamos. Reciban la gaita y los gaiteros mi humilde tributo a su valentía, su historia y su pasión por Venezuela, y claro, por el Zulia en primer lugar.