• Caracas (Venezuela)

Eduardo Semtei

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Eduardo Semtei

Lula y un gobierno de consenso

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El asesinato vil y despreciable de Otayza. El crimen calculado y frío contra el teniente Cortez, miembro del personal de máxima seguridad del presidente Maduro tiene que hacer reflexionar al gobierno, sobre todo al ministro de Relaciones Interiores que se hace la vista gorda y simplemente se limita a balbucear y vociferar necedades, una de ellas denunciado que existen 58 extranjeros entre los detenidos.

Algunas fuentes amigas me han informado que ciertamente varios de los muchachos detenidos son hijos de europeos y vecinos de países latinoamericanos; España, Italia, Bulgaria, Portugal, Francia, Ecuador, Chile, Brasil, Israel, Colombia, Estados Unidos. Si siguiéramos los galimatías del ministro concluiríamos que Estados Unidos, Unasur, la Comunidad Europea y otras naciones han enviado a sus máximos y más curtidos extremistas a demoler y derrocar al gobierno de Maduro. Mayor payasada habrase visto.

No puede aceptar simplemente que la inseguridad se les fue da las manos. No puede reconocer que si se decidiese una política de exterminio a bandas de secuestradores y atracadores, la respuesta de tales bandas sería aún más criminal, más despiadada, más bestial. De lo que se trata es, justamente, de aceptar que las estructuras y los funcionarios del gobierno actual ya no pueden enfrentar el delito, la corrupción, el secuestro.

Si, además de todo esto, le sumamos el hecho de que tenemos una Fiscalía amorosa y complaciente con el Poder Ejecutivo, que nuestro Poder Judicial vía el TSJ se derrite en aplausos otrora a Chávez, hoy a Maduro. Que nuestras policías no funcionan adecuadamente y el lucro personal sustituyó hace mucho tiempo el juramento de combatir el delito, entonces el lamento de Lula aconsejando a Maduro a buscar un gobierno de consenso toma cuerpo en la realidad.

Amigos todos, si hablamos de economía en sus tres niveles más sencillos: producción, distribución y consumo, quedamos pálidos y sin habla. La producción sufre un colapso terrible, tiene sida financiero. El cierre alocado e irresponsable de empresas, una nacionalizadera torpe y confiscatoria, un arrinconamiento al sector privado, un lenguaje soez y resentido contra la empresa privada y sus empresarios. La distribución es una calamidad absoluta. Tiene cáncer. Colas para todo. Pan, aceite, baterías, harina, mantequilla, pollos, repuestos de artefactos del hogar. Una inflación disparatada que los presidentes de los países de Unasur comentan entre pasillos con pena, asombro y vergüenza. Y en cuanto al consumo. Dios Santo. Qué pesadilla. Contagiada de ébola. Los argumentos redundan en mentiras, especulaciones y pamplinas. Que no hay papel higiénico debido a que la gente come mucho, y como se alimenta tanto y tan bien tienen que ir al sanitario diez veces más que antes de la llegada de este gobierno de abundancia.

La oposición no puede hacer peso para que el país termine de hundirse. No es cierto que si Venezuela sigue bajando de categoría, de niveles, de competitividad, de civilidad, de desarrollo, entonces el gobierno sufrirá y a la oposición le irá mejor. No señor. Cuando la patria va en caída libre hacia el despeñadero del fracaso y la quiebra institucional, con ella vamos todos. Todos. Sin excepciones.

Así que la oposición debe tomarle la palabra a Lula y proponer un gobierno de consenso. No proponiendo o sugiriendo líderes opositores a cargos ministeriales, sino mediante un consenso de hombres y políticas. Por supuesto que hay nombres. Dentro de las filas y amigos del chavismo Víctor Córdoba sería seguramente un ministro de Educación Superior mil veces mejor, con mayor experiencia, estudios, posgrados que el imberbe gafoleto que hoy regenta esa cartera. Pedro Palma daría un aire de tranquilidad, seguridad, aplomo y confianza a proveedores, bancos internacionales y organismos multilaterales si ocupara la cartera de Finanzas. Rafael Orihuela tiene años exponiendo ideas y críticas al sistema de salud que no solo son una diana que acierta en medio del blanco, sino que sus ideas no han podido ser rebatidas. Sabe de lo que habla. José Guerra en el Banco Central, como presidente o vicepresidente, significaría una voz responsable y de control al disparate monetario que hoy arrastra a esa institución por las alcantarillas de la ruina. Rodrigo Cabezas que siempre ha exhibido una cierta independencia de criterio, pese a que resbala constantemente en su objetividad frente al PSUV y sus miembros, pudiera muy bien hacer un papel de control y responsabilidad en Pdvsa. Mariano Herrera, por años proponente de ideas positivas, de buenas iniciativas, sería un ministro de Educación valioso, y si lo comparamos con el actual ministro se acrecienta hasta el infinito. Eduardo Fernández podría estrenarse como un ministro de Relaciones Exteriores de lujo. Y si no fuera por el compromiso histórico de Henri Falcón con el estado Lara su vicepresidencia garantizaría tranquilidad, paz, consenso y respeto. Ninguno de los señalados ha sido consultado para esta propuesta, que nace fundamentalmente de las recomendaciones de Lula y de la observación de un gran país que se hunde lentamente en el excremento de la división. Y si hace falta, repartiremos pañuelos para ponérselos en la nariz.