• Caracas (Venezuela)

Eduardo Semtei

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Eduardo Semtei

La Flor de Venezuela y el aeropuerto: ahogar al adversario

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Las altisonantes, abrumadoras y amenazantes palabras del finado, cuando anunciaba su voluntad de liquidar alcaldías y gobernaciones en Venezuela, para sustituirlas por montoneras, arrebatos y sampableras han pasado al terreno de lo concreto. Era previsible. Las diferencias entre los conceptos de gobierno y Estado, tan evidentes y claras en sistemas democráticos, son despreciadas y desconocidas sin cortapisas por el poder central, es decir, por Maduro y su séquito. Nada es más propio en los regímenes comunistas más ortodoxos y rancios, como el de Pol Pot, Stalin y Fidel; tales personajes y sus fieles seguidores no conciben la existencia de otras fuerzas políticas distintas de ellos mismos, y mucho menos que alcaldías y gobernaciones puedan ser administradas por dirigentes o partidos opositores.

Henrique Capriles, Henri Falcón y Liborio Guarulla los tienen locos. De allí su manía dictatorial de tener un solo partido político y una cadena de mando inalterable e inmodificable. Por cierto, debo llamar la atención de mis lectores en el sentido de que no salgo de mi asombro al ver que en los ministerios de Defensa, Interior y Justicia y del Trabajo, por lo menos, los cuales he tenido que visitar por diligencias personales, la cadena de mando la encabeza Chávez y luego Maduro. Que un difunto aparezca como jefe absoluto del gobierno describe perfectamente el estado de salud mental y la debilidad estructural de un régimen que tiene que apelar a la prestidigitación fantasmagórica y hasta la santería cubana para legitimarse ante la gente. Jamás en la historia política mundial le habían sacado tanto y descarado provecho a un fallecido. Ni a Lenin ni a Mao ni a Ho Chi Minh.

Volviendo a nuestro asunto; el saqueo criminal e ilegítimo hecho contra la Alcaldía Metropolitana marcó un bochornoso hito en materia de destrucción de los poderes subnacionales. El despojo del sistema de salud contra Capriles Radonski en el estado Miranda, una vez que Diosdado Cabello salió derrotado con el rabo entre las piernas y echando espuma por la boca, fue otra señal inequívoca de la decisión inconstitucional de acabar con alcaldías y gobernaciones. Luego siguieron autopistas, peajes, aeropuertos, sistemas de riego y agua potable, todos fueron engullidos por la glotonería ineficiente e incapaz de dos o tres burócratas de mediano peso que actúan de espaldas a la ley buscando la sonrisa protectora de los jefes o la falsa palmadita en la espalda. A todos los gobernadores de oposición les arrancaron por la fuerza del abuso puertos y aeropuertos.

Dado que el Gato Briceño y Henri Falcón se encontraban en aquella época en las filas del Gobierno les permitieron seguir administrando tales organismos, pero una vez que se produjo la ruptura, el Gobierno enfiló baterías contra ellos en forma aviesa y perversa, inventando historias y cuentos de camino para justificar el pillaje.

El figurín de Izarra conjura un supuesto deterioro de la Flor de Venezuela para privar a la Gobernación de Lara de su área de influencia, mintiendo descaradamente sobre el número de especies marinas que albergaba, días después, ya sin buscar excusa alguna, también le arrancan violentamente la administración del aeropuerto Jacinto Lara.  Es una campaña premeditada y rapaz. Es un proceso deliberado y consciente de apoderarse de todos los resortes del poder para consolidar su estructura de corrupción, destinada a ahogar cualquier manifestación o protesta cívica. Es una actitud hostil, desafiante, avallasadora que va sembrando poco a poco vientos de retaliación que, de seguir así, serán incontrolables huracanes.  Es mejor prevenir que lamentar. Dejen las alcaldías y gobernaciones tranquilas. Se los pedimos en nombre de 7,5 millones de electores. Como dijo Jorge Luis Borges… sólo una cosa no hay, es el olvido.