• Caracas (Venezuela)

Eduardo Riveros

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El irrespeto a la ciencia económica

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Debe ser complejo para un economista explicar lo que para su disciplina son obviedades a las personas que no tienen conocimientos del tema.

Para la “gran masa” muchos de los sueños pasan por vivir en un mundo donde primen los valores de la igualdad y solidaridad y que el acceso universal a los bienes y servicios sea  gratuito, ya que muchas de estas necesidades son derechos del hombre, los que han sido plasmado en diversas constituciones a lo largo de la historia de la humanidad.

Recursos escasos y necesidades infinitas.

Sin embargo, desde que el hombre es hombre ha tenido que luchar porque los recursos son escasos y las necesidades son infinitas, y es ahí donde la ciencia económica surge para analizar, dar explicaciones y asentar la teoría, tal como lo definió el economista británico Lionel Robbins: “La economía es la ciencia que se encarga del estudio de la satisfacción de las necesidades humanas mediante bienes que, siendo escasos, tienen usos alternativos entre los cuales hay que optar”.

Desde luego, estudiar de forma científica esta disciplina no es algo fácil, sino que se debe pasar por la universidad, estudiar las diferentes teorías económicas, profundizar en los conceptos de escasez, microeconomía y macroeconomía, analizar las curvas de producción y de oferta y demanda, la rentabilidad, finanzas, los ciclos económicos, la inflación, estanflación y deflación… y si nos ponemos detallistas podríamos profundizar en campos como la psicoeconomía, nueva economía o economía petrolera.

La responsabilidad del economista y la emoción de Freud.

Esto fue solo una “pincelada” o un “breve resumen” de lo que significa la economía, lo que conlleva a que sea un campo de mucha responsabilidad para quienes detentan altos cargos en la esfera de la economía y las finanzas, en especial cuando nos referimos a Estados nacionales, debido a los efectos que producen en el colectivo; sin embargo, muchas de estas decisiones de alta responsabilidad son ejecutadas por “recursos humanos” sin  estudios,  generando decisiones que afectan a millones de personas en especial a los más pobres quienes muchas veces son proclives, por razones psicológicas y de obvia necesidad material, a creer ciegamente en proyectos mesiánicos-político-religiosos, cuyas promesas, aunque signifiquen inmediato aumento de gasto público e inflación (y posterior miseria), son atractivas, porque apuntan a las emociones, como lo demostró hace años Freud, las que explican por qué doctrinas y cosmovisiones que han generado pobreza desde hace miles de años siguen teniendo éxito en el mundo, las que tienen como común denominador la burocracia y el poder en pocas manos, permitiendo el enriquecimiento de algunos y el empobrecimientos de miles.

Economía familiar y economía gubernamental.

La economía tiene mucho de sentido común, ya que si generamos 100.000 mensuales, no podemos gastar 80.000 en cenas y diversión para satisfacer la necesidad de nuestro núcleo familiar, ya que la diversión del fin de semana no financia las necesidades de vestuario y alimentación el resto del mes, parece lógico; por eso, más lógico es decir que un Estado o gobierno que tiene un presupuesto anual de 100.000 millones de dólares anuales no debería gastar 80.000 millones en regalos, dádivas y propaganda política, porque ese gasto no se recupera, no es producción, por lo tanto, no tiene rentabilidad ni genera riqueza para el futuro; al final, una dádiva estatal genera un bienestar pasajero, pero con los 20 millones de dólares se intensifica y se perpetúa la pobreza de un país, tal como pasa cuando una familia gasta 80 % en diversión.