• Caracas (Venezuela)

Eduardo Riveros

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Eduardo Riveros

Capitalismo: te amo pero me asustas

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Resulta contradictoria la relación entre el venezolano y el capitalismo, ya que por una parte no hay quien en mayor o menor proporción guste de los “reales”, pero al mismo tiempo son pocos los que reconocen abiertamente que les gustaría una sociedad con apertura de mercados y libertad empresarial.

Sin embargo, en los hechos el venezolano promedio ama el capitalismo, y si pudiera viajaría todos los fines de semana a Miami y a Disney, lo que no es un pecado en sí, ya que cualquier ser humano le gustaría disfrutar de las bondades de la gran potencia mundial que es Estados Unidos, y divertirse en un estadio de beisbol viendo en directo las grandes ligas y visitando algún casino de Las Vegas.

No obstante, no todos reconocen el amor hacia las bondades del capitalismo, en especial personeros ligados al poder quienes sufren cuando aparecen imágenes de ellos y sus familias viviendo el estilo de vida “capitalista” en las grandes capitales de la moda y el turismo internacional, imágenes que inocentemente publican en Facebook o en Instagram, y que rápidamente son multiplicadas por la red a todo el mundo, dando dolores de cabeza a los asesores de comunicación quienes impávidos ven como dirigentes que odian el mundo del lujo y la moda que viene “contaminado” desde el “imperio”, lucen sus abultadas barrigas y finos trajes italianos, con una sonrisa tan amplia como la del empresario de 80 años que llego pobre al país y que a punta de ahorro y sacrificio ve como cambio su vida y que ahora su dilema es volver a su país de origen o quedarse en Venezuela, tierra que ama pero que hoy no le garantiza seguridad.

Se puede afirmar que contradictorio es para un revolucionario promedio gritar hacia los cuatro vientos que “el mejor gobierno es el que da más felicidad al pueblo”, siendo que esas palabras citadas (porque alguna vez la dijo Simón Bolívar), en realidad es una frase original del pensador liberal Jeremy Bentham, específicamente fundador de la escuela utilitarista, quienes poco tenían relación con socialismo o comunismo.

Contradictorio también es criticar al imperio español, y peor señalar que los 500 años de atraso de américa se debe a las nefastas políticas capitalistas de la monarquía hispana, siendo que la política gubernamental orientada al aumento de la burocracia, fortalecimiento de reglamentos y decretos, creación de normas ligadas al proteccionismo económico, son precisamente las mismas que rigen a la Venezuela actual y al gobierno peninsular. 

Lo cierto es que en Venezuela el amor al capitalismo es transversal a la sociedad, y se ve desde los barrios, donde los jóvenes imitan el estilo de vida de los  jóvenes estadounidenses, en la práctica de deportes como el beisbol y el baloncesto, propios del “imperio”, y el afán consumista donde todos quieren vestir bien, beber buen whisky,  cajas y cajas de cerveza, optar por la “nave” último modelo, y si pudieran todos tendrían avión privado y viajes internacionales.

Pero quienes dicen “ odiar” ese estilo de vida, son quienes más lo disfrutan, lo que hasta Marx condenaría cuando señalaba que era peligroso que un grupo social se perpetuara en el poder, ya que esa clase sería la que explotaría al “pueblo”, casta especial donde se reparten los cargos entre ellos, donde se consolidan cúpulas impenetrables, quienes a nombre de los “pobres” se consolidan en el poder,  sustentado en algunos casos por fanatismo de parte de las masas (que mejor lo puede explicar un psicoanalista), por bolsas de comida en los sectores carenciados, o simple resignación como sucede con capacitados profesionales de organismos o empresas públicas, que deben cuidar su puesto, a pesar que  muchas veces las jefaturas son  detentadas por personas sin cualificación académica y laboral, cuya virtud es la fidelidad a la “causa revolucionaria”, pero que en la práctica violentan psicológicamente a sus empleados ( mobbing), y estudian bonitas citas bibliográficas del hombre nuevo, siendo que en sus acciones actúan como un General nazi, pero de forma más astuta y solapada. 

No obstante estos casos concretos, es difícil comprender como en la práctica pública mucha gente ve con desconfianza el capitalismo, siendo que al venezolano le gusta la buena vida, le gusta resolver y darse sus gustos, lo que está en contra del ideario estatista, es más si Venezuela experimentara el verdadero capitalismo habría independencia de poderes, reducción drástica del poder estatal e incentivos al emprendimiento…ah! Pero alguno estará pensando “¿Pero el gobierno venezolano porqué forma parte de un cartel como la Opep que fija arbitrariamente precios tal como lo hacen las grandes empresas capitalistas cuando se coluden para conquistar un mercado?, ¿Por qué Venezuela cuando el petróleo estaba a 100  no fijo su petróleo a un “precio justo” tal como se le obliga a las empresas nacionales?...

La respuesta está en que la economía es una sola, y en el espacio “real”, las utopías quedan de lado, por eso fracasan los controles de precios y de cambio, porque no están en armonía con la verdadera demanda de bienes y servicios de una sociedad, y porque la economía es una sola, también sucede que muchas veces quienes nunca han tenido el poder y que de pronto se ven con el poder político y económico, en la práctica se comportan peor que el que siempre tuvo, y esta tendencia se ha demostrado en la historia de la humanidad, por mientras sigamos esperando al “hombre nuevo”, que vendrá…pero a  través de la digitalización de los procesos de secuenciación del ADN, robótica, chips cerebrales, la biotecnología, y la bioinformática…

Twitter: @eduardoriverosq