• Caracas (Venezuela)

Eduardo Posada Carbó

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¿Elecciones sin oposición?

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Primero fue la prolongada incertidumbre sobre la fecha de las elecciones. Ha seguido ahora la inhabilitación de una de las principales líderes de la oposición, mientras otros permanecen presos. Son las elecciones a la Asamblea venezolana, que se celebrarán el 6 de diciembre. Si se efectuaran hoy, los partidarios del gobierno del presidente Maduro saldrían con seguridad derrotados.

Según The Economist, la inflación anual es de 120% y se calcula que se elevará a 200% a fines del 2015. La escasez de productos básicos es señal evidente de la crisis económica. Se añaden problemas de seguridad.

En circunstancias de normalidad democrática, pocos gobiernos sobrevivirían una contienda electoral frente a condiciones tan adversas. Sobre todo, con un presidente sin mayor liderazgo. Maduro no es Chávez, así se dedique a invocar su espíritu.

Las credenciales democráticas de Venezuela son, sin embargo, muy cuestionables. Desde los inicios de la revolución chavista, casi todas las instituciones asociadas con la democracia moderna se han visto minadas por los afanes de concentrar el poder alrededor del Ejecutivo. Los hostigamientos a la oposición y la prensa son paralelos a la falta de independencia de las autoridades electorales y judiciales.

Tal Cual, periódico de oposición, advirtió en días recientes sobre dos hechos adicionales que ensombrecen aún más el panorama.

El primero, una visita de Maduro al estado de Miranda, donde amenazó que, de triunfar la oposición, ocurrirían “miles de 27 de febreros de 1989” y que “empezaría una revolución y le verían la cara a Bolívar y a Chávez en la calle”.

El segundo, la negativa del gobierno de aceptar observadores internacionales del proceso electoral. Al rechazo de Maduro se sumaron las declaraciones de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, quien se opone a tal presencia por “colonialista”.

Con buen sentido democrático, Tal Cual y otros sectores de la oposición insisten en que la mejor respuesta a las amenazas del gobierno es salir a votar.

Las perspectivas electorales de la oposición se tropiezan además con sus propios problemas, generados por su falta de unidad. La conformación de listas parlamentarias, como en todo proceso electoral, es siempre origen de divisiones. Lo ha sido al reemplazar la candidatura inhabilitada de María Corina Machado.

La estrategia del gobierno pareciera ser la de lograr el mayor desestímulo entre los electores. La oposición tendría que buscar mayor unidad y concentrar esfuerzos en la organización electoral. Las demoras en definir la fecha electoral o el impedir a los líderes de la oposición ser candidatos son señales de un gobierno débil, desesperado. Deben servir de alerta a la comunidad internacional en defensa de la democracia.