• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

Al instante

¿Quién le teme a Donald Trump?

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Recién empieza la contienda por las elecciones presidenciales de Estados Unidos a realizarse en el segundo semestre de 2016. No se han definido los candidatos de los dos grandes partidos mayoritarios, proceso que tendrá lugar durante las primarias del primer semestre del próximo año y son muchos los aspirantes, algunos de los cuales ya han anunciado formalmente su intención de competir.

En el Partido Republicano se han asomado 17 precandidatos. Entre ellos destacan Jeb Bush (gobernador de Florida, hijo y hermano de ex presidentes), Scott Walker (gobernador de Wisconsin), Marco Rubio (senador de origen latino) y Donald Trump (empresario excéntrico). Este último aventaja a sus competidores en todos los sondeos.

El lema de campaña de Donald Trump es: “Vamos a hacer de nuevo grande a América”, es decir, Estados Unidos. En tal sentido, sus primeras declaraciones consistieron en considerar indeseables a los inmigrantes pobres, particularmente los de México y el sur del Río Grande. Al respecto dijo “Los Estados Unidos se han convertido en el basurero de los problemas de todos los demás (…) Cuando México envía su gente no nos manda los mejores (…) nos envía gente que tiene muchos problemas y que nos trae esos problemas. Nos traen drogas. Nos traen crímenes. Son violadores. Y algunos, supongo, son buena gente”.

Este desparpajo frontal es su marca de fábrica. Se vanagloria de no ser político y desprecia las formalidades de la vida política. Sus actividades, hasta ahora, han sido otras. Se ha dedicado a construir hoteles, rascacielos y campos de golf; a organizar casinos, concursos de belleza, dirigir programas de televisión y promover peleas de lucha libre y de boxeo. Con ellas ha amasado una gran fortuna, para lo cual no ha estado exento de quiebras y problemas judiciales.

A juzgar por sus afirmaciones, la “América grande” que propone se forjará sobre tal molde, sin inmigrantes indeseables ni “injerencistas” que cuestionen esos valores en la primera potencia tecnológica, militar y financiera del planeta.

A primera vista su plataforma, además de su estilo, parece un exabrupto. Sería un contrasentido que un país con el poderío y las responsabilidades de Estados Unidos estuviera dirigido por un desaforado. También representaría un peligro para los equilibrios internacionales, incluidos los de nuestra región. Pero no es imposible. Lo que ahora parece un absurdo, puede hacerse realidad, entre otras razones porque el estilo frívolo y xenofóbico del candidato Trump encuentra en su país muchos oídos receptivos.

Me preocupa tal posibilidad porque tuve la experiencia de vivir en Washington D. C. durante la campaña presidencial y el posterior triunfo de Ronald Reagan. Al principio parecía casi un chiste que ese actor secundario de Hollywood, portador de las ideas más retardatarias, llegara a la presidencia de Estados Unidos. Pero llegó. Previamente los sectores más conservadores habían realizado una campaña feroz de desprestigio contra Ted Kennedy y Jimmy Carter, posibles candidatos demócratas. No se sabía, y creo que aún no está totalmente claro, si Reagan tenía algún valor propio o era un simple mascarón de proa de poderosos intereses creados.

Pero lo cierto es que con su triunfo y posterior reelección se logró imponer el capitalismo más salvaje, la Reaganomics o neoliberalismo, en Estados Unidos y el mundo, aumentó visiblemente la pobreza en el gran país del norte y tuvieron lugar intervenciones militares descaradas como la del escándalo Irán-Contras que afectó a Nicaragua. Y eso que Reagan era más simpático y menos megalómano que Trump.

Buscando en el diccionario encontré que la palabra “trump” tiene varias acepciones. Puede significar engaño, trampa, comodín, bisutería. Pero también puede denotar triunfo. Ojalá no tengamos que experimentar en este caso cuál es la que se aplica.

Por todo lo anterior le tengo miedo a Trump y creo que muchos me acompañan.