• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

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El cuartel de la montaña

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El sábado pasado visité el cuartel de la montaña, mausoleo de Chávez. Recomiendo la experiencia. Ahí se puede observar al chavismo en su forma más pura. Todo es creencia, respeto, fe. La estética y la ética de la revolución bolivariana se muestran abiertamente, sin pudor. También solemnemente, sin la agresividad y la chabacanería que exhiben en la Asamblea Nacional. Para ojos más escépticos, todo el despliegue pudiera considerarse un ejemplo de culto a la personalidad. En este caso explicado o razonado por los oficiales y componentes de la milicia bolivariana que sirven de guías en las charlas que necesariamente deben oír los visitantes.

En las actuales circunstancias, en las que todos los venezolanos hablan de la necesidad de diálogo y en las cuales se está de acuerdo en que este requiere del reconocimiento y el respeto hacia el otro, poder captar la esencia del chavismo en la reverencia al comandante eterno sería un buen comienzo para el entendimiento mutuo. Si sabemos cómo es el otro cuando ora en su templo, lo conoceremos mejor y nos será más fácil acercarnos a él.

Yo había querido hacer esta visita desde hace mucho tiempo. La primera vez que lo intenté se frustró porque justamente se cumplía el primer mes de la muerte de Chávez y habían cerrado el lugar al público pues se iban a realizar actos oficiales. El acceso era fácil, porque desde la estación El Silencio del Metro, enfrente del Liceo Fermín Toro, parten autobuses gratuitos que conducen al lugar de culto y permiten recorrer las barriadas del 23 de Enero con aire acondicionado. En otras oportunidades no había podido lograr mi propósito, porque me decían que a pesar de que el servicio todavía existía “hoy no habían venido los autobuses”.

Esta vez el servicio estaba funcionando. Los pasajeros eran muy pocos y solo mi acompañante y yo nos dirigíamos al cuartel de la montaña. Me extrañó la escasa afluencia. Quizás los devotos eran tan pocos como los votos que obtuvo la revolución bolivariana en las pasadas elecciones, particularmente en el 23 de Enero.

Una vez en el sitio formamos parte de un pequeño grupo interesado en la tumba del líder de la revolución. Tuvimos la suerte de que durante el recorrido se produjo el cambio de guardia de los soldados que permanentemente le rinden honores al comandante muerto. Vestidos de húsares de la Independencia, ejecutan rutinas marciales en las cuales suenan tambores y cornetas funerarias. Los visitantes se conmueven. Luego los llevan a una capilla en donde explican que Chávez era todo amor y religión. Y te enseñan fotografías excelentes en las cuales se destaca el amor popular por el líder revolucionario.

Más adelante te muestran el uniforme, la boina, las botas, la pistola y hasta el cinturón que Chávez vestía durante el golpe del 4 de febrero de 1992. Una inscripción en las paredes recuerda una cita donde dijo que durante los 500 años transcurridos entre 1492 y 1992 Venezuela había vivido en la sumisión y solamente a partir de la asonada militar del 4 de febrero se había iniciado la recuperación de la patria, de su independencia y soberanía. Una espada bifurcada nos enseña que el país ha tenido dos libertadores: Chávez y Bolívar.

La emoción alcanza su clímax cuando te permiten acercarte al lugar donde se encuentran los despojos del líder: una rosa de mármol rojo y negro. Algo que intenta un parecido con los monumentos a Napoleón Bonaparte en Les Invalides de París o con la tumba monumental de Francisco Franco en el Valle de los Caídos. La devoción llega a su límite.

Para entender al adversario, los líderes y parlamentarios de la oposición debieran visitar el cuartel de la montaña, donde se palpa la naturaleza del chavismo.