• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

Al instante

Susy por 50 dólares

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando vi la Susy me cambiaron el ánimo y la cara. Había desaparecido por largo tiempo y me había hecho mucha falta. Recordaba su sabor y cómo me había acompañado a través de los años, satisfaciendo mis caprichos y mitigando mis ayunos. De manera que me abalancé hacia ella con el deseo de tenerla entre mis manos y devorarla. Le pregunté al hombre del kiosco:

—¿Cuándo volvieron?

—Hace poco.

—Y ahora, ¿cuánto cuesta una Susy?

—500 bolívares –fue su respuesta.

—Dame una –le dije presuroso, y procedí a satisfacer mis deseos, acariciados y postergados largamente.

—La galleta Susy es única y muchos, sobre todo los muchachos, la echaban de menos.

—Además, es casi un símbolo de Venezuela –comenté– al menos para mi generación.

—La gente preguntaba mucho por ella, pero como ahora todo escasea se resignaban a que hubiera desaparecido –dijo el kiosquero.

Después de haber calmado las ansias, me quedé pensando y me di cuenta de que la Susy que había devorado me costó 50 dólares, si calculaba su precio a la tasa oficial de 10 bolívares por dólar, a la cual se efectúan la mayoría de las operaciones de cambio según las autoridades. Al dividir 500 bolívares por 10 ese era el resultado. La Susy era deliciosa pero excesivamente cara. Casi un pecado.

Cavilé, sin embargo, que la tasa oficial no es la única. Existe también la tasa de cambio de Simadi, de acuerdo con la cual el dólar vale algo más de 500 bolívares. De aplicarla, la Susy me había costado algo menos de un dólar estadounidense. Cara, pero no tanto. Un consuelo. Pensándolo mejor, recordé que también existe el dólar paralelo, el único al que se tiene acceso sin pasar por las oficinas, los trámites y los burócratas. Si se utiliza ese tipo cambio, el placer de la Susy sólo significa medio dólar.

Reflexionando, tenemos que un mismo producto, una galleta Susy, puede costar en moneda internacional 50 dólares, un dólar o medio dólar. Esto es posible por la discrecionalidad de las autoridades que le permitirán a usted acceder a uno u otro tipo de cambio, si es que acaso puede acceder a alguno. En resumen, que el precio en Venezuela puede ser cualquier cosa. Aun en la moneda nacional. Entre la cola del día en que le toca aspirar al precio regulado, lo que le cobra el abasto de la esquina, lo que consigue en la redoma de Petare y lo que exige el bachaquero conocido puede haber un abismo de precios casi igual al que hemos reseñado. Todo depende de si usted es avispado o no lo es.

Lo anterior significa que ha colapsado el sistema de precios. Según enseñan en los manuales de economía, este es un sistema de indicadores y señales que permite a los consumidores y agentes económicos orientarse. Cuando las señales dejan de funcionar nos pueden enviar en cualquier dirección porque no sabemos dónde nos encontramos. Algunos, quizás sensatamente, se han dirigido a Cúcuta. Pero si usted se encuentra en Maturín, esa opción es más dificultosa.

Otros simplemente se mudaron a Florida y se olvidaron del sistema de señales contradictorias e incoherentes, que obliga a los venezolanos de ingresos menores a los muy altos a hacer colas interminables bajo las más impredecibles inclemencias.

Por razones que no se dilucidan, menos aún se explican o argumentan, los precios oscilan entre el “país de las maravillas” de los regulados pero inaccesibles de los que habla el gobierno y los reales, por otras razones igual de inaccesibles, de la calle: entre los oficiales 50 dólares por una Susy del dólar regulado y los 50 centavos de dólar a los que pudiera acceder un ciudadano.