• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

Al instante

Patria o muerte

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Alberto Barrera Tyszka ganó el prestigioso premio de la editorial española Tusquets con su novela Patria o muerte. El relato termina con el siguiente diálogo:

—¿Cómo te sientes?

—No lo sé. Todo es raro.

—¿Quieres regresar?

—Ya no podemos.

—Y entonces ¿qué vamos a hacer? ¿Adónde podemos ir?

La conversación es entre una pareja de niños de 10 años que se han fugado de sus casas.

La novela se refiere a la enfermedad y muerte de Hugo Chávez. Antes, Barrera había escrito el libro-reportaje Hugo Chávez sin uniforme (2005) y La enfermedad (que mereció el también prestigioso Premio Herralde de novela 2006). Es actualmente uno de los mejores escritores venezolanos y su libro circulará en nuestro país este diciembre.

La trama, difícil de resumir en pocas frases, tiene como eje el testimonio de Chávez en un teléfono celular poco antes de su última operación. Se intenta ocultarlo porque lo muestra como un simple ser humano. Uno de los pocos con acceso al mismo, el oncólogo jubilado Miguel Sanabria, lo describe de la forma siguiente: “Vi a un enfermo, a un ser humano vulnerable y desesperado. Como cualquier enfermo terminal”.

Líneas más tarde lo interrumpe su interlocutora casual, periodista norteamericana:

—Chávez no era cualquiera ¿no?

—Chávez tenía cáncer –le responde el médico.

En otra oportunidad dice con precisión a su hermano chavista: “No me jodas. Chávez es tan ególatra que no soportó estar enfermo él solo. Contagió a todo el país”.

Ahora es el país el que tiene cáncer. El líder se murió, pero no así su enfermedad. Fue contagiosa. Nunca podía estar ausente. Aun después de su partida. Creía asegurase así la eternidad.

Volviendo a la novela, el testimonio es el de un ser humano destruido. Por razones fortuitas ajenas a su voluntad. Por el destino. El pretendido centro de la historia se desintegra por un tumor. La épica se diluye en células malignas.

Pero entre tanto la vida continúa. Dos niños con problemas diferentes se unen por Internet y saben que no es posible volver atrás, regresar. Su única salvación es estar juntos, huyendo del desastre. Pero no saben adónde ir.

El resto es la putrefacción cotidiana que Alberto Barrera retrata magistralmente, a veces excediéndose, otras quedando corto. Pero no es posible otra manera. El relato es también una distancia.

Con Chávez en la distancia ya eso importa poco. Sus gritos, sus chistes, sus canciones han perdido la relevancia histórica, bolivariana, que pretendió otorgarles.

Con el veredicto popular en contra de sus ojos penetrantes que nos han pintado en todas partes, dejó de ser una figura histórica y se transformó en una suerte de animador televisivo de programas ya fuera de moda. Y su heredero mostró que solo era comparsa. Una mala copia del militar golpista que se autoproclamó como revolucionario, del heredero sin barbas de un Fidel Castro senil y decadente. Y condujo al país a la fiesta de un chivo o de un caballo ya sin fuerzas. Se volvió un símbolo de la tragedia de América Latina. De una mitología en la cual las balas superaban a los votos y los fusilamientos sustituían la justicia.

Hoy se ha acabado el mito, ya no se puede hablar de patria o muerte porque la muerte se murió en las urnas de la voluntad democrática del pueblo. Hoy se habla de patria y de futuro. De pueblo y esperanza. Patria y vida.

La novela la terminé de leer el sábado pasado y el mismo día escribí el primer borrador de este artículo. Pensaba en la agonía y muerte de Hugo Chávez. Desde el domingo hay que tener en mente la agonía y muerte del chavismo. O, mejor dicho, en términos de los niños de la novela de Barrera, ¿qué vamos a hacer? ¿Adónde podemos ir?