• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

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Pasos perdidos

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Las medidas económicas anunciadas por el gobierno en la segunda mitad de febrero constituyen un pequeño paso en la dirección correcta. La oposición no lo ha reconocido de manera suficiente. Romper el mito de que el precio de la gasolina era inamovible y de que tocarlo provocaría una conmoción social (lo cual no se ha dado, “por ahora”) constituye un avance frente a los falsos dogmas que hasta el presente han regido la política gubernamental. Asimismo, mover la tasa de cambio de 6,30 bolívares fuertes por dólar, claramente sobrevaluada, puede considerarse una flexibilización de la terca actitud de negar la realidad que hasta el presente había caracterizado al Poder Ejecutivo.

Por otra parte, reconocer que la fijación arbitraria de precios estimula la desviación de productos y el llamado bachaqueo permite pensar que las autoridades no están tan ajenas a la realidad como se creía, aunque las prácticas represivas contra los responsables de la distribución de bienes de primera necesidad se inscriban dentro de la actitud de culpar a otros por los errores propios que mantiene el alto gobierno. (Una vez agotados los culpables ajenos empiezan a aparecer los delincuentes propios, nombrados por ellos mismos: las purgas son parte de la expiación de culpas revolucionarias). Además el aumento insuficiente y mal estructurado de los salarios es solo parte de la dinámica de una inflación exacerbada.

Dicho lo anterior resulta necesario subrayar que los pequeños pasos en la dirección correcta son totalmente insuficientes. No queda claro si el abandono de los dogmas establecidos por el comandante eterno y transmitidos por el pajarito son solo un reconocimiento de la necesidad financiera o, por lo contrario, un inicio de la necesaria flexibilidad que ha impuesto el mantenimiento de dogmas infantiles durante un tiempo más que prolongado y ha desembocado en una crisis económica sin precedentes en nuestro país: alza de precios, escasez, inseguridad y falta de solvencia.

Aunque los pasos iniciados puedan considerarse que van en la dirección correcta, no queda claro todavía si existe la intención de rectificar. Se ha dicho que la tasa de cambio de Simadi será flotante. Pero todavía permanece hundida ante la tasa de cambio informal y no está claro cómo funcionará la flotación. El Banco Central calla sobre cual será su intervención.

En todo caso la apertura de ojos del gobierno puede considerarse como la toma de una aspirina frente a un cáncer. El reconocimiento de un mal, sin aquilatar su profundidad, amplitud y consecuencias.

Peor aún, en otros aspectos se continúan los dislates. La creación de la industria militar petrolera es un disparate, digno solo del antecedente establecido por el nunca suficientemente ponderado general Pinochet. Lo que muestra que algunos mínimos pasos dados en la dirección correcta son solamente pasos perdidos de una dirigencia que no sabe aún dónde se encuentra. Si acaso en la continuación de una revolución frustrada o en la etapa final de una conspiración cívico-militar de poco vuelo.

La amenaza al recurso de la fuerza militar no pasa de utopía. Las fuerzas armadas de Venezuela son parte de la nación. Y en consecuencia no son el monopolio de personas o partidos. Nadie puede atribuírselas. Ni tampoco pueden ellas atribuirse la representación de la nación. Consciente de la crisis económica que vive el país, la población exige que los pasos pequeños, pero perdidos, que ha dado el gobierno se transformen en un cambio de actitud: dejar de lado la soberbia, supuestamente revolucionaria, y escuchar a un pueblo que aspira a la concordia, la normalidad y el progreso. Y así lo hizo saber en las elecciones del pasado 6 de diciembre.

No queda claro si las medidas económicas anunciadas son el tímido inicio de una rectificación o se trata solamente de pasos perdidos ante la abrumadora realidad de la crisis.