• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

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García Bacca

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Hace pocas semanas, comencé a leer el libro Qué es Dios y Quién es Dios, de Juan David García Bacca. Estaba en lista de espera desde hace varios años y de pronto sentí el impulso de iniciar la lectura. Antes, me habían atemorizado la extensión de la obra (600 páginas) y las fórmulas matemáticas que mostraba al hojearla. Pero una vez que me adentré en ella quedé maravillado. Leí las primeras 100 páginas de un tirón, como si se tratara de una novela, admirando no sólo el rigor de los razonamientos y la belleza del lenguaje sino la profundidad del pensamiento. Se trata de una obra de filosofía en serio, sobre un tema propiamente filosófico.

García Bacca terminó de escribirla en 1986, cuando tenía 85 años de edad y en el texto hace referencia a los problemas y conocimientos, particularmente científicos, de ese momento, con los que estaba ampliamente familiarizado. Me impresionó la vitalidad intelectual de este filósofo que había realizado la mayor parte de su vida profesional entre nosotros y que había escrito gran parte de su obra en Venezuela.

La constatación de que era posible abordar los principales problemas de la filosofía aquí en Caracas, desentrañar sus complejidades y proponer posibles respuestas en este rincón del trópico me resultó particularmente estimulante. Me mostró que era posible no quedarse atrapado en la maraña de chismes de Internet. Me inspiró aun un mayor optimismo el hecho de que alguien fuera capaz de escribir una obra de esa envergadura en sus ochenta años.

García Bacca, navarro de nacimiento, español republicano, venezolano, llegó a Venezuela en 1946 y residió en Caracas hasta 1979, cuando se trasladó a Ecuador, país natal de su esposa, Fanny Palacios. Fue profesor de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela y en el Instituto Pedagógico. Por tal razón, una parte de su obra es de carácter divulgativo, desde Elementos de Filosofía, accesible a todo interesado en la materia, hasta Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas. Investigó también sobre la filosofía en Venezuela y publicó una antología y una historia de la filosofía venezolana.

Su erudición y pasión por la filosofía griega le permitieron traducir directamente al castellano Fragmentos Filosóficos de los presocráticos y realizar la proeza de traducir las Obras Completas de Platón. Pudo pensar desde la filosofía de la ciencia (que estudió inicialmente en Alemania) desde la literatura o la música y desde la teología (durante 30 años formó parte de la orden religiosa claretiana). Con esas fuentes conformó un pensamiento propio plasmado en muy numerosas publicaciones, entre ellas una excelente interpretación del humanismo en Carlos Marx.

Qué es Dios y Quién es Dios pudiera considerarse un testamento filosófico. Legado del que tenemos mucho que aprender.

No fui alumno de García Bacca, porque estudié filosofía en Chile. Pero asistí, movido por la admiración, a algunas clases suyas, cuando venía de vacaciones a Caracas. Posteriormente tuve la oportunidad de conocerlo socialmente, por mi amistad con su hijo Francisco García Palacios. Era encantador. Su sabiduría se mostraba en la claridad, finura y precisión de su lenguaje, aun cuando se refiriera a los hechos más simples y cotidianos. Su serenidad, parquedad y modestia denotaban su bondad y buen humor. El único defecto que le percibí es que delante de él uno no podía hablar tonterías, porque en caso de hacerlo el profesor respondía con aguda ironía.

Menciono todo lo anterior no sólo en homenaje al maestro sino porque cuando la ramplonería del debate nacional, la agresividad de sus protagonistas y el predominio del insulto en los discursos incitan a bajar la guardia o a incorporarse en aventuras insensatas, evocar los mejores valores de nuestra patria ayuda a levantar el ánimo. El Nacional lo intentó el pasado lunes. Inevitablemente, faltaron algunos. Entre ellos, destacadamente Juan David García Bacca.