• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

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Espiral inflacionaria

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Una información del sábado pasado en este mismo diario nos señala que el alza de precios fue de 108% durante los 12 meses anteriores al 31 de mayo de este año. No son cifras oficiales, porque estas han desaparecido, pero se citan fuentes extraoficiales, una de ellas cercana al Banco Central.

El aumento cada vez mayor de los precios indica que hemos entrado en una espiral inflacionaria. Esto es, un aumento sostenido y acelerado del nivel general de precios. Como ilustra la noticia reseñada, al cierre del mes de mayo la inflación anual fue en 2012 de 22,6%, en 2013 de 35,2%, en 2014 de 60,9%, según cifras oficiales. Ahora supera el 100%. Lo que significa que vamos de mal en peor.

El problema de la espiral inflacionaria es que es muy difícil de contener y puede conducir a situaciones calamitosas. Tanto por su efecto de erosión del nivel de vida de los asalariados (la mayoría de la población) como por su incidencia negativa en las posibilidades de recuperación de la economía. El aumento de precios tiende a alimentarse a sí mismo. El mecanismo es muy sencillo: para compensar parcialmente la pérdida del poder adquisitivo se aumentan los salarios, lo que a su vez impulsa un mayor aumento de los precios que induce un nuevo aumento de salarios, y así sucesivamente.

Si este mecanismo logra atenuarse mediante políticas económicas adecuadas puede mantenerse la inflación dentro de ciertos límites, dañinos pero no desastrosos. Se produce lo que se llama una inflación crónica, con la que es posible convivir de la misma manera que un lisiado se las arregla con su incapacidad. La inflación crónica suele ubicarse en el orden de 10% a 30% anual, con vaivenes, y puede alargarse por períodos prolongados. Los mecanismos de autoperpetuación del alza de precios mantienen una inercia, pero no se aceleran. Se tiene lo que se llama una inflación inercial.

Pero cuando por la aplicación o continuación de políticas equivocadas (o por acontecimientos externos, tales como una catástrofe natural) se produce una aceleración continuada del alza de los precios tienden a perderse todos los equilibrios económicos y puede desembocarse en la hiperinflación, la cual Wikipedia define de la siguiente manera: inflación muy elevada, fuera de control, en la que los precios aumentan rápidamente al mismo tiempo que la moneda pierde su valor real y la población tiene una evidente reducción en su patrimonio monetario.

Esa es la situación a la cual nos estamos acercando, particularmente si el gobierno nacional persiste en no adoptar medidas económicas de ajuste y en su creencia de que el alza de precios puede aminorarse mediante controles administrativos y represión policial. Una amplia experiencia internacional en la materia enseña que la fijación artificial de precios, el mantenimiento de un valor irreal de la moneda, los racionamientos y los captahuellas (racionamiento del siglo XXI) son inútiles para hacer frente a una espiral inflacionaria.

Lamentablemente, hemos llegado a un extremo en el cual cualquier medida económica para enfrentar tal situación será muy dolorosa. Tómese, por ejemplo, el precio de la gasolina, que parece ser el único de los remedios que el actual gobierno alcanza a comprender. Para acercarse a un nivel razonable habría que aumentarlo de menos de un bolívar por litro a más de 200 bolívares fuertes por litro. Lo que sería intolerable para la población. Por no hablar de la devaluación de la moneda.

Lo anterior no significa que las autoridades económicas puedan mantenerse en la parálisis y la retórica como lo han hecho hasta ahora. Porque mientras tanto la espiral inflacionaria sigue corroyendo la economía y el nivel de vida de los venezolanos, y nos conduce hacia abismos que ya han vivido otros países y afortunadamente la falta de espacio me impide ejemplificar.