• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

Al instante

Eduardo Mayobre

Emprendedores

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Una noticia, aparecida en El Nacional el pasado 23 de agosto, informó sobre un antiguo taxista tachirense que ha convertido en negocio la necesidad sobrevenida a los venezolanos de hacer cola. Según explica la nota, cobra entre 500 y 750 bolívares por hacer fila durante una hora en automercados, farmacias, embajadas o el Cencoex, de día o de noche. El negocio se inició hace 3 meses y actualmente recibe entre 800 y 1.000 solicitudes del servicio por semana, por lo que dispone de una media de 20 colaboradores en Caracas y cada uno de los 4 estados donde se ha establecido. Se trata de un verdadero emprendedor. De alguien que sabe detectar las necesidades y aprovechar las oportunidades cuando ellas se presentan.

La empresa le genera 240.000 bolívares semanales, una vez descontados los 200 bolívares por hora que paga a sus empleados y otros gastos. Se anuncia en la prensa con un calificado que dice: “Hago la cola donde necesite. Trasnochamos por usted por salud, batería, banco o comida”. Crea empleo y cubre necesidades de quienes por falta de tiempo, de salud o paciencia no pueden someterse al calvario de las colas.

Reseño lo anterior con el objeto de resaltar que ante situaciones nuevas casi siempre se encontrarán nuevas respuestas para satisfacer las necesidades o aprovechar las oportunidades que se crean. Estas dependen de las señales que den el mercado o las políticas económicas. Por ejemplo, un tipo de cambio de la moneda a un nivel artificialmente bajo produce necesariamente la aparición de un tipo de cambio paralelo, lo que puede generar ganancias mucho mayores que las percibidas por nuestro emprendedor. Asimismo, el establecimiento de precios excesivamente bajos para algunos productos estimula el llamado contrabando de extracción y puede llevar a hacer fortunas a quienes lo realizan, como se han dado cuenta muchos.

Siempre habrá emprendedores. Su acción puede ser benéfica o dañina. El problema son las señales que reciben. Recuerdo que en la reunión de Seattle de la Organización Mundial de Comercio, en la cual hubo disturbios dispersados con gases lacrimógenos, a un muchacho que iba en bicicleta a su casa con una máscara antigases le ofrecieron cerca de 80 dólares por la máscara que le había costado menos de 20. Se dio cuenta de la potencialidad del negocio y se dedicó el resto del día a llevar en su bicicleta las máscaras y venderlas en el lugar de las manifestaciones, lo que le reportó buenas ganancias. Al día siguiente un periódico local alababa al muchacho y lo consideraba un ejemplo del espíritu emprendedor de los estadounidenses.

De manera que resulta inútil buscar culpables y establecer medidas represivas sin preguntarse cuáles son las condiciones que permiten conductas, muchas veces especulativas y hasta ilegales, pero que en otras oportunidades pueden satisfacer necesidades reales no previstas, como lo hacen el antiguo taxista y el ciclista a los cuales nos hemos referido. La necesidad de encontrar culpables para esconder errores propios puede llegar a extremos insólitos, como cuando después del llamado viernes negro de 1983 se publicaron listas de quienes habían comprado dólares antes de establecerse el control de cambios, lo que era perfectamente legal y permitido.

Hacer cola por otro no es un delito, es un servicio y se puede hasta cobrar por él, tal como comprendió el emprendedor de la noticia. Por lo menos no lo será mientras no se establezca el racionamiento que en otras partes ha dado tan malos resultados y que sólo ha podido ser efectivo durante tiempos de guerra, cuando la conciencia pública se da cuenta de que se trata de una medida extraordinaria. Quiero pensar que todavía no hemos llegado a esos niveles de conflicto.