• Caracas (Venezuela)

Eduardo Mayobre

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Eduardo Mayobre

Salvemos el planeta  

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Hace pocas semanas subía por la carretera de El Junquito y quedé parado en el tráfico frente a un contenedor rebasado de basura y rodeado por metros de desperdicios. Detrás de ellos había un mural con los rostros de Che Guevara y Alí Primera donde se leía: “Quinto mandamiento socialista: Salvemos el Planeta”. La escena me pareció un buen retrato del proceso: palabras altisonantes que encubren el descuido, la arbitrariedad y la ineficiencia.

La pintura mural, de unos 20 metros de largo, a todas luces había sido realizada por una brigada revolucionaria, pues su estética y estereotipos eran los mismos que se repiten a lo ancho del país en la propaganda oficial, supuestamente de carácter popular.

Para cerciorarme del origen gubernamental de la pintura panfletaria consulté el llamado “Programa de la Patria” para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019. Efectivamente, entre sus 5 “grandes objetivos históricos, objetivos nacionales, estratégicos y generales” el quinto es “contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”. Mientras tanto, seguimos donde estamos. Por no decir vamos de mal en peor.

El intento de engaño con las palabras, que parecía una ironía, me hizo recordar el lema que los nazis colocaron en la entrada de varios de sus campos de concentración, destacadamente en Auswichtz: Arbeit macht frei. Su traducción pudiera ser el trabajo nos hace libres. En ese caso no era ironía sino cinismo. La frase tenía antecedentes. Había sido usada a principios del siglo XX por el partido socialdemócrata y sus orígenes filosóficos se remontaban a los escritos de J. G. Fichte, publicados en el siglo XVIII. Pero utilizada en el contexto de los campos de exterminio significaba una burla y un insulto.  

En nuestro caso, “salvemos el planeta y a la especie humana” es un despropósito inmediatamente desmentido con sólo mirar alrededor tanta basura sin recoger.  En un país en el cual la desidia de las autoridades permite que se cometan decenas de miles de crímenes al año y el descuido de una iguana puede dejar sin electricidad a medio territorio nacional, proponerse salvar la humanidad y preservar la vida del planeta es por lo menos una promesa electoral exagerada.

Más o menos del mismo tenor son los otros cuatro objetivos del programa de la patria para el período presidencial 2013-2019, por el cual han jurado jugarse la vida quienes se han apoderado del Gobierno y por el cual nos obligan a gritar “Patria o muerte” (supongo que ya se puede mencionar nuevamente la muerte). De manera resumida, porque están envueltos en una prosa de efemérides de kindergarten, son: 1) independencia nacional; 2) socialismo bolivariano del siglo XXI, para asegurar la mayor suma de felicidad; 3) convertir Venezuela en una potencia en lo social, lo económico y lo político; 4) lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria.

Este es el programa que se ha comprometido a llevar adelante el presidente Nicolás Maduro y considera su deber y herencia ejecutarlo. Ha viajado por medio mundo para pregonar tal evangelio y hasta se ha reunido con el Papa. Ante tan magna tarea puede servirle de consuelo que cuando termine lo que él considera su mandato subsistirá la especie humana y el universo no habrá perdido su equilibrio.

No obstante, además de procurar que no suenen ridículas las consignas hueras y los llamados épicos de su predecesor, tiene la tarea de llevar a realidad promesas incumplidas más tangibles. Por ejemplo, la producción de 6 millones barriles diarios que el Plan Siembra Petrolera prometió para el año pasado o concluir los innumerables ferrocarriles y líneas de Metro anunciados. En esto también se aprecia la manipulación de las palabras. Hace unos 8 años, cuando se inauguró el tramo Caracas-Cúa, iniciado durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, se llenó el país de afiches pregonando que “el ferrocarril une a Venezuela”. Resulta que se trata de un tramo de sólo 41 kilómetros y es el único que actualmente se encuentra operativo.  

Está bien que el Gobierno desee preservar la vida en el planeta y salvar la especie humana y le prometa al pueblo que lo hará en los próximos 6 años. Pero para comenzar debería remover la basura del camino a El Junquito; proveer luz y agua; asegurar el abastecimiento de alimentos básicos para que los niños que conformarán el futuro de la patria lleguen a conocerlo y puedan disfrutar de la mayor suma de felicidad; y reducir las probabilidades de que sean asesinados antes de alcanzar la edad de la razón. ¡Salvemos el planeta!