• Caracas (Venezuela)

Editorial El Tiempo de Colombia

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Volando bajo

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Es una historia que, por desgracia, se repite con frecuencia. Cambian los personajes, las locaciones y los oficios, pero el argumento es el mismo: profesionales, con empleos en empresas prestigiosas, que parecen tener todo para llevar una vida tranquila y sin privaciones caen en la tentación del dinero fácil.

Esta vez, fue la aviación comercial. Con 58 capturas, entre las que se cuentan las de 24 azafatas, las autoridades desmantelaron una banda dedicada al lavado de activos y que se valía de estas mujeres para ingresar al país dólares, producto de negocios ilícitos. Una de ellas al ser aprehendida llevaba consigo el equivalente a 310 millones de pesos.
De nuevo, aquí tenemos a un oscuro personaje que, tras bambalinas, mueve los hilos, Homero Prieto Rivera, alias el Tío; a una intermediaria, Magnolia Ramírez, alias Flaco; cómplices en distintas esferas y, sobre todo, decenas de jóvenes que no midieron las consecuencias de sus actos al decidir tomar un atajo rumbo a una mejor situación económica. La lección es dura. Veinticinco de ellas hoy lamentan tras las rejas haber mordido el anzuelo.
Hay que advertir que, por más tumbos que pueda dar la justicia, quienes incursionan en redes criminales como esta terminan a buen recaudo, con un proyecto de vida hecho añicos y con un drama que se instala en sus familias y que perdura por generaciones. El daño jamás lo compensa el dinero que alcancen a recolectar antes de que un buen día las autoridades los sorprendan.
Sea cual sea su fachada y sea cual sea la actividad ilícita, el crimen organizado siempre estará listo a reclutar incautos y luego ubicarlos en la primera línea. Para que su trabajo sea más difícil, hay que aprovechar coyunturas como esta para recordar que lo que los maleantes ofrecen cuando intentan seducir es un espejismo. El mismo que se convertirá en un pantano del que tardarán años en salir. Si es que lo logran.