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Editorial de El Mercurio Chile | GDA

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Crisis de los inmigrantes

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“Falta Europa en esta Unión y falta unión en esta Europa”, es la frase que escogió el presidente de la Comisión Europea para remecer a los eurodiputados y sensibilizarlos sobre el tema de los miles de extranjeros que llegan a pedir asilo a la UE.

Jean-Claude Juncker proponía admitir a 120.000 refugiados adicionales a los 40.000 que ya aceptaron en junio. Nada de lo que estaba ayer en agenda en la reunión de ministros de Interior parece suficiente para solucionar la crisis humanitaria, producto de las guerras del Medio Oriente. 4 millones de sirios han salido del país, 3 millones están en Turquía, Líbano y Jordania.
A pesar de las muestras de solidaridad de la ciudadanía, no ha sido fácil que los gobiernos europeos se pongan de acuerdo en cómo responder a los cientos de miles de peticiones de asilo. Ayer decidían si aceptan el plan de Juncker: una cuota obligatoria de refugiados para los países miembros, dependiendo de la población, el PIB, el desempleo y las peticiones anteriores de asilo otorgadas.

Alemania recibiría 31.443 personas; Francia, 24.031 y España, 14.931 refugiados, y así según su tamaño. Exiguos números cuando a diario se ven miles de nuevos casos en los puntos de entrada a la UE.

Según la ONU, ya son 400.000 las personas que han ingresado este año, muchas de las cuales serán repatriadas y decenas de miles se quedarán como ilegales.
En términos absolutos, Alemania es el país más acogedor (se comprometió a recibir 800.000 en 2016), si bien en términos de porcentaje de población Suecia lleva la delantera, con 317 por cada 100.000 habitantes.

Así como lideró la búsqueda de soluciones para la crisis del euro (e impuso su dura estrategia), Angela Merkel ha jugado un papel clave en esta situación excepcional, impulsando a sus socios a tomar decisiones dolorosas pero solidarias, recordando los valores europeos y el respeto al derecho internacional.