• Caracas (Venezuela)

Edgar Cherubini

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Edgar Cherubini

La maldición y el milagro

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En julio de 2006, se precipitaba sobre Israel una lluvia de cohetes Qassam lanzados desde la franja de Gaza y una serie de ataques terrestres eran perpetrados por la organización terrorista Hezbollah, brazo armado de Irán en Líbano, desatando la respuesta militar de Israel en lo que se conoce como la Guerra del Líbano.

En esos días y en plena escalada del conflicto, Warren Buffett invirtió 4.000 millones de dólares en Iscar, una empresa israelí de alta tecnología, fabricante de instrumentos de precisión. Un periodista le preguntó con asombro, por qué había invertido en un país tan pequeño, amenazado por Irán de hacerlo desaparecer del mapa y atacado a diario por sus vecinos, a lo que Buffett respondió: “Yo apuesto por la gente que invierte en su gente, no por la gente que apuesta por dinosaurios muertos”, en clara referencia a Irán.   

Mientras los terroristas palestinos continúan sus ciegos ataques a Israel y la izquierda planetaria solo está pendiente de condenar a los israelíes cada vez que se defienden, se produce, por el contrario, una escalada de inversiones sin precedentes hacia ese país. Según el Dow Jones Venture Source (2008), las 4 economías importantes después de Estados Unidos, en la atracción de capital emprendedor estaban: Europa 1,53 mil millones de dólares, China 719 millones de dólares, Israel 572 millones de dólares y la India 99 millones de dólares. Israel, con 8 millones de personas atrajo casi tanto como China, con 1,3 mil millones de habitantes.

En 2013, empresas extranjeras, en especial start-ups companies   invirtieron 6 mil millones de dólares para asociarse a firmas israelíes. En ese mismo año la exportación israelí de alta tecnología representó cerca de 35.700 millones de dólares. Israel mantiene una balanza comercial exitosa con 165 países.

Odio al éxito

En la lista de los países ricos y pobres basada en el PIB (PPA) per cápita que el Banco Mundial elabora anualmente, Israel figura en 2013 en el puesto N° 28 con un PIB de 36.151 dólares; Venezuela en el puesto N° 72, con un PIB de 14.415 dólares e Irán, el enemigo declarado de Israel, mucho más abajo, con 4.763 dólares.

Es inevitable hacer una comparación con Venezuela, debido a que el régimen chavista desde el año 2005 hizo público su odio a Israel e incrementó sus alianzas estratégicas con Irán, Palestina, Hamas y Hezbollah, convirtiéndose en una especie de fundamentalista tropical enemigo de los judíos: “Maldito seas Estado de Israel, te maldigo desde el fondo de mi alma y de mis vísceras” (Hugo Chávez, 02/06/2010).

Israel es un pequeño país mediterráneo con una superficie semidesértica de 20.770 Km2, sin recursos hidráulicos ni petróleo, arrinconado entre Jordania, Palestina, Egipto, Líbano y Siria, con una población de apenas 8.120.300 habitantes, asediado históricamente por los países árabes, amenazado por Irán y atacado a diario con cohetes por organizaciones terroristas como Hamas y Hezbollah, que han jurado no descansar hasta culminar su destrucción y desaparición de la faz de la tierra.  Sin embargo, la Organisation de Coopération et de Développement Économiques (OCDE), el club de las más avanzadas economías del mundo, dice que “Israel es el país más atractivo para las inversiones, de mayor crecimiento económico e históricos bajos niveles de desempleo”. Para ellos, ser pobre es malo.

Venezuela, por el contrario, luce como un gigante con sus 916.445 km2 de superficie, con las reservas de petróleo más grandes del planeta, pletórica de recursos naturales de todo tipo y una población de 28.047.938 habitantes, sin que ningún enemigo lo esté atacando a diario con misiles ni kamikazes. Resulta curioso que un país cuyas ganancias producidas por el comercio del petróleo haya sido de aproximadamente 600.000 millones de dólares en 16 años, presente hoy tan desesperanzador cuadro de pobreza, escasez, improductividad y marginalidad en todos los órdenes del desarrollo mundial.

Del cultivo de naranjas a la nanotecnología

Según David Mandel, a pesar de las guerras, con su gran costo humano y económico, de la campaña de terror, de sus enemigos externos e internos, y de los boicots, Israel hoy es una potencia económica. El Estado de Israel fue creado en 1948 y la economía del país en sus primeros años estaba basada en la agricultura, 60% de las exportaciones eran naranjas. Los agricultores israelíes inventaron nuevos métodos de irrigación, en ganadería consiguieron que sus vacas fueran las campeonas del mundo en dar leche, aumentaron en 160% el área cultivada y en 800% el área irrigada utilizando la tecnología de convertir el agua del mar en agua potable. La exportación de artículos agrícolas subió de 20 millones de dólares en el año 1950 a 1.200 millones de dólares en el año 2009.   

Entre los factores del éxito israelí, Mandel cita la liberalización de la economía que terminó con los obsoletos principios socialistas que habían regido en el país desde sus comienzos. Habría que añadir el reposicionamiento que pasó de ser un Estado benefactor a un Estado emprendedor que invierte en conocimiento.

Otro factor a considerar en relación con el éxito israelí, son sus universidades, algunas de ellas decididas a convertir a Israel en el líder mundial en nanotecnología, con el fin de crear nuevas aplicaciones en medicina, electrónica, biomateriales y producción de energía. “Hoy en Israel 220 científicos, 750 estudiantes de doctorado y 850 estudiantes de maestría se especializan en nanotecnología. En los últimos 6 años 101 científicos de reputación internacional se han integrado a las universidades israelíes. En los últimos 3 años se han publicado en Israel más de 7.500 artículos sobre esta tecnología. Se han creado numerosas startups y se han registrado más de 860 patentes” (Mandel).

Recientemente, Haifa fue calificada la ciudad más “inteligente” del Medio Oriente por el IESE Business School de la Universidad de Navarra en Barcelona, una encuesta anual que clasifica las ciudades con base en las categorías de innovación, sostenibilidad, calidad de vida, gestión cívica, tecnología, economía, empleo y capacidad para atraer a personas con talento. Haifa, tiene una superficie de 854 Km2 y 250.000 habitantes. Sus escuelas, universidades y parques tecnológicos están a niveles de excelencia. Esta pequeña ciudad ha producido el mayor número de premios Nobel de ciencia y tecnología que cualquier otra ciudad en el mundo.

Invertir en conocimiento o despilfarrar en ideología

El periodista de The New York Times y premio Pulitzer Thomas L. Friedman, a propósito de la inversión de Buffett en Israel, escribió: “Los países petroleros dependen militar y económicamente de extraer petróleo de la tierra, de dinosaurios muertos. La energía económica y militar de Israel es hoy enteramente dependiente en extraer inteligencia de su gente, un recurso renovable” .  

Es dramático el contraste entre Israel y Venezuela. Mientras un régimen militar con expresa línea dictatorial como el chavismo, invierte en un modelo político y económico idéntico al comunismo cubano, un país democrático como Israel, invierte en conocimiento hacia un futuro sustentable. Según Juan Enríquez Cabot, “los imperios del futuro son los imperios de la mente. Los países más ricos no son, como antes, los que tienen más recursos naturales, sino los que están mejor equipados educativa y tecnológicamente”.
La ignorancia del régimen chavista y de los cubanos que lo dirigen no les permite ver que el mundo está transitando de una economía de bienes básicos a una economía del conocimiento. “Aquellos pueblos que siguen tratando de competir vendiendo materias primas sin conocimientos, son cada día más pobres. Una economía no solamente puede mover la riqueza física, reservas e inversiones, sino que también puede mover la riqueza intelectual”, afirma Cabot.

El chavismo, un despropósito nihilista

Venezuela, se ha quedado rezagada en las nuevas tendencias del desarrollo, de las innovaciones y en general de la creatividad necesaria para enfrentar los retos que representan los nuevos paradigmas de la civilización. En su fanatismo, el régimen chavista ha excluido a gerentes, técnicos, investigadores, científicos e intelectuales que representan los activos más valiosos de cualquier país, suplantándolos por activistas y fanáticos, empeñándose además en hostigar y destruir las universidades, fraguas del pensamiento plural. Han agotado inmensos recursos y un valioso e irrecuperable tiempo en mitos populistas sin sentido.
Destruyeron la producción agroindustrial de varias generaciones, borraron los límites entre gobierno, Estado, nación y partido, ocupando las instituciones y negando la posibilidad de un pacto social que es la única herramienta de búsqueda de soluciones colectivas concertadas para aglutinar las individualidades en una causa común de país. En pocas palabras, han roto la cadena ecológica de la democracia en un despropósito desatinado y nihilista. Luego del despilfarro y robo de cientos de miles de millones de dólares y tras 16 años a la deriva, sin posicionamiento y sin objetivos ciertos de desarrollo, Venezuela está comenzando a estremecerse en su debilidad y aislamiento.

¿Cuál será el destino de Venezuela? Israel ha dado un ejemplo de cómo en pocos años un país puede alcanzar el desarrollo si se lo propone. El renacimiento solo será posible en democracia, con la participación y voluntad política de mentes lúcidas que decidan corregir el rumbo incierto que ha predominado hasta el presente. Habría que comenzar por superar la pobreza mental imperante durante todos estos años y en vez de maldecir a Israel, preguntarse qué hacer para lograr un milagro semejante al de Israel, para poder salvar a Venezuela.


edgar.cherubini@gmail.com