• Caracas (Venezuela)

Edgar Cherubini

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Grecia: populismo, corrupción y deuda

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Los políticos griegos, en alianza con militares, empresarios, corporaciones multinacionales de armas y bancos, hundieron a Grecia en el pantano de la deuda. Lo cínico del asunto es que ya se alzan las voces que claman por su condonación, pero nadie habla de investigar la maraña de corrupción montada por los que desfalcaron a ese país, porque se trata de una sociedad de cómplices como las que conocemos en Latinoamérica. Otra vez los platos rotos los paga el pueblo desinformado y de nuevo toman el poder quienes alientan el resentimiento y el odio en vez de las transformaciones profundas. Es una historia que se repite una y otra vez. El pueblo como excusa, como señuelo en el anzuelo del populismo y a la vez corresponsable de su propia desgracia.

La crisis económica global que comenzó en el 2008 y que se prolonga hasta nuestros días, denominada “la gran recesión”, cuya causa es atribuida al neodarwinismo de las corporaciones financieras y su voracidad en el manejo de una economía irreal, originó quiebras, nacionalizaciones bancarias, intervenciones de los bancos centrales de las principales economías desarrolladas, descalabros en las cotizaciones bursátiles y un deterioro de la economía global real que hizo entrar en recesión a algunos de los países industrializados y ha tenido consecuencias devastadoras en economías débiles, construidas sobre arena por políticos inescrupulosos como ha sido el caso de Grecia.

En 2010, poco después de ser elegido el socialista Papandreus como primer ministro, reconoció que las cifras de déficit habían sido falseadas por la administración anterior de centro derecha, pasando del 3,7%, límite máximo exigido por la UE, a 14% del PIB, anunciando una inminente quiebra y el comienzo de la pesadilla. Los salvatajes de la Zona Euro y del FMI por 110.000 millones, así como las garantías públicas y la inyección masiva de dinero a los bancos, a costa de los contribuyentes europeos, lograron retardar el desenlace que comenzó en 2010 y que continúa en el presente.

El rescate de los bancos

Los bancos privados de Europa tienen una gran responsabilidad en relación con el endeudamiento de países como Grecia y los excesos que causaron la recesión, la crisis y los elevados déficits públicos. Utilizaron el dinero que a bajo costo les prestó el Banco Central Europeo para aumentar los préstamos a tasas cada vez más altas, para conseguir aún beneficios superiores. Y cuando los bancos se asustaron por la situación, las autoridades políticas y monetarias vinieron otra vez en su rescate, mediante la creación de un "Fondo Europeo de Estabilidad Financiera" destinado a permitir que siguieran pagando su deuda sin chistar. La UE no estaba rescatando a Grecia, sino a los bancos.

Los griegos cambiaron de monstruos en medio de su pesadilla.

Desde que Tsipras y la alianza radical de izquierda Syriza ganaron las elecciones en enero de 2015, han estado reclamando a las instituciones europeas un nuevo rescate para inyectar liquidez a los bancos y enfrentar los pagos pendientes al FMI y al Banco Central Europeo, exigiendo también la reestructuración de la deuda que asciende a 315.000 millones de Euros, lo que equivale a 175% de su PIB y que, según alerta el FMI, se aproximará a 200% del PIB. Mientras las instituciones europeas piden esfuerzos, reformas y un plan de austeridad, los líderes de Syriza han desarrollado una estrategia de victimización mientras descalifican a la UE, intentando no dar marcha atrás a sus promesas populistas y chantajear con su posible salida de la Zona Euro.

Entre las exigencias de la UE destacan la reforma del sistema impositivo ya que 70% de la población griega no paga impuestos o declara fraudulentamente. En un país sin independencia de instituciones y organismos es imposible perseguir el fraude fiscal y combatir la corrupción. Tsipras ha prometido una revisión del gasto público, de la extendida burocracia que equivale a 10% de la población, así como recortes en el gasto social, como son las reformas de las pensiones para asegurar su sostenibilidad, ajustes en el IVA, un ambicioso plan de privatizaciones exigido por la UE de 55.000 millones en un fondo de activos, entre otros; sin embargo, Tsipras y la UE no han mencionado el inmenso gasto militar considerado como una centrífuga de corrupción causante, en gran medida, de la debacle financiera del Estado.

Militares, armas y corrupción

Grecia es un pequeño país, pero representa un bastión estratégico para la OTAN ya que en su territorio están emplazadas bases vitales para el control del Mediterráneo y para las operaciones en Medio Oriente. Pese a ser miembro de la alianza militar, ese país se ha convertido en el segundo comprador de armas en Europa y quinto en el ámbito mundial, un jugoso mercado para los fabricantes de armamentos.

Antes de que estallara la crisis, el gasto militar superaba 4% del PIB, mientras que el de los países europeos se situaba en 1,6% del PIB. Con 11 millones de habitantes, tiene un ejército de 150.000 soldados y, como ejemplo del despropósito, duplica a Alemania en la cantidad de tanques de guerra.

Entre países que venden armas a Grecia se encuentran los siguientes: Estados Unidos, 42%; Alemania, 25.3 %; Francia, 12.8 %; Italia, 3.2%; Inglaterra, 2.6%. Rusia le ha vendido tanques de guerra y sistemas de defensa aérea en negociaciones inescrutables.

En medio de la crisis financiera de 2010, que colocó al país en bancarrota, Grecia acordó una negociación con Alemania por la suma de 1.000 millones de Euros como pago inicial para la compra de 6 submarinos. Negoció 6 fragatas y 15 helicópteros con Francia, además de los 12 F-16 comprados a Estados Unidos, sin mencionar los 1.500 tanques de guerra y sistemas de misiles adquiridos en esos años a través de complejas y oscuras negociaciones dirigidas por políticos y militares en alianzas con corporaciones y bancos. El gasto militar alcanzó la cifra de 16.000 millones de Euros, mientras su economía se reducía en 25%. Parte de los salvatajes financieros fueron utilizados en pagos y avances para la compra de más armamento.

Quid pro quo

Tanto Francia como Alemania, los dos países que negociaron con Grecia para lograr un acuerdo e impedir el “Grexit” o la salida de Grecia de la UE, han estado al mismo tiempo realizando negocios de venta de armas con ese país, a sabiendas que está en quiebra desde 2008. Mientras la UE elabora un programa de ayudas, las corporaciones que se mueven detrás de este escenario impiden recortar los gastos de defensa, pues eso equivaldría al mismo monto del salvataje que la UE deberá desembolsar para reflotar al país.

En abril de este año, cuando la Unión Europea se rasgaba las vestiduras ante la debacle financiera de Grecia que entraba en default técnico, Panos Kammenos, ministro de Defensa del gobierno de Tsipras, negociaba en Rusia la ampliación del sistema de misiles defensivos Tor-M1, Kornet y S-300, en una negociación a puertas cerradas. Concluimos que la hipocresía está enraizada en unos y otros, pero es más conspicua en el gobierno de Syriza, pues Tsipras ha estado negociando ayudas financieras a cambio de medidas de austeridad. Pero él y su partido de “indignados sociales” han pasado por alto recortar el gasto militar. La UE ni siquiera menciona a la gallinita de los huevos de oro.

La razón de fondo es que los organismos internacionales, gobiernos, políticos y militares se han convertido en vasallos de las corporaciones multinacionales, negociando sus valores éticos a cambio de jugosos contratos y comisiones. Muchas de esas transnacionales de armamentos dominan los lobbies internacionales a su antojo, no solo en lo que se refiere a la economía global, sino a la política interna de las naciones.

Por todo esto podemos afirmar, junto a Nicholas Murray Butler, presidente de la Pilgrim Society: “El mundo se divide en tres categorías de personas: un muy pequeño número que produce acontecimientos, un grupo un poco más grande que asegura la ejecución y mira cómo acontecen y, por fin, una amplia mayoría que no sabe nunca lo que ocurre en realidad”.

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