• Caracas (Venezuela)

Edgar Cherubini

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Corina Höher y los códigos de la luz

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En nuestros días, arte y ciencia se entrelazan en una suerte de efecto sinérgico en busca de un objetivo estético. El artista fabrica arte nutriéndose de las posibilidades que le ofrecen la ciencia y las innovaciones tecnológicas, integrándolos a su discurso en forma utilitaria.

La propuesta de Corina Höher (1987) explora el movimiento de la luz y la energía del color a partir de los siguientes interrogantes: “¿Cuál es la anatomía de color?”; “¿cuáles son los códigos ocultos en la arquitectura de la luz?”; “¿cómo estamos programados para percibir esta información?”. De esta forma, Höher elabora un discurso asertivo que la ha llevado a investigar el fenómeno de la luz, incursionando en el arte con una novedosa propuesta cinética. “He logrado desestabilizar el plano para crear variaciones dinámicas de carácter universal. En mi obra interactúan colores y formas en frecuencias precisas generando movimiento, lo que evidencia la relación entre el color y la intensidad de la onda luminosa, es decir el color como energía”.

En la conversación que sostuvimos sobre la sinergia entre arte y ciencia, la artista expresó: “Jesús Soto decía que el hombre de ciencia descifra los estados mensurables, mientras que en paralelo, los artistas descifran el estado sensible del cosmos. Pienso que hay un umbral donde el arte, la ciencia y la tecnología coinciden en una agenda común en la búsqueda de la comprensión de nuestra conciencia, así como del tiempo y el espacio en el que vivimos”.  

La obra de Corina Höher conlleva una carga de reflexión a la que se suma una poética del movimiento.  Sus experimentos y propuestas sobre las percepciones visuales parten de la abstracción geométrica, recuperan con inteligencia espacios del op-art y se adentran en el cinetismo con audacia.

“Los ritmos cinéticos son las formas básicas de nuestra percepción del tiempo real”, esta afirmación la encontramos en el Manifiesto Realista (1920), de Naum Gabo y Antoine Pevsner, creadores del concepto “cinetismo”. Esta cita tiene que ver con la propuesta de Höher, ya que es una abstracción geométrica que no permanece estática en el plano y que se vuelve animada, mutante, viva ante nuestros ojos. La luz actúa como agente del movimiento y este modifica el espacio y el tiempo perceptual. Los segmentos retroceden o basculan produciendo ondas abstractas, mientras avanzan en el espacio constructivo del soporte permitiendo que el espectador interactúe a su antojo con la obra, que se encuentra en constante mutación.

Cuando el curador Joel Houston observó Blaze, obra emblemática del op-art, de la artista inglesa Bridget Riley (1931), en la que, rítmicamente, líneas entrelazadas se mueven ilusoriamente dentro de un círculo, creando además el efecto de profundidad, argumentó: “Blaze se dispara como con un gatillo en el espectador, es el equivalente a una descarga eléctrica atmosférica, no es una ilusión óptica, es un evento”.

“Eso mismo es lo que yo propongo –expresó Höher– que el espectador presencie un evento, ya que desde cada ángulo del que se observa la obra ocurren diferentes situaciones, debido a las sombras, los reflejos, los colores y los movimientos virtuales que cada cerebro procesa de manera distinta. El espectador se convierte en testigo de un evento, de una realidad espacio-temporal de instante en instante”.

Con la repetición de líneas segmentadas en ángulos determinados, transformo el plano bidimensional en una tercera dimensión virtual. El efecto moiré ya fue utilizado por maestros como Jesús Soto y Bridget Riley, entre otros artistas inspiradores de mi trabajo. Pero son las reflexiones de Cruz-Diez las que me animan. El artista afirma en su libro Reflexión sobre el color: “La información adquirida sobre el fenómeno de la percepción me hizo entender que enfrentando el ojo a situaciones críticas podría desestabilizar el plano y generar la inestabilidad necesaria para lanzar el color fuera de la obra”.  Esas reflexiones me motivaron a investigar el mecanismo de la visión y el campo de las percepciones, atinando a encontrar una sinapsis funcional entre el efecto moiré y la Ilusión Zöllner[1]”.  

Mediante serigrafías sobre papel y aerografías sobre acrílico transparente, las obras de Höher generan un efecto óptico que se activa en el instante de la observación. “Debido a que el ojo humano al tratar de buscar orden en el caos que generan los segmentos rectilíneos reiterativos y las intersecciones donde confluyen líneas paralelas con perpendiculares, el cerebro activa un proceso de interpretación creando una abstracción, al percibir las líneas rectas como ondas en movimiento frecuencial. El resultado es un efecto cinético propiamente dicho, al interactuar la obra con el punto de vista y desplazamiento del observador”.

En nuestro encuentro, conversamos sobre las percepciones, mencionando lo que la artista inglesa del op-art Bridget Riley afirmó en una oportunidad: “Siempre he creído que la percepción es el medio a través del cual los estados del ser se experimentan directamente”. Al preguntarle a Corina qué pensaba sobre esta afirmación, la artista respondió: “Aun cuando estoy de acuerdo con este pensamiento, opino que hace falta mencionar lo que no percibimos, eso que existe como experiencia indirecta y está fuera del reino de nuestros sentidos. El ojo humano tiene un rango muy limitado con respecto a lo que puede percibir, la ciencia y la tecnología nos han permitido establecer una comunicación con lo que no podemos ver, lo que está más allá de lo perceptible. Los campos magnéticos son un ejemplo de lo que no podemos ver pero gracias a la ciencia hemos comprobado su existencia.

“El ojo humano es una herramienta de comunicación espectacular, pero limitada. Los estados del ser de los que habla Bridget Riley se manifiestan en un mayor rango con el uso de nuevos métodos y técnicas que nos brinda la ciencia y la tecnología.

“Mediante la representación del movimiento de las ondas de luz, yo exploro la manera de comprender las energías invisibles, las que forjan el universo y la vida en el espacio y tiempo de las cuatro dimensiones en las que vivimos”.

Al preguntarle por sus proyectos en progreso, la artista respondió: “En estos momentos estoy trabajando en hacer un poco más evidente para el ojo humano el fenómeno de la radiación electromagnética. También estoy desarrollando una escultura manipulable a gran escala que consiste en un fragmento de una onda electromagnética que interviene la luz en el espacio. Todo esto lo combino con estudios sobre la polarización de la luz y sus efectos en la percepción, las mutaciones, la frecuencia, la energía y el momentum del color”.

Egresada cum laude de la Miami International University of Art and Design, Corina Höher desarrolla su trabajo en Espace Expression, situado en Wynwood, en el corazón del Miami Art District, un centro de arte enfocado en exposiciones temáticas sobre arte moderno y contemporáneo. Sus salas y talleres presentan una nueva manera de abordar y reunir artistas consagrados, con énfasis en las propuestas de jóvenes creadores como Corina Höher.

 

(1) En la Ilusión de Zöllner (Zöllner illusion) las series de líneas modifican su paralelismo por la influencia de pequeñas rectas oblicuas.