• Caracas (Venezuela)

Edgar Cherubini

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Edgar Cherubini

La historia se repite dos veces

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El socialismo en Francia confrontó esta semana la tercera debacle en lo que va del año, al ser desplazado por la derecha en las elecciones del Senado (UMP, UDI, otros). Esto ocurre después de la decepcionante derrota en las elecciones municipales y el triunfo de la ultraderecha francesa en la votación para el Parlamento Europeo. A esto se suma que esta semana el Frente Nacional ganó dos escaños en el Senado, cosa que sucede por primera vez en la historia de esta institución.

En tal sentido, son tan fuertes las alarmas que ya es un hecho la gestación de un “frente común” para contrarrestar a la ultraderecha en las próximas elecciones presidenciales de 2017. Es el mismo pánico que cundió durante las elecciones de 2002, cuando los socialistas se vieron obligados a apoyar la candidatura de derecha de Jacques Chirac, ante un Jean Marie Le Pen mordiéndole los talones en la primera vuelta electoral con apenas dos puntos de diferencia.  Le Pen llamó a votar a los “patriotas franceses contra la decadencia que golpea nuestro país”.  François Hollande, quien en ese entonces era el secretario del PS, pidió a la militancia socialista ir a votar por Chirac: “Un voto del deber, porque somos republicanos y demócratas”, preocupado por la abstención y el “voto castigo” o “voto destructivo contra el establishment”, como lo calificaban algunos. Nicolas Sarkozy, quien en ese entonces era uno de los lugartenientes de Chirac, responsabilizó al Partido Socialista del desastre: “La fortaleza de la extrema derecha se debe al resultado de cinco años de inacción”. Doce años después, en 2014, es el mismo Sarkozy quien se presenta como el “salvador de Francia” ante la amenaza que representa el Frente Nacional. Con razón en el programa humorístico de gran rating en Francia, Les guignols de la télé, no cesan de parodiar a los dirigentes políticos, percibidos como si fueran cortados con el mismo patrón del desacierto, la corrupción y el despropósito. Sobre la pérdida del discurso de la izquierda francesa, Jean-Claude Michéa, en su libro Les mystères de la gauche, realiza un cáustico análisis de la izquierda en el poder, indicando que hay una fagocitosis de los ideales de la derecha que la convierten en un “ente indiferenciado” en el panorama político. “La crítica a los desmanes del capitalismo hoy en día puede ir de la mano con una crítica a la izquierda en el poder”, afirma.

Los socialistas, cuando les toca gobernar, pareciera que utilizan siempre el mismo guión que los ha hecho fracasar una y otra vez, sin entender que la gente está harta de una dirigencia que ha sido incapaz de desprenderse de sus camisas de fuerza ideológicas y de reinventar la política. En el escenario actual y salvando las distancias, pareciera que estuviéramos viendo la misma película del primer mandato de François Mitterrand (1981-1988), que se inició con un proceso feroz de nacionalizaciones incitado por el ala comunista, que produjo una debacle económica, desempleo y la fuga de empresas hacia Estados Unidos e Inglaterra.  La inversión privada cayó a niveles nunca vistos, las empresas nacionalizadas comenzaron a recibir enormes subsidios estatales para producir con pérdidas, el déficit del Estado y la inflación aumentaron, alimentando una incertidumbre generalizada. Los socialistas pagaron caro las consecuencias, al ser derrotados en las parlamentarias de 1985. Por otra parte, algunos analistas observan que la falta de políticas firmes en relación con la inseguridad y la decisión populista tomada por Mitterrand de regularizar masivamente a los inmigrantes sin papeles para favorecer su inserción en el mercado de trabajo y disfrute del sistema de seguridad social, fue la que motivó la creación del ultraderechista Frente Nacional. Con la opinión pública en contra, Mitterrand se vio obligado a tomar una decisión azarosa al nombrar primer ministro a Jacques Chirac, representante de la derecha conservadora, quien de inmediato comenzó a lanzar salvavidas al revertir las nacionalizaciones e incentivar las privatizaciones de las empresas del Estado. Las que fueron desnacionalizadas prosperaron casi de inmediato.

En relación con esa pasada “cohabitación” de los socialistas con la derecha, hay que decir con franqueza que François Hollande no es Mitterrand y Manuel Valls, del ala intrépida de su mismo partido, no es Chirac. Los intentos de Valls de separarse de la visión dogmática del PS declarándose “social liberal” y fanático de la “tercera vía” de los laboristas ingleses, tratando de revertir las erradas políticas económicas y el desencanto generalizado de la gestión de Hollande, lucen cuesta arriba, debido a la influencia que tienen los guardianes del templo marxista dentro del Partido Socialista que le reclaman airadamente las propuestas centristas, por más razonables que estas sean.

En relación con la necesidad de construir un nuevo frente que aglutine a la derecha con el centro y la izquierda, recordemos lo que dijo Karl Marx: “La historia se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa”. Los franceses decidirán entre ambas opciones en las elecciones presidenciales de 2017.


edgar.cherubini@gmail.com