• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

Al instante

La oposición somos todos

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Venezuela vive tiempos de drama. La gente, en su mayoría jóvenes bien preparados, emigra del país. Los alimentos, medicinas y bienes de la más amplia gama escasean, y eso desespera a los que seguimos acá. La inflación no da respiro a los cada vez más menguados sueldos en bolívares. Peor aún, la devaluación de nuestro signo monetario rebaja la calidad de vida a niveles cercanos a los de las sociedades de más precarios ingresos. Estamos encarcelados en nuestras casas por culpa de la delincuencia desatada. La censura y acoso a los medios de comunicación nos limita la información como nunca antes. La violación de los derechos humanos es moneda común del régimen. La corrupción desbocada e impune campea entre la nomenklatura del gobierno. El control de cambios funciona como fuente de enriquecimiento ilícito de supuestos revolucionarios que, en puestos claves, administran el sistema y de unos cuantos empresarios boliburgueses. Más y más miembros de los cuerpos de seguridad, en extremo mal pagados, han sucumbido al dinero fácil que deriva de diferentes formas delictivas. La justicia está politizada como nunca antes. Los militares honestos de nuestra Fuerza Armada Nacional son puestos de lado, siendo obligados a ver y callar, y los máximos jefes no tienen empacho para renegar, en contra de lo que expresamente establece la Constitución, de su condición profesional, sin militancia política.

En ese cuadro cochambroso, y después del llamado a manifestar pacíficamente que hicieron López y Ceballos desde la cárcel, la MUD aparece en una postura debilitada por la posición que adoptó al respecto. Es inevitable entonces que el pesimismo cunda, especialmente entre los que se ubican en el centro de los dos extremos. Pero el fervor del cambio se respira por todas partes y crece como una hermosa hiedra. Las encuestas son una expresión rotunda de ese sentimiento. Algunos analistas, sin embargo, afirman que muchos de los que han dejado de apoyar al gobierno no han dado el paso de proclamarse o identificarse como opositores. Estos siguen un criterio muy básico: “Tarzán no se suelta de la liana hasta agarrarse bien de la otra”. Pero eso, el agarrarse de la nueva liana, al final ocurrirá porque nadie quiere vivir en peores condiciones y observando con profundo dolor cómo la diáspora de la familia venezolana no deja de crecer. Todos tenemos un nieto, un hijo, un hermano u otro pariente que se ha marchado a otra tierra en búsqueda de lo que aquí se le niega. Y cada vez son más los compatriotas que quieren seguir los mismos pasos, a pesar del desgarro que eso implica.

La MUD, con sus limitaciones extremas, ha hecho grandes esfuerzos por convencer y conseguir el apoyo de la mayoría descontenta con el estado actual de las cosas. Algunos piensan que no lo ha logrado. Pero si somos conscientes o pensamos que no lo ha conseguido cabalmente, no podemos limitarnos a criticar y lanzar dardos hirientes a los líderes que la integran. No olvidemos entonces la experiencia de la huelga petrolera y la decisión de no participar en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2005; en ambos casos, la decisión se impuso por abajo y el resultado fue catastrófico para la oposición entera. La unidad se logra por abajo y por arriba, toda vez que la oposición somos todos, incluso los que no ejercen liderazgo alguno. Por eso, como seguidores de un mismo ideal, tenemos hacer nuestro el eslogan de “todos para uno y uno para todos”.

Los que están inconformes con la situación que vivimos y que no se sienten identificados con el liderazgo de la MUD están obligados también a hacer su aporte y poner su granito de arena en esta lucha final, definitiva y definidora del país que queremos. Al término del día, el surgimiento de una alternativa opositora diferente a la MUD o la abstención en las próximas elecciones solo beneficia al gobierno. Todos, pues, tenemos que contribuir al rescate del país al que aspiramos, en la medida de nuestras capacidades y recursos. Y lo debemos hacer porque Venezuela está en la esencia de cada uno de nosotros.

 

@EddyReyesT