• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

Al instante

Las medidas que hay que adoptar

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En nuestro artículo de la semana pasada (“¿Emergencia económica o cambio de rumbo?”), señalamos que la situación que actualmente padecemos los venezolanos es el resultado de equivocadas políticas económicas y públicas puestas en práctica por los gobiernos de Chávez y Maduro. En dicho escrito detallamos las absurdas acciones que se llevaron a cabo, cuyos polvos trajeron estos lodos. Concluimos dicho texto diciendo que se imponía entonces un cambio de rumbo, tema del cual nos ocuparemos hoy.

La primera acción que el Gobierno debe ejecutar es la derogación del régimen de control de cambio que se estableció el 5 de febrero de 2003 y que el próximo viernes cumplirá trece años. Nunca antes un régimen de este tipo se había extendido por tanto tiempo en Venezuela, ni le había causado tantos perjuicios a la ciudadanía y el Fisco Nacional. Por un lado, dicho control fue el responsable de los bajos precios de los bienes producidos en el país (combustibles, alimentos, medicinas, etc.), lo que desembocó en un creciente contrabando de extracción de los mismos hacia nuestros países vecinos. La fuga de recursos por esa vía ha sido realmente incuantificable. Por otra parte, como ha ocurrido en el pasado, pero esta vez potenciado por los enormes ingresos que tuvo el Estado hasta hace poco, el control de cambios ha sido un gran incentivo para la corrupción. El ex ministro Jorge Giordani, responsable en buena medida de tan astringente política, denunció meses atrás que Cadivi, órgano encargado de aprobar las divisas para realizar importaciones, autorizó la entrega de 20.000 millones de dólares para compras de bienes e insumos que nunca se realizaron. El agravante del hecho es que el Gobierno no ha recuperado ni un dólar de los concedidos, ni ha encarcelado a uno solo de los bolivarianos defraudadores. Podemos estar seguros de que esa cifra es apenas la punta de un iceberg que se hunde muchísimo más abajo de su línea de flotación.

La segunda medida que se debe adoptares revertir el financiamiento monetario que ha otorgado el Banco Central de Venezuela (BCV) al Gobierno y Petróleos de Venezuela (Pdvsa). En el caso del primero, la acción se ejecutó a partir de la reforma que se le hizo a la Ley del BCV en 2005, con el propósito de sustraerle periódicamente una porción de sus reservas internacionales “excedentarias” y traspasarla al fondo de estabilización que se creó para ese propósito (Fonden). De entrada, al aprobarse la reforma legal, el BCV se vio obligado a poner a la orden del Ejecutivo Nacional una porción de reservas internacionales (5.000 millones de dólares) sin sustraerse del torrente circulatorio la contraparte de bolívares correspondiente, puesto que cada dólar que entra a dichas reserva genera un pago en bolívares por parte del instituto emisor. En los años posteriores y hasta la fecha, el BCV entregó al Fonden más de 50.000 millones de dólares. Esa falta de contrapartida hizo que la base monetaria perdiera respaldo en términos de la alícuota que le corresponde de las reservas, lo que en la práctica le restó solidez a la moneda. El impacto que eso tuvo en la economía fue similar al que se derivaba de una devaluación de la moneda. Este hecho quedó en buena parte evidenciado en los años subsiguientes por la vía de un aumento sostenido de la inflación. Sobre este importante tema realicé un estudio a mediados de 2005 que entregué a los miembros del Directorio del BCV para alertarlos acerca de las repercusiones que tendría para la economía la ilegal sustracción de las reservas. Los lectores interesados pueden acceder a dicho documento por Internet a través de la siguiente dirección: http://www.badellgrau.com/?pag=19&ct=79. Una versión revisada que incorpora unos pocos agregados está incluida en el libro Homenaje al Dr. Oswaldo Padrón Amaré, publicado por la Fundación de Estudio Administrativo (FUNEDA), en 2009.

De igual manera se debe parar el enorme financiamiento monetario que se ha otorgado a Pdvsa, el cual ya alcanza a la suma de 45.000 millones de dólares. Esta acción, junto con el financiamiento al gobierno a través del Fonden, ha colocado al BCV en la situación de violar la Constitución y la ley que regula el funcionamiento de este último organismo, las cuales expresamente establecen que el objetivo fundamental del mismo es lograr la estabilidad de precios y preservar el valor interno y externo de nuestra moneda. Lamentablemente, producto de sus erradas políticas monetarias, la inflación real de 2015, no la oficial que está maquillada, superó el 270%. Y el tipo de cambio del mercado paralelo, en base al cual los venezolanos pagan muchos bienes y servicios, ya se acerca a los 1.000 bolívares por dólar. De no adoptarse los correctivos del caso, la inflación de este año se remontará al 850%, el inicio de la autopista de la hiperinflación, algo que no se ha vivido en nuestro país.

La tercera acción que es necesario emprender es la privatización de las empresas que fueron expropiadas por el Estado a partir del año 2007. Todas ellas han degradado su desempeño en comparación con su situación al momento de ser arrebatadas al sector privado, convirtiéndose en sacos rotos que no hacen más que drenar los fondos fiscales como consecuencias de su mala administración y la política clientelar que se ejecuta por la vía del crecimiento exponencial de su gerencia, empleados y obreros. En este momento nuestro ogro filantrópico ya no puede caminar. No está de más señalar que la ejecución de esta política incorporaría a nuestras menguadas reservas internacionales varios miles de millones de dólares que ayudarían en las necesarias importaciones de alimentos, medicinas e insumos para la producción interna.

Una cuarta resolución es la derogatoria de la Ley Orgánica de Precios Justos. Esta ley tiene como propósito “asegurar el desarrollo armónico, justo, equitativo, productivo y soberano de la economía nacional, a través de la determinación de precios justos de bienes y servicios, mediante el análisis de las estructuras de costos, la fijación del porcentaje máximo de ganancia y la fiscalización efectiva de la actividad económica y comercial, a fin de proteger los ingresos de todas los ciudadanos, y muy especialmente el salario de los trabajadores; el acceso de las personas a los bienes y servicios para la satisfacción de sus necesidades; establecer los ilícitos administrativos, sus procedimientos y sanciones, los delitos económicos, su penalización y el resarcimiento de los daños sufridos, para la consolidación del orden económico socialista productivo”. La misma, sin embargo, sólo ha servido para cerrar arbitrariamente negocios y regular los precios de los productos y servicios de espalda a sus costos reales, todo lo cual ha contribuido a generar e incentivar las prácticas del bachaqueo (una forma revolucionaria de capitalismo salvaje), y la escasez, que en este momento está por encima del 50% y sube persistentemente cada día.     

La quinta determinación tiene que ver con la necesidad de solicitar asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta acción es una derivación de la catastrófica situación de nuestra balanza de pagos. Expliquemos eso mejor. En los últimos tres años (2013, 2014 y 2015), cuando nuestros ingresos de divisas se ubicaron respectivamente en el orden de los 85.603, 77.833 y 71.731 (en esta última cifra no se incluyen los ingresos de los últimos 3 meses del pasado año) millones de dólares, vivimos una situación crítica. Este año, cuando se habla de un precio del barril de petróleo de 23 dólares, podríamos estar enfrentando necesidades de medios de pago internacionales del orden de los 30.000 millones de dólares. Pero si, como consecuencia del ingreso de Irán al mercado, el precio del barril de petróleo se llega a ubicar en 10 dólares –en un contexto en que el costo de producción de nuestro barril de petróleo es de 13 dólares, según declaración reciente, en un programa de radio, del presidente de Pdvsa, Eulogio del Pino–, estaríamos simplemente en caída libre. En ese supuesto no dispondríamos de los dólares que se requieren para pagar las deudas del país ni sus importaciones. De modo que sin ayuda financiera externa, estamos en situación de catástrofe nacional.

Hay que resaltar que, en la actual coyuntura mundial, las posibilidades de conseguir apoyo financiero de China o Rusia es vana ilusión porque ambos países viven también crisis internas de importante magnitud. Aparte de que cualquier migaja que nos llegaran a dar nos costará un ojo de la cara. En cuenta pues de que el 95% de nuestros ingresos en divisas provienen de la venta de petróleo, es inaplazable acordar un plan de ajuste con el FMI. La revolución tiene que concienciarse y admitir que sin financiamiento externo estamos frito, y que la decisión debe tomarse a la mayor brevedad. En esta materia no compartimos la opinión expresada recientemente por el ex ministro Felipe Pérez Martí, en entrevista que le hicieran para La Razón, en el sentido de que no necesitamos la ayuda del FMI, pues si hacemos el ajuste cambiario, aumentamos el precio de la gasolina y revisamos acuerdos como el de Petrocaribe, generaríamos un superávit y de paso conseguiríamos una reducción del riesgo país que nos facilitaría el endeudamiento externo con la banca privada internacional. Pensamos que un acuerdo con el FMI, que va precedido de un plan detallado de los ajustes a realizar, disciplinaría más al gobierno y facilitaría de entrada los recurso externos que vamos a necesitar, tanto de dicho organismo como de la banca privada extranjera, para ejecutar un indispensable plan de ayuda social a ese importante sector de nuestra sociedad que se verá afectado por las medidas económicas que hay que adoptar(no olvidemos la lección del Caracazo, a raíz del Plan de Ajustes que se puso en práctica al inicio de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez), así como para atender de inmediato nuestros compromisos de deuda externa y las necesidades de insumos externos para la producción nacional. En este momento la mayor parte de nuestras reservas internacionales están representadas en oro y su parte líquida, compuesta de dólares, apenas nos alcanza para un suspiro, a menos que el Estado cuente con suficientes recursos en el Fonden, cuya exacta cuantía desconocemos hoy.

La sexta acción es el extensamente preterido aumento de los precios de la gasolina, que acabamos de mencionar. En la actualidad, en el país se consume cerca de 550.000 barriles diarios, cuyo costo de producción es superior al del precio de venta, todo lo cual se traduce en una pérdida para el Fisco que supera los 12.000 millones de dólares anuales. Esa es una medida que no creemos se pueda ejecutar de una sola vez, como se asoma en el comentario de Pérez Martí. Posiblemente, la corrección tomará un tiempo prudencial para así aminorar el severo impacto en la sociedad. Y es muy probable que similar prudencia haya que tenerla con el ajuste cambiario, estableciéndose una banda, que progresivamente deberá acoplarse con la banda superior, para atender necesidades básicas de la mayoría de la población.

En la consideración de todo este asunto hay que tener claro que el anuncio que hizo recientemente Maduro de crear un Consejo Nacional de Economía Productiva, que trabajará en “9 motores productivos” (hidrocarburos, petroquímica, agroalimentación, minería, telecomunicaciones e informática, construcción, industria, industria militar y turismo), no pasa de ser un pañito de agua caliente para atender una problemática que exige acciones firmes para atacarla de raíz. Es obvio que la revolución se resiste a adoptar medidas ortodoxas y de mercado que van contra la concepción ideológica que enarbola. El punto es que ya llegamos al llegadero y no les queda más que dos opciones: la vida o la muerte, o sea, mantenerse en la escena política en condición de minoría o desaparecer como movimiento revolucionario extremista. Aunque abogo por el diálogo y la flexibilización, no puedo ignorar una ingrata realidad: los seres humanos estamos dispuesto a llegar a los sacrificios más extremos, incluso la muerte, por razones religiosas e ideológicas. La historia de la humanidad está llena de esos ejemplos. Y creo que, desgraciadamente, Maduro y Cabello, obnubilados como están por una ideología que se ha transformado en religiosidad pagana, en cuyo altar mayor se sienta el espíritu milagroso de Hugo Chávez, conducen este proceso hacia una situación extrema, cuyo desenlace tendrá un costo enorme para la sociedad. Como nunca antes, mi deseo es estar equivocado.

En última instancia, si ese proceder extremo fuera la vía que tomara el Gobierno, su destino no será otro que el más estruendoso fracaso que será recordado como imagen así: “Inútilmente millares de hombres, agrupados en un pequeño espacio, se esforzaban en mutilar la tierra en que vivían; inútilmente aplastaban todo signo de germinación cubriendo el suelo con piedras; inútilmente arrancaban hasta la última brizna de hierba… Todo rezumaba alegría, plantas, pájaros, insectos y niños. Sólo los hombres seguían engañándose y atormentándose a sí mismos, engañando y atormentando a los demás, negándose a contemplar la mañana primaveral enmarcada en las bellezas incomparables del Universo, creado para el solaz de todos los seres vivientes, disponiendo el ánimo para la paz, la unión y la ternura. Tan sólo estimaban aquello imaginado por ellos mismos…” (León Tolstoi, Resurrección).

 

@EddyReyesT