• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

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Eddy Reyes Torres

El golpe del 27 de noviembre

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“Nunca segundas partes fueron buenas”, le dijo el bachiller Sansón Carrasco a don Quijote, al este preguntarle si, por ventura, el autor de su historia (Primera parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha) contemplaba realizar una segunda. Curiosamente, la Segunda parte de don Quijote es la singularísima representación de que toda regla tiene una excepción. Eso explica que, a riesgo incluso de bajar al terreno de lo caricaturesco, más de uno se empeña en tentar al azar cuando prácticamente no hay posibilidades de éxito.

A tempranas horas de la mañana (5:30 am) del 27 de noviembre de 1992, los venezolanos que se levantaban para atender sus diferentes obligaciones fueron sorprendidos con la aparición de Hugo Chávez por la televisión, hablando de “las razones que han llevado a tomar una vez más las armas de la república” y haciendo un llamado a la insurrección popular y al alzamiento de las Fuerzas Armadas. En seguida aparecieron en pantalla un oficial (Jesse Chacón) y dos civiles –uno de estos últimos era un hombre obeso, de mala presencia, que vestía un suéter rojo y empleaba un vocabulario por debajo del nivel elemental–, pidiéndole a la población que saliera a la calle a respaldar el nuevo golpe de Estado. La aparición en televisión del jefe bolivariano fue realmente un ardid para usufructuar el alzamiento encabezado por el contralmirante Grüber Odremán y el general de Aviación Francisco Visconti Osorio. El mensaje televisivo de estos últimos, que había sido grabado previamente, fue puesto de lado por la gente afecta a Chávez.

Al igual que en una película de Hollywood, el cielo de Caracas fue campo de acción de aviones de combate que lanzaron sus bombas contra Miraflores, el Palacio Blanco, el Ministerio de Relaciones Interiores y el aeropuerto de La Carlota, mas gracias a la ineficiencia de los militares golpistas varias de ellas no llegaron a explotar. En Maracay atacaron despiadadamente la Escuela de Aviación Militar. Como ocurrió con el golpe de febrero, este del 27 de noviembre –que contó con el apoyo de pocos civiles–, también fracasó y terminó con la indecorosa huida del general Visconti y varios de sus compañeros a Perú, a bordo de un avión Hércules. Atrás dejaron una estela de muertos: 142 civiles, 18 efectivos militares y 5 miembros de la Guardia Nacional.

La última página de tan triste historia fue escrita con marcado patetismo por Grüber Odremán, en carta que dirigió a Hugo Chávez, el 25 de enero de 1993: “Fuimos sorprendidos con la aparición de su video y más aún de los mequetrefes que salieron en pantalla. No sabíamos nada de su video y las razones de su proyección. Creemos que compete a usted la investigación por cuanto el personal civil de apoyo en el canal 8, hasta donde se nos informó y aseguró, pertenecía al MBR-200 y por tal razón lo aceptamos. Fíjese usted que nuestro video estaba en una mesa del estudio, mientras que aquellos señores provocaban el pánico y la risa de los televidentes, y si a este espectáculo agregamos la traición que nos impidió emplear las fuerzas de tierra, podrá usted tener idea del desastre que se venía sobre nosotros”.

Una reflexión final merece esta acción militar: el llamado de Chávez a la insurrección popular no fue atendido por la población y echa por tierra el supuesto “enorme respaldo” con que contaba el fracasado líder del 4 de febrero entre la sociedad civil y los militares. Ese apoyo lo obtuvo años más tarde, cuando siguió los consejos de dos viejos líderes de izquierda: Luis Miquilena y José Vicente Rangel. El primero reivindicará su proceder más tarde apartándose del “golem”. El segundo ha mantenido siempre su condición de fiel seguidor.