• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

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Los gastos militares en tiempos de crisis

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De Chile llega la noticia: “La finalización del paquete de más de 10 contratos firmados con Venezuela en 2009 está prácticamente realizada. Equipos de tanques blindados, misiles y artillería, sistemas de defensa aérea y otros equipos militares ya han sido entregados a nuestros socios venezolanos. Las entregas de los últimos equipos militares y armas están previstas para finales de este año”. Eso fue lo que dijo Anatoly Punchuk, jefe adjunto del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar de Rusia, en una reciente entrevista que le hicieron con ocasión de una exposición de armas que se realiza en Chile. La operación en cuestión dará lugar, en momentos tan críticos, a pagos por varios cientos millones de dólares, los cuales son una pequeña porción de los miles de millones que Chávez y Maduro han gastado para garantizar que la revolución esté bien armada con un único propósito: impedir el ejercicio de la democracia con apego a la Constitución y las leyes.

Según el Stockholm International Peace Research Institute (Sipri), Venezuela fue el país que más compró armas en América Latina, en 2015. Pero eso no es todo. De acuerdo con la misma organización, en el período que va de 1999 hasta 2015, Venezuela invirtió 5,6 millardos de dólares en armamento, esto es, 42% de nuestras reservas internacionales actuales. Un monto nada edificante para una nación que, en los últimos años, ha estado sumida en la más desesperante pobreza.

Si lo anterior es de por sí una calamidad, peor aún es constatar cada día que el auge del crimen en Venezuela se alimenta del suministro constante de armamento de todo calibre, municiones y granadas que han sido recibidas por nuestras Fuerzas Armadas y que luego son vendidas, entre otros, a delincuentes y bandas organizadas que operan desde las cárceles custodiadas por nuestra gloriosa Guardia Nacional. Ello se puso en evidencia el pasado mes de enero, a raíz del tributo de fuego que le fue brindado Teófilo Rodríguez Cazorla, mejor conocido como “el Conejo”, ex pran de la cárcel de San Antonio en la isla de Margarita, después de ser asesinado a la salida de una discoteca en la ciudad de Porlamar. El Conejo, por cierto, era muy cercano a la ministra Iris Valera, algo que ya no causa sorpresa alguna dentro o fuera del país.

Al momento en que el cortejo fúnebre se desplazaba por un área cercana al recinto penitenciario, se produjo una serie de ráfagas de disparos con armas de guerra que portaban varios reclusos en el interior del penal y que quedaron registradas por las redes sociales. Imágenes nada edificantes de una revolución corrompida hasta los tuétanos que en una democracia en pleno funcionamiento hubiera dado lugar a la destitución o, cuando menos, renuncia del Alto Mando Militar.

Hay que dejar, sin embargo, una cosa en claro: son muchísimos los miembros de la oficialidad militar que no comulgan con la revolución, ni están contaminados con la corrupción dentro de sus filas. Con ellos cuenta la democracia cuando, más temprano que tarde, despertemos de esta pesadilla.