• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

Al instante

¿Hay o no hay crisis humanitaria en Venezuela?

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Los que regularmente hacemos colas en nuestro país para adquirir medicinas, alimentos o productos esenciales para la subsistencia podemos dar fe de lo que ocurre. La gente, sin distingo social, está desesperada por conseguir medicamentos para tratar la más variada gama de enfermedades (hipertensión, diabetes, infecciones, cáncer, ansiedad y depresión, entre otros males), y productos tan esenciales como harina PAN, arroz, granos, huevos, mantequilla, aceite, leche infantil, azúcar, pañales, jabón, polvo de lavar, champú, pasta dental y papel higiénico, por citar solo unos pocos. Los recientes disturbios en Cumaná fueron resultado directo de esta situación.

Paradójicamente, si usted oye hablar a los revolucionarios más encumbrados, la apreciación es totalmente opuesta. Delcy Eloína Rodríguez Gómez, elegante canciller de la revolución, sin que se moviera una hebra de su frondosa cabellera, dijo en su reciente intervención en la OEA, el pasado jueves 23 de junio, que: “En Venezuela no hay crisis humanitaria; no la hay; lo afirmo con total seguridad”. Fue incluso más tajante y añadió: “El país no necesita ningún tipo de apoyo de la OEA; se trata de infamias e inventos, cuya fuente de información son las palabras de las ONG y los tuits de la oposición”. Semanas antes, Bernardo Álvarez, el embajador de nuestro país ante la OEA, sin un ápice de duda y en nombre de la boliburguesía que también representa, rechazó la ayuda humanitaria ofrecida a Venezuela porque “ella esconde un deseo intervencionista”. Eso mismo lo reiteró a través de CNN en español, en la mañana del viernes 24 de junio, alegando además que la crisis humanitaria es un invento periodístico que ha sido recogido por el Washington Post en uno de sus múltiples editoriales sobre Venezuela. Según él, se trata simplemente de “una gran operación política y mediática”.

El presidente Nicolás Maduro y el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López –quienes siempre lucen bien alimentados y rebosantes de buena salud–, avalan plenamente los señalamientos ecuánimes de Rodríguez, lo que a todas luces explica que hayan decidido conferirle la condecoración Orden Militar de la Defensa Nacional, grado comendador, en su primera clase, “por habernos representado dignamente en el ámbito internacional (léase: en la última reunión en la OEA), preservando los intereses fundamentales de la República y demostrando al mundo entero la realidad venezolana (léase: en materia alimentaria y de salud)”.

¿Cómo se puede explicar entonces tal disparidad de criterio y percepción? Después de reflexionar por varios días al respecto, creo haber encontrado la causa o razón oculta de tan extraña situación. Hela aquí.

Los que conforman el primer grupo de ciudadanos, algo así como 75% de la población, son personas pobres e integrantes de la clase media venida a menos, cuyos ingresos no le alcanzan para adquirir tales bienes a través de los bachaqueros o mediante la importación de los mismos.

Por el contrario, el segundo grupo, representado por escasos miles de revolucionarios, está constituido por la oligarquía “roja rojita” que usa ropa, carteras y relojes de marca, se moviliza en camionetas blindadas, está protegida por numerosos guardaespaldas pagados con fondos públicos y vive en mansiones o apartamentos de lujo, con un nivel de gastos que es imposibles cubrir con los sueldos oficiales que reciben del Estado.

Pues bien, lo que sucede es que, a diferencia de los primeros, la oligarquía revolucionaria mira siempre al país y sus problemas a través de sus costosos lentes fotocromáticos y multifocales de las marcas Gucci, Armani, Prada, Polo Ralph Lauren, Fendi o Cartier. Con ellos, mis queridos lectores, la vida es y se ve más sabrosa.

Créanme, buscando y rebuscando razones por aquí y por allá, no he encontrado otra explicación admisible.