• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

Al instante

¿Estamos condenados a otro fracaso?

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Algunos dicen que la historia se repite. Otros afirman que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Aun cuando dichos asertos tengan algo de verdad, la historia nos permite conocer otras experiencias del pasado y aprender de ellas para no cometer los mismos errores. La historia de Venezuela nos pone de manifiesto las razones de nuestros éxitos y fracasos. Además, la historia de la humanidad es prolija en informaciones que nos deberían ayudar para avanzar siempre por el buen camino.

Aunque seamos conscientes de lo anterior, no podemos sin embargo obviar que somos hijos del libre albedrío, del derecho que tenemos de escoger la conducta que mejor nos parezca en un momento dado, con sus consecuencias inevitables.

La mitología nos dice que, contra la voluntad de Zeus, Prometeo robó fuego del cielo para dáselo a los mortales y asegurar así su permanencia. Su acción le costó ser encadenado en un alto pico del Cáucaso, y que durante el día un águila le devorase el hígado, que volvía a crecer durante la noche, y así por la eternidad. Este mito, que simplemente expresa el espíritu de rebelión contra lo prohibido, va a prefigurar el espíritu de la civilización occidental, el cual se niega a estar contento con la condición humana tal y como está.

La historia bíblica de la creación va a ratificar el mito anterior. En el paraíso hay un árbol de la vida y también un árbol de la ciencia del “bien y del mal”. Al hombre le fue prohibido comer de este último. Al momento de establecer esa limitación en el actuar, Dios dejó en la criatura creada por él la posibilidad de aceptar o conculcar su mandato, con lo cual le confirió el don de la libertad. Sin embargo, esa libertad no es en sí misma perfecta, toda vez que la perfección solo se da en Dios. Como muy bien lo expresa Rüdiger Safranski, la libertad es en el hombre una oportunidad, no una garantía de éxito. Así, el hombre puede elegir y también puede elegirse equivocadamente.

Lo anterior es importante tenerlo en cuenta en el momento político que vive el país. Ya la revolución bonita va en franca retirada; y por mucho que sus líderes hagan o dejen de hacer, el nuevo amanecer no los alumbrará como dirigentes sino como dirigidos. Es una situación que impone que la mayoría opositora se mantenga unida más que nunca y que y su liderazgo tenga claras las acciones que se deben acometer. Dudo seriamente que la generalidad de los venezolanos y sus líderes no estén de acuerdo con las decisiones políticas que son necesarias para producir los cambios que son indispensables. Todas ellas están en el ambiente y las podemos enumerar.

Primero. Liberar a todos los presos políticos y promover el regreso del ingente número de venezolanos que ha tenido que emigrar del país por razones políticas y económicas. Estamos hablando de un millón y medio de compatriotas, aunque es probable que muchos no vuelvan.

Segundo. Hay que hacer de la tolerancia una práctica real y efectiva, en perfecta sintonía con lo que debe ser un gobierno democrático. La política de exclusión puesta en práctica por el chavismo ha escindido al país en dos bloques que se repelen. Es imposible avanzar y reconstruir nuestra patria con sendos grupos de remeros simplemente paleteando o remando en direcciones opuestas. La Revolución Francesa actuó con gran sabiduría cuando  en la Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 consagró que: “Todos los ciudadanos (…) son igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos (…) sin más distinciones que las de sus virtudes y sus talentos”.  Mucho antes, frente a la tumba de los soldados que murieron en la Guerra del Peloponeso, Pericles dijo: “Los honores públicos se otorgan a las personas según su mérito, y no porque pertenezcan a una clase determinada”. Debemos entonces rescatar ese espíritu igualitario y no excluyente que subyace en las democracias verdaderas, donde además se respetan los derechos humanos. Esta es una cuestión fundamental de nuestro destino.

Tercero. Es indispensable reestructurar a Pdvsa y concentrar su actividad en su objetivo central: el negocio petrolero. Necesariamente habrá que eliminar o revisar la política de descuentos que se ejecuta a través de Petrocaribe. Junto con eso hay que reincorporar en sus puestos, en la medida de lo posible, al inmenso número de técnicos y expertos que fueron arbitrariamente despedidos por Chávez a raíz del paro petrolero de finales de 2002. En específico, la acción desmedida e inhumana afectó a casi 20.000 trabajadores de la industria, algunos de los cuales se encontraban disfrutando de sus vacaciones o de permisos médicos, pre y posnatales. Con carácter de carta abierta dirigida a Chávez, Simón Alberto Consalvi escribió: “El calendario del año 2002 pasará a la historia cubierto de sangre. Como en los tiempos de fuego y rencor de Zamora… Nadie ha tenido, señor presidente, la capacidad de destruir, de abatir, de desestabilizar un país y una sociedad como usted”.

Cuarto. Es inaplazable la restitución de la libertad de expresión y la acción pasa necesariamente por devolver la concesión a Radio Caracas Televisión.

Quinto. Hay que desinflar al “ogro filantrópico”. Las medidas expropiatorias dirigidas contra la Electricidad de Caracas, Cantv, Sidor, Lácteos de Venezuela, las torrefactoras Fama de América y Café Madrid, Agroisleña, Conferry, así como fincas, edificios, centros comerciales y cuanto bien entra en la categoría de propiedad privada, deben ser reversadas. La revolución bonita no ha hecho más que ratificar la incompetencia del Estado para asumir tales actividades.

Sexto. Es necesario devolver a los estados el manejo de los puertos y aeropuertos, en beneficio de la descentralización administrativa y el apalancamiento del Estado federal. Además, tanto a los estados como a las alcaldías hay que asignarles los fondos que realmente le corresponden por concepto de situado constitucional, de acuerdo con lo pautado en la Constitución.

Séptimo. En beneficio de la alternabilidad democrática, se debe eliminar el régimen de reelección indefinida. Una democracia verdadera no puede subsistir con la figura de una monarquía de oropel.

Octavo. Hay que restituir la autonomía al Banco Central de Venezuela y acabar con el financiamiento monetario al gobierno y Pdvsa que es el causante de la crisis económica que hoy padecemos. Esa actuación del instituto emisor viola descaradamente el objetivo principal que dicho ente tiene asignado por la Constitución, que es lograr la estabilidad de los precios y preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria.

Noveno. Se debe iniciar el proceso de desmontaje del control de cambio, fuente de la peor corrupción que ha padecido el país. Frente a los “hombres nuevos” de esta revolución que no hacen más que emular a Alí Babá y sus cuarenta ladrones, los corruptos de los gobiernos anteriores quedan en la condición de robagallinas mondos y lirondos.

Décimo. En paralelo con lo anterior, habrá que gestionar ante el Fondo Monetario Internacional el apoyo financiero necesario que permita socorrer a los más pobres y atender las necesidades sociales más urgentes hasta que nuestras finanzas se ordenen.

Undécimo. Medidas urgentes habrá que aplicar, con el apoyo de expertos, para bajar a límites razonables la criminalidad que nos acogota y mejorar los servicios de salud pública.

Y duodécimo. Es imprescindible rescatar lo que ya señaló Simón Rodríguez: para tener repúblicas hay que hacer los republicanos en la escuela. Para ese propósito propuso una educación para la vida, para el trabajo y para la democracia. Lo que hagamos en ese sentido se reflejará en nuestra institucionalidad.

No se trata entonces de ganar las elecciones parlamentarias y cantar victoria. Es un paso fundamental que debe conducir a un reto mayor: alcanzar la presidencia de la república. Esos son los objetivos en los que tenemos que fijar nuestra mirada y accionar para enrumbarnos de una vez por todas en la consecución de un nuevo futuro.

Marco Tulio Cicerón nos legó una máxima que en política tiene plena validez: “Las cosas verdaderamente importantes se realizan con reflexión, autoridad y juicio”. De eso se trata cuando las aves agoreras solo anuncian tempestad.

 

@EddyReyesT