• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

Al instante

Sosicles, Lorenzetti y el buen gobierno

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hombres y mujeres de todos los tiempos han sabido apreciar y diferenciar entre un buen gobierno y otro malo. Una primera prueba de lo anterior fue registrada por Herodoto de Halicarnaso (484-425 a. C.), en su libro Los nueve libros de la Historia. Dicho autor nos refiere el cónclave que tuvo lugar en Esparta, al que asistieron los diputados de las ciudades aliadas. El tema principal del encuentro fue acordar una unión para restituir la tiranía en la ciudad de Atenas, cuyo gobierno democrático trajo consigo avances económicos y militares, lo cual era visto como una seria amenaza por los lacedemonios. Hipias el tirano, hijo de Pisístrato, llevó la voz cantante a favor de tal aventura. El profundo silencio que se produjo a continuación fue roto por el corintio Sosicles quien cuestionó el empeño de querer arruinar una república justa y bien ordenada, y reponer en ella el despotismo y la tiranía. Con su bien argumentada intervención, Sosicles logró que el resto de los participantes desecharan la absurda propuesta.

Mucho tiempo después y producto de experiencias propias, los gobernantes de Siena (Italia) quisieron dejar testimonio plástico de las circunstancias que separan un buen gobierno de su antípoda. Para tal propósito, se encargó a Ambrogio Lorenzetti (1290-1348) la realización de un mural en el Salón de la Paz del Ayuntamiento. En esa obra el artista expresó las teorías de la sociedad y del gobierno característico de su época. El mural en cuestión se divide en tres grandes módulos. En el primero de ellos, el pintor desarrolla la Alegoría del buen gobierno. Allí encontramos en el centro a un mayestático personaje que simboliza al pueblo soberano, sentado en su trono. En la mano derecha empuña su bastón de mando, y en la izquierda sostiene como escudo el medallón de la justicia. La testa no ciñe corona, sino el gorro frigio del ciudadano. Sobre él flotan las tres virtudes teologales: la Fe, la Esperanza y la Caridad. A su diestra, la Paz, la Fortaleza y la Prudencia ocupan sus respectivos tronos; y a su siniestra están sentadas la Justicia, la Templanza y la Magnanimidad. La representación del pueblo destaca por su corpulencia y estatura, y su fuerza verdadera se apoya en las virtudes que son sus consejeras. En un nivel inferior se alinean caballeros armados, montados a caballo: ellos son los guardianes del Estado. Más abajo, un grupo de ciudadanos avanza hacia el trono, pero los que han violado las leyes son llevados al estrado con las manos atadas.

En el segundo módulo, titulado Efectos del buen gobierno en la ciudad y el estado, Lorenzetti hizo su representación mediante la escenificación de diferentes ambientes y paisajes de la ciudad y el campo de Siena. En ambos lugares los vecinos de las diferentes condiciones sociales se dedican al trabajo o al ocio, en absoluta libertad, mientras que una figura alada en el cielo sostiene un cartel que dice “Securitas”. Hombres, mujeres, animales y productos del campo se observan dentro de los muros de la ciudad, mientras que la nobleza civil se desplaza de visita al campo que nos muestra su fertilidad y belleza. De igual forma, los campesinos dirigen sus pasos a la ciudad, llevando consigo los animales que han criado o los frutos cosechados. De esa manera, el pintor destaca en términos artísticos el ideal de las relaciones armónicas entre la ciudad y el campo. Un elemento de particular significación es la presencia de un grupo de constructores que documenta el desarrollo arquitectónico en una ciudad que no deja de crecer y prosperar.

Finalmente, en el tercer mural, titulado Alegoría del mal gobierno, se representa la discordia que caracteriza todo gobierno de ese tipo. En esta oportunidad la misma ciudad es encarnada llena de pendencias, desafueros y derramamientos de sangre. Un personaje diabólico (Tiranía), asesorado por todos los vicios y el Terror, ocupa el trono después de haber vencido a la Justicia. La traición y la crueldad son moneda común en la ciudad en ruinas y el campo estéril y sin cultivar, producto de una revolución que sus líderes también calificaron de bonita. De esa forma el autor pone de manifiesto lo diferente que puede ser una ciudad (o un país) según la forma de su gobierno.

Se ha señalado que el mural de Lorenzetti, realizado entre 1337 y 1340, es una de las obras maestras en la que por primera vez se desarrolla un tema de naturaleza civil, lo cual es una absoluta novedad en el panorama artístico de la época.

En la actualidad, Venezuela se ha convertido en referencia histórica y de estudio para poner una vez más de manifiesto lo que ya vivieron los griegos e italianos en la antigüedad. En esta ocasión los artistas demócratas –que por ser muchos no voy a nombrar– se han ocupado de dejar constancia del descalabro en que estamos sumidos. Así pues, las semillas que sembraron Sosicles y Lorenzetti también germinan aquí. 

eddyreyes2007@gmail.com