• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

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Los “Merenticos” de 500 y 1.000 bolívares

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Hace algunas semanas, Nelson Merentes informó que el Banco Central de Venezuela pondrá en circulación nuevos billetes de mayor denominación (500 y 1.000 bolívares). Por los corrillos se habla de 10.000 millones de piezas, lo cual hay que aclarar. No fue necesario que el presidente del BCV reconociera que la emisión en cuestión es el triste resultado de la galopante y exorbitante inflación que afecta al país, la cual es producto directo de la errada política monetaria que dicha institución lleva a cabo. En tan importante momento, la elevada figura de nuestra economía no dejó pasar la oportunidad para sorprendernos, una vez más, soltando una curiosa perla: “Con la medida se espera reducir los índices de inflación porque habrá menos circulante de billetes”. El exabrupto pone en evidencia la inconsistencia técnica y política de la principal autoridad monetaria de nuestro país, en una materia que le es propia.

No hay duda de que Venezuela necesita un nuevo cono monetario. Pero la definición y puesta en práctica del mismo exige que los altos niveles de inflación se abatan de una buena vez, bajándola a un solo dígito. Para ello se deben adoptar una serie de medidas de liberalización de la economía que este régimen castro-comunista no está dispuesto a poner en práctica. Por eso, la decisión nonata de las autoridades del BCV no es más que la antesala de otro fracaso que le costará varios millones de dólares al país y sus menguadas reservas internacionales. Precisemos eso último.

En situación normal el cono monetario debería estar integrado por 5 monedas y 5 billetes, aproximadamente. En ese contexto, las monedas, por su mayor duración, se utilizan en las transacciones más comunes de la población, mientras que los billetes, cuya vida útil es siempre más corta (18 meses), se emplean para las de más valor y menos frecuentes. En un marco como ese, se desenvolvió nuestro cono monetario hasta comienzos de 1983. En esa época nuestra moneda de 5 bolívares tenía un valor equivalente a 1,16 dólares, el billete de 100 bolívares equivalía a 23,25 dólares y el billete de 500 representaba 116,27 dólares. Con los nuevos billetes de la revolución bolivariana estamos ante una triste realidad: al cambio oficial de 206 bolívares por dólar, el “Merentico” de 500 tiene al día de hoy un valor cercano a 2,42 dólares, mientras que el de 1.000 tiene un valor de 4,84 dólares. Si el tipo de cambio que aplicamos es el del mercado paralelo (dolar today), esto es 1.211,54 bolívares por dólar, mejor nos ponemos a llorar. Y con la galopante inflación que padecemos, dentro de varios meses, cuando efectivamente entren en circulación los nuevos billeticos, nuestro llanto será diluviano.

La triste realidad es que se repite, con mayor dramatismo, la experiencia que vivimos entre 1988 y 1998, cuando el número de billetes en circulación se incrementó en más de siete veces respecto al promedio histórico, y prácticamente desaparecieron las monedas. Hoy día, en plena era del “bolívar fuerte”, nuestras monedas forman parte de las especies o bienes que han dejado de existir en el decurso revolucionario, lo que implica de suyo una pérdida de varios millones de dólares, asociada a su costo de producción y no utilización. Mas esa no es toda la pérdida (o costo) que sufriremos, puesto que, en paralelo, al aumentarse el uso de los nuevos billetes en las compras al menudeo, con el consiguiente deterioro por su uso más intenso, se incrementará el costo de reposición.

Para nuestro pesar, lo anterior no es más que una parte del desaguisado. En los países con una inflación controlada (un dígito bajo), los billetes tienen un costo diferenciado en función de su poder de compra y los mayores elementos de seguridad que se incorporan a los mismos. Así, por ejemplo, en el caso del dólar y el euro, los billetes de más alta denominación tienen más componentes de seguridad. Específicamente, los billetes de 5, 10, 20, 50 y 100 dólares cuentan con elementos más costosos para dificultar su falsificación (concretamente el empleo de la tinta ópticamente variable); pero de todos ellos solo a los billetes de 100 se le incorporan hologramas (imágenes tridimensionales). Se explica entonces que las autoridades del BCV rebosen de alegría pues, según la información que nos ha llegado, nuestros “Merenticos” serán los únicos billetes del mundo que, con tan escaso poder de compra, tendrán elementos de seguridad tan sofisticados como la tinta ópticamente variable y el holograma.

La puesta en circulación de los “Tinoquitos” (pequeños billetes de 1 y 2 bolívares), en el año 1989, a raíz de la desaparición de las monedas de níquel del mismo valor facial, en virtud del súbito incremento de su valor metálico, tuvo mayor racionalidad. Su tamaño y características cumplieron el papel transitorio que tenían. Sin pretender llegar a tal extremo, con un criterio de similar racionabilidad, que ha de estar marcado por la mayor austeridad, se debería manejar la impresión de los nuevos billetes que, en números crecientes, requerirá la revolución mientras se siga conduciendo la economía nacional como hasta ahora.

Definitivamente, una cosa es lo que piensan y recomiendan los expertos y conocedores de la materia y otra lo que deciden y ponen en práctica los líderes que todo lo destruyen, eso sí, sin dejar de hacer sus negocitos neoliberales.