• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

Al instante

Macri y la “Doctrina Betancourt”

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La victoria de Mauricio Macri en las pasadas elecciones argentinas constituyó una bocanada de aire fresco para la democracia en Latinoamérica. No más conocer los resultados de la contienda electoral, sorprendió y heló la sangre de muchos mandatarios de la región, cuando entrevistado por Patricia Janiot para la cadena CNN en español declaró: “Tengo claro que yo defiendo la democracia y defiendo la libertad de expresión; lo que está pasando en Venezuela no refleja eso (…) Tengo una posición absolutamente clara de que no quiero presos políticos en el Mercosur, ni abusos contra la libertad de expresión”.

Las viudas de negro que ahora abundan en la región no dejaron de defender lo indefendible. Una de ellas, muy respetable en varios otros aspectos, el ex mandatario uruguayo José Mujica, salió al ruedo a decir: “Es muy fácil criticar a Venezuela pero hay muchos lugares para criticar. Mataron a cuatro alcaldes en Asunción, Paraguay, y lo tiene al lado”. ¡Tonterías!, pues, independientemente de lo que acontece en Paraguay, aquí la democracia opera como simple fachada: salvo en el caso de la Asamblea Nacional, luego del pasado 5 de enero, no hay una clara división de poderes; no existe un pleno reconocimiento de las libertades; la oposición y las minorías son marginadas y no se les permite operar plenamente; y el gobierno da un trato desigual a sus partidarios y opositores. Joseph Schumpeter y Robert Dahl, dos figuras clásicas en relación con ese tema y autores de obras fundamentales (Capitalismo, socialismo y democracia, en el caso del primero, y La Poliarquía, así como La democracia y sus críticos, en el del segundo), así lo avalarían.

Lo que hemos padecido los demócratas venezolanos a lo largo de la ominosa gestión de Chávez y ahora de Maduro ha sido ignorado de manera rampante por los jefes de gobierno de la región mientras han estado en pleno ejercicio de sus funciones. De nada sirvió el ejemplo que dio Rómulo Betancourt desde los mismos inicios de su accionar político. En un artículo que publicó en el periódico La Opinión de la República Dominicana, en mayo de 1929, el joven líder se pregunta: “¿Por qué mandatarios decentes de pueblos libres se canjean mensajes de cortesía y amistad con el forajido criminal que detenta arbitrariamente en mi país el poder político? ¿Por qué no se acuerdan los gobiernos que aún tienen concepto de democracia internacional para declarar un boicoteo colectivo a Juan Vicente Gómez hasta lograr situarlo al margen del derecho de gentes?” (Citado por María Teresa Romero en su libro Venezuela en defensa de la democracia / 1958-1998). Ya en ejercicio como presidente de la República (1959), la que fue luego conocida como “Doctrina Betancourt” se transformó en su carta de presentación, así como la de varios gobiernos que lo sucedieron. La esencia de dicha doctrina fue expresada por el entonces presidente adeco de esta manera: “Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de los ciudadanos, y los tiranicen con respaldo de policías políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón profiláctico y erradicados mediante acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica interamericana”.

Así, el padecimiento arriba indicado se nos hizo chocante al tener plena conciencia de que Venezuela actuó de manera noble y firme en momentos en que férreas dictaduras se entronaron en países como Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, por solo mencionar a unos pocos. Ya democratizado el continente, con la salvedad de pequeñas verrugas, nuestro incordio aumentó por la falta de apoyo aun después de entrar en plena vigencia la Carta Democrática Interamericana de 2001. Lo que lava la cara a ese proceder fue la conducta firme de algunas reconocidas personalidades e instituciones del área (Mario Vargas Llosa, Óscar Arias, Andrés Pastrana, Luis Almagro Lemes, entre otros). Más recientemente, los respaldos de ex mandatarios de la región han sido contundentes.

La posición de Macri, sin embargo, marca el inicio de un nuevo tiempo en el que esperamos se consolide el apoyo y respeto de todos los gobiernos del área a las prácticas democráticas, al margen de actuaciones acomodaticias y centradas en los puros intereses económicos o afinidades políticas.