• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

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Eddy Reyes Torres

Gobiernos, instituciones y empresas exitosas

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Lo que diferencia a los gobiernos, instituciones y empresas exitosas de los fracasados es la buena gerencia. Sin una buena gerencia no se va a ninguna parte. Una anécdota que me involucró en lo personal nos servirá para ilustrar mejor lo que acá queremos destacar.

Cuando empezó el proceso de automatización en el mundo financiero y empresarial en nuestro país, el Banco Central de Venezuela no pudo escapar de él. Era necesario tener respuestas rápidas y seguras, y para esos efectos la actividad manual se hizo lenta e insegura. Al más alto nivel de la mencionada institución se acordó intercambiar ideas con especialistas y empresas del ramo para empezar a definir un mapa de ruta. En paralelo con lo anterior, se formaron equipos con profesionales de las distintas áreas del organismo con el propósito de definir las funciones específicas y actividades que exigían ser automatizadas con indicación de las más prioritarias. Al final de aquello nos encontramos con que operaciones o actividades tan relevantes como las que se manejan en el campo monetario nacional e internacional, las asociadas con la contabilidad, el pago de los sueldos y salarios, y las simples comunicaciones internas o externas, por solo citar unas pocas, exigían una atención urgente.

De acuerdo con las evaluaciones realizadas, el proyecto de automatización tomaría una par de años para su ejecución. Para ello se armaron equipos internos y externos de trabajo, contratándose además una auditaría extranjera externa para que mantuviera a las autoridades informadas de la marcha de los trabajos a ejecutar. De más está decir que se contrataron calificados expertos y en el caso de las empresas proveedoras del servicio se hicieron las licitaciones del caso. Las capacidades técnicas era lo que contaba, no el color de la camisa o las ideas políticas que se tuvieran.

Pese a todo el rigor de las contrataciones y las calificaciones profesionales de los involucrados, los contratiempos empezaron a aparecer y junto con ellos la extensión del lapso de finalización del proyecto. Se armó entonces un equipo del más alto nivel al que se incorporó un par de asesores externos al BCV y, después de muchas sesiones de trabajo, se logró identificar el motivo del retraso. El proyecto se estaba llevando a cabo de forma simultánea en casi todas las áreas del banco con la meta de ser concluido a un mismo tiempo. Eso implicaba, en la mayoría de los casos, que una misma área estuviera involucrada en varias actividades a la vez en su condición de cliente, proveedor del servicio o contralor del mismo.

La solución al gran entuerto resultó ser muy simple: en lugar de un macroproyecto que involucraba la automatización simultánea de las distintas áreas de la institución, había que ejecutar proyectos específicos debidamente priorizados, cuyos resultados impactarían poco a poco, pero de forma significativa, a todo el ente. Era pues necesario quitarse de la cabeza que íbamos a resolver todos los problemas a la vez. Lo que importaba era ir solucionando uno a uno los inconvenientes, en cuenta de que el éxito en un área serviría de estímulo a las demás.

El cambio realizado resultó correcto y la modernización del instituto tuvo también un impacto positivo en todo el sector financiero y los clientes institucionales con los cuales interactuábamos. Aquellos eran tiempos de la ahora aborrecida “cuarta república” y no de los convulsos y revolucionarios de ahora.

El aluvión de leyes que por vía habilitante acaba de aprobar el presidente Nicolás Maduro es un buen ejemplo de la querida y necesitada “solución total” a nuestros males. No le vendría mal al presidente de todos los venezolanos y no de una parcialidad asesorarse mejor. Nada de lo que hasta ahora ha aprobado va a resolver nuestras penurias que seguirán de mal en peor. ¡Escríbalo! Pero si quiere transmontar las fronteras de la historia tiene que empezar por identificar unas pocas acciones que todos los venezolanos, sin distingo político, le agradezcan. Qué le parece, señor presidente, si concentra todo su esfuerzo en reducir la criminalidad a los niveles que existían durante los odiados mandatos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, lapso que va de 1959 a 1974. Agréguele usted a eso la despolitización e independencia del Poder Judicial y de las Fuerzas Armadas, y la liberación de todos los presos políticos. Y como un regalito, deje de estigmatizar a sus opositores como oligarcas, burgueses, vendepatria, pitiyanquis, apátridas, etcétera y etcétera, y empiece a llamarlos simplemente ciudadanos, amigos o venezolanos opositores. ¡Ojo!, no estamos hablando de medidas y situaciones que responden a su equivocada visión ideológica (el régimen de controles de la economía, la falta de diálogo entre gobierno y oposición o la imposibilidad de trabajar hombro a hombro con el sector empresarial), asuntos suficientemente relevante como para que la revolución bonita no llegue más allá de su gestión presidencial. Esté seguro, señor presidente, de que si da ese cambio de timón existen muchas probabilidades de que su gestión ocupe un lugar digno en nuestra historia republicana.