• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

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El gobierno y la fábula del escorpión y la rana

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La fábula es una narración literaria, comúnmente en verso, cuyos personajes son animales a los cuales se hace hablar y obrar como personas, y de la que, generalmente, se deduce una enseñanza práctica. Se trata deuna ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad. La esencia de la fábula es pues la enseñanza o aprendizaje  que de ella deriva y que se conoce como moraleja.

Las primeras formas de fabulación fueron practicadas en Mesopotamia hace más de 2.000 años y constituyeron importante material para la enseñanza en las escuelas de la época. Sin embargo, la primera gran figura del género como lo conocemos hoy día fue Esopo, que vivió en torno a los siglos VII y VI a. C., y fue leído en la Grecia clásica por grandes figuras como Herodoto, Sócrates, Aristófanes, Platón y Aristóteles.

Una historia muy conocida de este tipo es la del escorpión y la rana que, aunque se admite que es de origen desconocido, muchos autores la atribuyen a Esopo. Según el singular relato, un escorpión que se ve imposibilitado de cruzar un río, le pide a la rana que lo ayude en su propósito. El batracio recela de la solicitud pero el arácnido le jura que no le hará ningún daño. La rana accede al requerimiento y lo sube a su espalda pero cuando están a mitad del río, el escorpión la pica sin contemplaciones con su aguijón curvo y venenoso. Incrédula, y ante la inminencia de morir ambos, la rana le pregunta: “¿Cómo has podido hacer algo así?”, a lo que el escorpión responde: “Lo siento, no he tenido otra elección, esa es mi naturaleza”. La moraleja es terminante: no trates de engañarte con alguien creyendo que es o puede ser diferente; quienes ratifican con actos sucesivos su manera de ser, recurrirán siempre a sus peores instintos, dañando incluso a quien le tiende la mano, sin importarles en lo más mínimo las consecuencias de sus acciones.

Por esas curiosidades que no deben sorprender a nadie, en la realidad política de la Venezuela actual, la fábula anterior tiene una presencia incontestable como se pone en evidencia a continuación.

Los resultados de las elecciones del 6-D deben verse como un mensaje claro y elocuente que el pueblo le mandó al gobierno de Maduro y sus órganos o poderes subordinados. No es solo que el país quiere un cambio de rumbo en general, sino, de manera especial, en la política económica. En consecuencia, lo que todos los venezolanos esperaban era que el régimen diera una vuelta de timón sin más dilación y empezara a prepararse para asumir el rol de minoría opositora. Lamentablemente, como en la fábula, su verdadera naturaleza afloró de inmediato con acciones leguleyas. Arrancó jubilando bajo presión y de manera fraudulenta a un grupo de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), sustituyéndolos, sin cumplir con los procedimientos de ley, por un grupo de sus propios seguidores que, según las noticias, tampoco cumplen con los requisitos exigidos para el cargo. A renglón seguido, se procedió a impugnar la elección de tres diputados de la oposición, no obstante haber firmado un acuerdo de reconocimiento de los resultados dados por el Consejo Nacional Electoral (CNE). Además, con el claro propósito de minimizar las funciones y labores de la Asamblea, prohijó la constitución de un Parlamento Comunal Nacional del que, en palabras de un ferviente seguidor de Chávez, Nicmer Evans,  no hubo en los últimos diez años de amplio poder legislativo ningún tipo de voluntad de adelantar ni un paso hacia su institucionalización. Como si no fuera suficiente, la cadena de desatinos continua con una acción lamentable: la nueva y gobiernera Sala Electoral del TSJ, en flagrante violación del artículo 200 de la Constitución, que establece que los diputados a la Asamblea Nacional gozarán de inmunidad en el ejercicio de sus funciones desde su proclamación (acción que ya el CNE había llevado a cabo), ordenó de forma provisional e inmediata la suspensión de efectos de los actos de totalización, adjudicación y “proclamación” emanados de los órganos subordinados del CNE respecto de los candidatos electos por voto uninominal, voto lista y representación indígena en el proceso electoral del estado Amazonas. Y, el pasado lunes 11, se corona el accionar alacranado con otra decisión de la misma Sala Electoral  que declara en desacato a la Asamblea Nacional por lo que considera nulas todas sus actuaciones luego de incorporar a los tres diputados del estado Amazonas, anteriormente mencionados. La diputada Tamara Adrián fue concluyente al comentar la insólita decisión: “Viola totalmente la teoría política de la naturaleza órganos colegiados… En teoría política los vicios de constitución de un órgano colegiado que no afectan mayoría ni quórum son irrelevantes”. 

Ante tamaña usurpación, las posibilidades de diálogo y cohabitación con el régimen penden de un hilo. ¿Qué hacer entonces? Obviamente hay que insistir, más allá del cansancio, en la ponderación de parte y parte, y la búsqueda de encuentros. Sin embargo, tal proceder no puede ir acompañado de la ingenuidad o la inacción. La Asamblea recibió un mandato general del pueblo: cambiar la situación actual del país. Para ese propósito dicho ente tiene un abanico de acciones y matices que los diputados elegidos por la MUD deben calibraren el día a día.

Un gobierno que no quiere concertar ni ceder un ápice en sus decisiones equivocadas, no puede esperar un diálogo de sordos sine die (por tiempo indefinido). Y es precisamente allí donde el arte de la política se hace presente. Ramos Allup y el resto de los diputados electos por la oposición no están en sus curules para llevar a cabo un vacuo y permanente intercambio floral con los demás poderes. El diálogo es la premisa fundamental de toda relación, pero nunca puede suprimir el principio derivado del refranero popular que pauta que “lo cortés no quita lo valiente”. Pero ojo, lo valiente debe entenderse como accionar firme y conforme a la Constitución y las leyes, y no como un simple guerrillear contra el gobierno o los demás poderes del Estado.

Aun cuando se insista en la concertación, la Asamblea Nacional y la MUD tienen que trabajar sin descanso en las acciones políticas más relevantes: la instrumentación del referéndum revocatorio del presidente de la República (artículo 72 de la Constitución). Junto con lo anterior y por las razones que explicamos en nuestro artículo del pasado sábado 8 de enero, debe también revertir la reforma de la Ley del Banco Central de Venezuela (instrumento fundamental para la ejecución de una política monetaria equilibrada) llevada a cabo con desespero y a última hora por Nicolás Maduro, con base en la Ley Habilitante. Pero además debe suprimirse el ilegal y macroeconómicamente improcedente régimen de traspaso de las reservas internacionales del instituto emisor al Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden), en gran medida responsable de la emisión inorgánica de dinero que actualmente lleva a cabo el BCV. Para tales acciones hay varios caminos: la abrogación de la ley por vía de referendo (artículo 74 de la Constitución), la derogatoria o la reforma (artículo 218 de la Constitución).

No menos relevante es decretar la amnistía de nuestros presos políticos, según lo pautado el artículo 187, numeral 5 de la Constitución, e iniciar las funciones de control sobre el gobierno y la administración pública nacional, de acuerdo con lo contemplado en el numeral 3 del artículo anteriormente indicado.

En la ejecución de este u otro plan de acción, ni el país ni la Asamblea Nacional pueden perder de vista una patética realidad: muchos de los camaradas que gobiernan y dirigen varios de los poderes nacionales son fieles amantes de los dólares y los bolívares en efectivo, y detestan al Bolívar que abogó por la moral y las luces como nuestras primeras necesidades. De modo que mi mensaje y colofón a lo aquí expuesto es este: “El escorpión estúpido, el escorpión… hay que meter en cintura al escorpión”.

 

@EddyReyesT