• Caracas (Venezuela)

Eddy Reyes Torres

Al instante

Bachaqueo, capitalismo salvaje y revolución del siglo XXI

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Los líderes de la revolución que hoy sufrimos no se imaginaron nunca que su proceso de formación del hombre nuevo iba a dar con una de las manifestaciones más ignominiosas de los tiempos terribles que hoy padece Venezuela: el bachaqueo. 

Haciendo uso de su potestad bíblica, aquella que, según el Génesis, Dios dio a Adán para llamar por sus propios nombres a todos los animales, a todas las aves del cielo y a todas las bestias de la tierra, el venezolano de nuestros días ha procedido a crear un nuevo término para identificar a quienes actúan de forma similar al bachaco, que también es un venezonalismo. Según el Diccionario de la Lengua Española, el bachaco es una hormiga grande y voraz de los formícidos, esto es, un antrópodo o animal invertebrado. Partiendo de ese concepto y de la misma forma como se ha definido el término machaqueo (acción o efecto de machaquear), la sabiduría popular sabe ver en el bachaqueo el accionar de algunos compatriotas que conduce a un comportamiento voraz, que destruye o consume rápidamente.

En otras palabras, a través de la práctica del bachaqueo, el venezolano de a pie se ha convertido en lobo para el hombre (homini lupus). De allí que esa figura mimética del chavismo, que llegó a confundirnos a todos haciéndose pasar por un opositor de verdad, me refiero a Francisco Arias Cárdenas, hoy flamante gobernador del Zulia, haya descubierto el agua tibia al asegurar que el bachaqueo es influenciado por la viveza criolla y que se debe enfrentar con una campaña educativa a la población. Por supuesto que el hombre que tuvo la resolución de llamar gallina a Chávez, no osó criticar las erradas políticas económicas del gobierno de Maduro, verdaderas responsables de lo que hoy padecemos. Sin embargo, el cerebro de Arias  expelió algunas chispas de sabiduría macroeconómica cuando declaró a la prensa nacional que “se está evaluando la posibilidad de vender productos básicos en la frontera a precios de mercado internacional en divisas extranjeras, así como la posibilidad de que estudiantes extranjeros, que cursan carreras en el país, paguen en divisas extranjeras”. Entonces, sin inmutarse, agregó: “Igual forma de pago debe establecerse para los extranjeros que vienen de afuera y se alojan en nuestros hoteles y se tratan en nuestras clínicas”. Es obvio que el comandante Arias está solo a un paso de recomendar la total dolarización de la economía y que Petrocaribe venda nuestro petróleo sin subsidio. ¡Albricias!

Los líderes chavistas deberían hablar menos pendejadas y reconocer de una vez por todas que su revolución es la generadora de una nueva forma de capitalismo salvaje. ¡Sí, como lo oyen! De lo que se trata en el capitalismo es de invertir dinero para obtener beneficios. Ese es su rasgo fundamental. El término capital se aplica normalmente para hacer referencia al dinero que está disponible para la inversión, o también a cualquier activo que pueda transformarse en dinero de inmediato. Su esencia parte de comprar o producir lo más barato posible y vender lo más caro posible. Y es ahí, precisamente, donde la especulación puede abrir sus puertas de par en par. La especulación se hace presente cuando se compra algo con idea de venderlo más caro en el futuro, sin que haya aumentado el valor de lo comprado en función de algún procesamiento adicional. Allí están las raíces del capitalismo salvaje, un término utilizado para describir el nuevo capitalismo a partir de la década de los noventa, en el contexto de una economía descontrolada que conlleva al aumento masivo de la pobreza y el desempleo en las países en vías de desarrollo que carecen de sistemas políticos y legales con que cuentan los Estados avanzados. 

Con su política de aislamiento económico y controles absurdos de los precios, la revolución del siglo XXI ha propiciado la entrada al país de plagas terribles: alta inflación, escasez de productos, cierre de empresas y altas tasas de desempleo. Es allí donde encuentra su espacio el bachaqueo. La solución a ese mal pasa indefectiblemente por cambios de paradigmas y por educar a la plana mayor del PSUV, antes que a los cientos de miles de bachaqueros humildes que han encontrado en esa actividad la única posibilidad de correr la arruga y sobrevivir.

Si el presidente, sus ministros, gobernadores, alcaldes, Alto Mando Militar y demás enchufados tuvieran que hacer colas para comprar alimentos y medicinas, e hicieran sus pagos con sus respectivos sueldos, una de dos cosas habría ocurrido: una nueva política económica se hubiera adoptado o todos ellos estuvieran bachaqueando también para subsistir, cumpliéndose así el sueño comunista de ser todos iguales. Lamentablemente y por ahora, ellos son más iguales que nosotros.