• Caracas (Venezuela)

Eddo Polesel

Al instante

Es la hora del reencuentro de los demócratas

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No es un asunto de conveniencia circunstancial, sino una cuestión de principios, valores, ética ciudadana y democrática; y no hay que confundir la actitud de cierta pasividad de muchos por el intento de sobrevivir, lo cual nos es del todo condenable, como tampoco se debe rechazar a priori y menos condenar o de llegar al extremo de considerar como enemigos a quienes muestran justificadas y razonadas inconformidades frente a las trabas, de toda índole, que deben superar en el quehacer diario, sino de admitir que ha llegado la hora de que los demócratas de convicción deban encontrar un punto de encuentro para una salida democrática que cambie radicalmente el curso de los acontecimientos, ya que los efectos que se confrontan y que hacen peligrosa, dificultosa y hasta traumática la existencia son más que evidentes y –aun cuando bajo algún espejismo (promesas) algunos consideren que la situación es aún llevadera– no hay la menor duda de que las condiciones de vida de la población en general ha desmejorado dramáticamente en todos los frentes. No se trata de oponerse a un estado de cosas que es, para decir lo menos, un absurdo, sino de encontrar una salida lo menos traumática posible para reiniciar un proceso de retorno a la normalidad democrática, lo cual requiere, como punto previo, de un acuerdo sobre lo esencial que no tiene otro objetivo sino un reencuentro con los valores libertarios que dieron origen a nuestra nacionalidad.

El mundo occidental –dentro del cual por sus raíces, tradiciones culturales y cívicas se encuentra Venezuela– que ha venido dando a la humanidad la civilización judeo-cristiana, portadora de profundos cambios en las actitudes de los individuos para que las distintas razas, credos y condiciones sociales, convivan mediante procesos progresivos de mejoras dentro de una relativa paz entre los ciudadanos y entre los distintos pueblos, de repente en una parte del mundo ha surgido una fuerza perturbadora que pretende borrar 2.000 años de culturización y de valores cívicos que han sido portadores de paz y de convivencia, y hoy ese mundo se encuentra frente a un desafío que amenaza la existencia de esa cultura humanística sometiendo a poblaciones enteras a una guerra fratricida.

Venezuela se encuentra en una situación cuando menos paradoxal, ya que si bien es cierto que no estamos sufriendo una confrontación de carácter religioso y menos aun racial, no es menos cierto que la de carácter ideológico que estamos confrontando es la que nos tienen altamente preocupados por sus efectos extremadamente dañinos sobre el cuerpo social, a consecuencia de los embistes de una guerra no declarada pero existente y dura, caracterizada por situaciones altamente conflictivas y aparentemente incompatibles entre dos visiones ideológicas las cuales –bajo ciertas justificaciones– pretenden lo mismo pero por vías distintas. En nuestro caso, ese enfrentamiento neutralizador y excluyente, hay que cambiarlo para uno proactivo e inclusivo y creador, sin inventar, sino ir a lo simple, a lo natural, a lo lógico y a lo profundamente humano, para lo cual se debe generar una actitud positiva hacia lo posible, lo conveniente y lo justo porque es lo que buscan hoy –afanosamente– tanto los más necesitados como la mayoría de los venezolanos para que se superen las sobrevenidas y negativas condiciones de vida, de manera que esta sea menos azarosa de la que se padece bajo la actuales circunstancias.

Pero esa actitud no debe limitarse a ser una simple manifestación de buena voluntad de algunos pensadores, que sí los hay, sino que estas ideas y propósitos comunes y compartidos por la gran mayoría de los venezolanos, deben traducirse en un accionante vigoroso producto de un esfuerzo conjunto que, motivado por un nuevo liderazgo fundamentado en los principios de los ideales democrático, sea capaz de retomar la bandera de la inevitable y absolutamente necesaria refundación y la posterior reconstrucción de la institucionalidad democrática del país, empezando por la organizaciones sociales, que recoja los despojos en lo que han quedado las principales organizaciones sociales, gremiales y sindicales resultado de este deslave que ha caído sobre la sociedad y que, incluso, impulsen las transformaciones de los actuales partidos en nuevas organizaciones partidistas que se acojan a los principios de la modernidad para que impulsen el gigantesco esfuerzo que habrá que hacer para la reconstrucción moral y material del país.

Esta no es un invocación más, sino que de lo que se trata es de un nuevo llamado a la concientización por cuanto –vistos los resultados– sería perverso persistir en un proceso que se ha demostrado inviable por sus propósitos de crear una nueva sociedad sobre la ceniza de la anterior; que ha pretendido prescindir de las fuerzas reales y morales con las cuales contaba el país. No se trata de desplazar gobernantes, sino de abrir espacios para que los ciudadanos capacitados, que lo deseen, presten los servicios que el país necesita. Necesitamos más maestros que militares; más médicos y profesionales de las variadas especialidades; debemos frenar la sangría que se está produciendo por la salida del país de quienes más necesitamos; necesitamos más empresarios emprendedores y que se les creen las condiciones para que sean eficientes competitivos y productivos en beneficio del país; necesitamos sustituir la precariedad por condiciones de vida saludables; mayor seguridad y menos delincuencia; mejor administración y menos corrupción. Menos complicaciones y mejor justicia

En definitiva, necesitamos readquirir la condición de ciudadanos que saben cómo defender sus derechos y cumplir con sus obligaciones. 

http://eddopolesel.wordpress.com/