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“Yo quiero que venga el referendo o lo que sea para sacar a esta gente”

Consumidores expresan su indignación y desesperanza mientras hacen colas | Foto: William Dumont - Archivo

Consumidores expresan su indignación y desesperanza mientras hacen colas | Foto: William Dumont - Archivo

Al este de Caracas llegan vecinos de Petare, Caricuao, Antímano y hasta de los Valles del Tuy en busca de productos regulados 

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Entre la indignación y la desesperanza. Así están quienes día a día tienen que hacer largas colas para conseguir los productos de primera necesidad. “Esto es un caos. A ver si nos dan de una vez esas planillas para firmar y sacar a esa gente que nos tiene la vida complicada. Esto cada día empeora más. Lo que quiero es que venga rápido el referendo o la enmienda, lo que sea, para sacar a esta gente”, suplicó visiblemente molesta Yolanda Vitola, de 50 años de edad, vecina de Santa Teresa del Tuy, quien viaja todos los viernes a Caracas. “Allá casi no se consigue nada”. Espera pacientemente su turno en una larga fila de un local comercial de El Cafetal.

Sus palabras confirman la investigación del Centro de Estudios Políticos de la UCAB, en la que se señala que 74% ve la situación actual del país como mala o muy mala. Tiene dos hijos, uno de ellos la acompañó y hace la cola en otro supermercado. Su esposo es constructor, pero está desempleado. “Lo único que he podido comprar son estas cuatro mantequillas. Estoy esperando a ver qué sacan, pero como a las 3:00 pm tengo que salir porque si no lo medio matan a uno en el ferrocarril, que eso también es un desastre”.

Bien temprano. Desde las 5:30 am Caurimare, El Cafetal y Santa Paula reciben vecinos de Petare, Caricuao, La Vega, Antímano, Carapita o El Llanito, que se juntan con quienes viven en la zona. “Aquí lo que hay es más gente. Los que no trabajaron hoy se vinieron a comprar”, indicó Melvi Mejía, de 45 años de edad, que vive en Petare.

En un local de La Trinidad la cola parece de nunca acabar. Lucía Hernández, de 35 años de edad, quien vino desde La California, se quejó amargamente. “Nunca me imaginé que iba a vivir esta situación. Tengo una niña de un año y medio, ¿y qué futuro le espera a mi hija en este país?”. Rememoró que antes las cosas eran distintas. “Yo no me merezco esta vida. Recuerdo que antes con lo que ganaba me podía ir a la playa o al cine. Ahora mi nivel de vida ha disminuido. Trabajo nada más que para comida, y ni para eso. Esto es un desgaste, una burla contra el pueblo, una humillación”.

El día para Dicxibeth Fernández, de 25 años de edad, fue como ganarse la lotería. Entró de primera a uno de los supermercados de la zona. Llegó a las 3:00 am procedente de Petare y dejó en la cola a un amigo. “Hoy tuve suerte porque compré arroz, pasta, aceite, lavaplatos, toallas sanitarias, pañales y hasta afeitadoras, pero veo que todo va para peor. A veces uno hace la cola y sale solo con dos paquetes de cualquier cosa”.

Carmen Rodríguez, de 60 años de edad, no había tenido la misma suerte. A las 11:00 am todavía esperaba por ingresar a uno de los locales del este de la ciudad. Vive en Caricuao y faltó a su trabajo. Llegó antes de las 6:00 am. “Pedí el día porque ya en la casa no hay nada para comer. Dicen que van a sacar pasta, y aceite, pero toca esperar”.