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“Con una política nacionalista y autárquica  no puede levantarse el sector petrolero”  

El profesor de la Universidad de Georgetown y ex economista jefe de Pdvsa considera que sigue habiendo margen para que los precios del crudo continúen cayendo  

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El mercado petrolero cambió. No querer verlo pudiera impedir que un país con grandes reservas de petróleo como Venezuela logre superar su actual modelo y sacar provecho del cambio, afirma Ramón Espinasa, ex economista jefe de Pdvsa y profesor de la Universidad de Georgetown. Considera que la petrolera tiene que seguir abriéndose al capital privado porque sola, sin tecnología, sin financiamiento y sin personal no será capaz de recuperarse e insertarse en el nuevo panorama económico mundial.

—¿Qué tan preocupante puede ser a partir de ahora la caída de los precios del crudo?

—Hay que entender que la actual caída no es coyuntural. No tiene nada que ver con la contracción de la demanda de 2008 producto de la crisis financiera. Esto es un shock de oferta que está relacionado con el desarrollo de los petróleos no convencionales en Estados Unidos, donde cientos de productores están desarrollando el petróleo de lutitas. Cada uno posee un pozo de 7 millones de dólares donde se combinan dos tecnologías: la de perforación horizontal y la hidráulica. El espíritu emprendedor de esta gente ha hecho que Estados Unidos sea el primer productor del mundo. Por otra parte, Arabia Saudita ha dicho que no cederá espacios de mercado bajando la producción; por lo que se inició esta guerra de precios.

—¿Qué ha hecho la OPEP?

—La organización ha aumentado su producción en 2 millones de barriles diarios este año. De estos, un millón de barriles son de Arabia Saudita y el otro es casi todo de Irak. Además, hay dos países que pronto abrirán su producción: Irán con 660.000 barriles y Libia con 1,2 millones de barriles por día.

—Ante este nuevo escenario ¿qué sentido sigue teniendo la OPEP?

—Es muy difícil llegar a una coordinación, pero esa situación es así desde 1986 cuando Arabia Saudita dijo que no iba a estar defendiendo la producción. Allí se demostró que en la OPEP hay dos grupos: el de los países pequeños como Kuwait y Emiratos Árabes, con gran producción que no le importan los precios, y el otro  con menor capacidad de producción que quiere precios altos como Nigeria y Venezuela.

—¿Tiene futuro el shale oil?

—Tiene mucho futuro porque la productividad ha aumentado. Se trata de pozos  que por 7 millones de dólares cada uno se explotan por 18 meses hasta que se agotan. A precios de 40 dólares el barril aún es rentable.

—¿Qué es para usted un precio bajo?

—El precio promedio en dólares del barril de petróleo entre 1986 y 2001 estuvo  en 33 dólares. Y el precio de todo el siglo XX en promedio fue de  27 dólares el barril. Si se compara el actual precio del crudo de 40 dólares  con lo que costaba entre 2011 y 2014 parece bajo, pero en realidad sigue siendo altísimo. Hay margen para que el precio siga cayendo y más aún cuando aumente la productividad del shale oil.

—¿Ha perdido Venezuela influencia en la toma de decisiones en el mercado internacional petrolero?

—Muchísima. La influencia de Venezuela en el mercado internacional es prácticamente despreciable. El país produce 2,5 millones de barriles diarios, eso es un tercio menos que el que producía en 1997. Pero lo más importante es que en aquel entones se exportaban más de 3 millones de barriles, que representaban 5% del mercado. Hoy el mercado interno, además, consume casi 800 millones de barriles diarios, así que se vende menos de la mitad de lo que exportábamos hace 15 años y el mercado internacional ha crecido. Hoy Venezuela solo representa 2,5% de la producción del mercado mundial y en exportación es aún menos.

—¿Qué opina del nombramiento de Eulogio del Pino como presidente de Pdvsa y ministro de Petróleo y Minería?

—No lo conozco ni conozco cómo funcionan las cosas allí adentro, pero viendo a Pdvsa desde afuera –y en un sentido positivo– veo un cambio que tiene que ver con las cifras. Ahora dan la sensación de credibilidad. Algo que para mí es fundamental es que el precio que se reporta para Venezuela –que es 2 dólares por debajo del WTI– sea creíble.

—¿Tienen futuro las empresas estatales de petróleo como Pdvsa?

—Esta pregunta no es retórica, se basa en hechos. Por lo menos dos tercios del personal capacitado de Pdvsa se perdieron hace 12 años. También ha perdido capacidad de financiamiento y acceso a tecnología de punta. Realmente quienes mantienen la producción son inversiones no venezolanas en la faja del Orinoco como los chinos, los rusos, Chevron, ENI, y otros. Así que la participación privada es de facto, no es una discusión ideológica. Viendo a futuro las inversiones van a tener que ser hechas por el sector privado. Para ello se requiere un marco institucional y regulatorio distinto. Algo parecido a lo que hacen los mexicanos actualmente o lo que hicieron los colombianos. La Comisión Nacional de Hidrocarburos en México abrió las tierras a la competencia a empresas privadas. Se pueden negociar temas como contratación de personal y participación nacionales en términos de bienes. Venezuela sola y con una política estrictamente nacionalista y autárquica no puede levantar el sector petrolero.

—¿Qué ventaja tiene contar con las mayores reservas de petróleo del mundo?

—Las reservas petroleras en el subsuelo no valen nada. Hay que desarrollarlas y para ello necesitas capital humano, inversión, tecnología y tener personal especializado que transforme eso en riqueza.


En retrospectiva

Ramón Espinasa hace una retrospectiva de lo que fue la Pdvsa donde se formó y que dejó hace varios años. Cuando se le pregunta: Si pudiera retroceder el tiempo ¿qué cambiaría de aquella gestión? Responde: “Pdvsa era una excelente empresa, pero ocupó mucho espacio. Yo hubiese creado una agencia regulatoria que la aislara del devenir político venezolano. Habría asegurado que fuera una empresa  exclusivamente comercial. Eso se hubiera logrado abriéndola al capital privado. Pero no como se hizo con la apertura petrolera a través del artículo 5 de la Ley de Hidrocarburos de 1975, que fue muy forzada y el sector era muy vulnerable. Por eso fue fácil para el gobierno penetrarla y desvirtuarla”.