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“No tenemos posibilidad de competir en ningún mercado internacional”

Eduardo Garmendia / Leonardo Noguera

Eduardo Garmendia / Leonardo Noguera

La falta de complementariedad entre Venezuela y los demás miembros del Mercosur no impulsará las exportaciones nacionales, sólo estimulará las importaciones, afirma Eduardo Garmendia, nuevo presidente de Conindustria 

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Eduardo Garmendia asume la presidencia de Conindustria (periodo 2013-2015) en medio de una severa escasez de divisas que impide el correcto funcionamiento y óptimo desempeño del sector manufacturero.

Afirma que el Gobierno debe ponerse al día con la entrega de divisas, regularizar las asignaciones y poner en marcha un sistema alterno de adquisición de dólares que garantice los recursos necesarios para que la industria recupere su operatividad.

Sobre el ingreso pleno de Venezuela al Mercosur, Garmendia sostiene que no traerá beneficios a corto plazo. Habría que trabajar muy duro, pero el primer problema que hay es que el país llega por una decisión meramente política, y Mercosur no es una asociación política, sino económica. “Entramos con el pie equivocado”, añade.

El Gobierno le debe entre 8 millardos y 9 millardos de dólares al sector, ¿cómo opera la industria manufacturera con esos niveles tan bajos de divisas?

—Con resignación y la disposición de servir a los consumidores. Hemos agotado todas las posibilidades de financiamiento, internas y externas, para la obtención de materias primas y mantener el aparato productivo funcionando. Pero las cosas tienen un límite y creo que lo estamos alcanzando. Es necesario que se solucione la situación porque nosotros ya no tenemos capacidad de financiamiento. Sabemos que en las últimas semanas se han liquidado algunas divisas que estaban pendientes, pero no se trata de que atiendan sólo estos casos, deben ser entregas regulares, que permitan planificar a la industria. En este sector eso es fundamental para mantener las operaciones.

A su juicio, ¿la solución al problema que afronta la industria es que se regularice la entrega de divisas?

—Por supuesto. Que se establezca con claridad cómo va hacer el mecanismo alterno de asignación de divisas, cualquiera que sea. La política cambiaria tiene que ser clara y transparente para que todos podamos acceder. Para llegar hasta allí hay que despenalizar el mercado cambiario y definir una tasa de cambio de equilibrio. No estamos diciendo que queremos el dólar más barato, lo que queremos es la garantía de acceder a él. También pudiese ser viable que el Gobierno cree un mercado de divisas preferenciales para insumos muy particulares que tienen una incidencia muy alta en el costo de la vida de las clases menos favorecidas.

—¿Qué opina del Sicad?

—Fue un fracaso, definitivamente. No es que lo diga yo, es que si no lo repitieron es porque no sirvió. Fue muy poco transparente, se desconoce cuáles fueron las tasas de cambio, cuántas empresas fueron asignadas ni con qué montos.

—La presidente del Banco Central de Venezuela dijo que el país sólo requiere 3 millardos de dólares mensuales para sus operaciones. ¿Es suficiente?

—Es muy difícil decir si es mucho o poco; el monto debe responder a las realidades. El Gobierno debe garantizar la disponibilidad de divisas. La inversión es indispensable para la industria. Nadie va a invertir en algo que no le dé ganancias. Y para tener rentabilidad se necesita un proceso manufacturero que funcione y que cuente con materias primas.

—¿La industria nacional tiene capacidad de aportar todo lo que no se pueda importar?

—Como respuesta a ese anuncio de la presidente del BCV lo más probable es que se racionalicen las compras externas. Cuando se tiene una tasa de cambio subvaluada, como hemos tenido hasta ahora, se gasta todo lo que se pueda, incluso en cosas que no se necesitan. Si logramos una tasa de cambio  equilibrada, el precio de las mercancías tendrá costos reales, entonces se pensará mejor antes de comprar. Muy posiblemente las importaciones de materias primas pudieran aumentar, si vamos a colocar más productos. Venezuela no puede seguir con esos volúmenes de importaciones registrados en los últimos años porque es insostenible.

—¿Usted atribuye los elevados volúmenes a una tasa de cambio subvaluada?

—Por supuesto. Esa tasa de cambio subvaluada hace que todo lo que venga del exterior sea más barato que aquí.

—¿Cuál es la radiografía de la industria?

—Tiene dos problemas: uno es la disminución del parque industrial. Estamos hablando de un descenso cercano a 40%, de acuerdo con cifras oficiales; y el otro punto, también muy importante, es la obsolescencia tecnológica. En los últimos años las inversiones se restringieron significativamente, lo que limitó la reposición de bienes de capital, incluidas las innovaciones tecnológicas; nos quedamos con equipos que sólo han recibido mantenimiento, pero no se han renovado. Hay que cambiar el parque industrial y para eso se requiere inversión. Además, es inevitable y absolutamente necesario participar en mercados internacionales, pero no es posible que lo hagamos con un plantel industrial que está tecnológicamente obsoleto, porque los productos que pudiéramos ofrecer estarían por debajo de la competencia. No tenemos  posibilidad de competir en ningún mercado internacional.

—¿Usted cree que realmente Venezuela pueda ser competitiva en el Mercosur?

—Seguramente seremos un mercado competitivo, de lo que no estoy convencido es que seamos exportadores competitivos. Habría que trabajar muy duro, pero el primer problema que hay es que el país ingresa al Mercosur por una decisión meramente política, y el bloque no es una asociación política sino económica. Entramos con el pie equivocado. No digo que no debemos participar, por supuesto que sí, el que se niegue a participar en integraciones multinacionales está equivocado porque el mundo va para allá, pero debe hacerse de la manera más conveniente, tiene que ser estratégico. Si la adhesión es desde el punto de vista económico, los empresarios deben participar. Ahora si el Gobierno va por su cuenta sin consultar al sector, qué se puede esperar. Además, la economía venezolana no se puede complementar con la de Brasil porque los productos que nosotros hacemos, Brasil los produce iguales y mil veces más. Por eso nuestra participación en la Comunidad Andina de Naciones era muy buena, nos complementábamos. Con Brasil no tenemos chance.

—¿Es positivo el ingreso de Venezuela al grupo?

—En la primera instancia yo creo que no vamos a obtener beneficios. Lo que pasa es que no podemos quedar aislados del mundo, eso tampoco se puede, hay que hacer un gran esfuerzo para llegar a acuerdos. Pero estos se hacen entre empresarios. En Mercosur las negociaciones son entre empresarios, no entre gobiernos, que no fabrican nada, por lo que no tiene sentido que estén en una mesa discutiendo sobre el tema de bienes de capital, por ejemplo.

—¿Cómo afrontará estos dos años que estará al frente de Conindustria?

—Viendo al futuro, trabajando por él. El problema es que si nos hundimos en la coyuntura estamos perdidos, hay que ver más allá. Corriendo los riesgos que haya que correr, que son muchos. Pese a la situación hay empresas invirtiendo, sólo porque hay un ligero viento en el aire de que la cosa pudiera cambiar.

Contracción sostenida

De no regularizarse la entrega de divisas para la industria manufacturera, el presidente de Conindustria, Eduardo Garmendia, asegura que el sector mantendrá una sostenida caída del producto interno bruto industrial.

“La caída del PIB, del sector privado, es alrededor de 3%, pero en el sector público es cercano a 12%. Allí está el efecto en las empresas básicas de Guayana, que no tienen divisas. No pueden hacer nada por falta de materias primas, y están paradas. Eso lo vamos a ver en el sector manufacturero en general”.

Este descenso, agrega, generará pérdida de empleos y podría propiciar cierres de empresas. “Tiene que haber un cambio, y ese cambio tiene que ocurrir para que se aumente la actividad. Se logra con seguridad jurídica, sin controles de ninguna naturaleza”, afirma. 

El PERFIL

Eduardo Garmendia es ingeniero metalúrgico, egresado de la Universidad Central de Venezuela. Cursó una maestría de Administración Industrial de Exterior, en la Universidad Brunel, en Inglaterra, y una en Estudios Políticos y Gobierno en la Universidad Metropolitana, en Caracas.

Comenzó la actividad gremial en la Asociación de Industriales Metalúrgicos, de la que fue presidente por dos periodos consecutivos (desde 2006 hasta 2010). La semana pasada asumió la presidencia de Conindustria hasta 2015.

Pese a que siempre se ha desempeñado en la industria privada, estuvo cuatro años en el sector público como superintendente de Procompetencia. Mientras ocupaba el cargo también fue presidente, durante seis meses, del entonces Indecu, hoy Indepabis.